6 de julio de 2009

Viva San Fermín

Ane ante un semáforo en rojo de Pamplona: "Se pone verde, se pone verde". El semáforo tarda y sigue rojo. Ane se impacienta y ordena: "¡Muñeco, pónete verde!" Oye, y el muñeco se pone verde. Todo un carácter. Así lucía hoy, mimetizada con el paisanaje sanferminero.



Y así era hace exactamente un año:

22 de junio de 2009

Guapísima

¿Cómo no se me va a caer la baba? Las fotos son de este domingo, en la praza do Toural. Y son de mi amigo Paco Rodríguez.

16 de junio de 2009

¿Estrella Light?

Voy a entrarle al trapo a los de Estrella, que quieren promocionar un nuevo producto a través de los blogs, y para ello organizan un concurso. Ahí va mi contribución:

No sé a dónde vamos a ir a parar. Ahora van los de Estrella Galicia y se sacan de la manga la Estrella Galicia Light. La primera impresión se me antoja ofensiva: la Estrella es tan nuestra como el cocido o el churrasco; aligerarla es como atacar a la razón de ser de la barriga cervecera. ¿Qué será lo siguiente? ¿Desnatar la empanada? ¿Qué cara pondríamos si sacaran una línea de cocido light? El tocino sin grasa; los grelos con Omega 3; el unto desnatado... Claro, tú ves el anuncio y Rober Bodegas, que tiene más o menos mi tipo, se refleja en un espejo transmutado en Pilar Rubio. Y entonces me pregunto: ¿Qué imagen devolvería el espejo si soy yo el que se toma una Estrella Light? Quién sabe... Madonna, Patricia Conde, la madre Teresa o la difunta de mi abuela, que medía un metro ochenta y calzaba un cuarenta y tres. Quién sabe. Después del shock inicial, como soy un tipo abierto a todo, me lanzo a reflexionar. De acuerdo, los de Estrella están acojonaos con la moda del culto al cuerpo. Seguramente tienen estudios de mercado que dicen que los barrigones corremos serios riesgos de desertar de sus listas de consumidores. Y quizás tengan razón, y no porque no disfrutemos de la birra, sino porque, como víctimas que somos de las modas y de los gustos de nuestras mujeres (aquí entran novias, esposas, madres y amigas en general) nos cohibimos a la hora de pedir en la barra cuando estamos acompañados de la Santa Inquisición. "Nena, tranquila, que es Light". Y ella pone cara de "ah, bueno, entonces pídete otra". Y tú, que lo que querías es meterte una cerveza de categoría, te la metes y la digieres mucho más relajado, convencido de que las cosas light castigan menos el cuerpo. Vale, la probaré. Aaunque no sé por qué los productos light tienen que ir en envases escuchimizados y alfautados, como si fueran medicamentos que llaman al consumo moderado. ¿Pero no ven que están dirigiendo un producto a tipos barrigones y, a menudo, insaciables? ¿No ven que no tendremos suficiente con una sola? Ah, claro, sí que lo ven, por eso lo hacen. Si se han currado el sabor, que no lo dudo -todavía no la he probado- quizás triunfen. Habrá que acostumbrar a la parroquia, como cuando pedías una Cocacola Light y la gente te miraba con cara de decir: ¿Estás tonto o qué? Bien, me han convencido, probaré, me guardaré un pack en mi nevera, junto al Philadelphia Light, los Danone desnatados, las aceitunas La Española con el 30% menos de sal, la mayonesa hipocalórica y la mantequilla de fogueo esa con la que unto un pan integral que sabe a alfalfa. El caso es que acabo de verme en el espejo y, a pesar de ser un consumidor de cosas aligeradas, mi barriga sigue estando a la altura de Rober Bodegas. El espejo no me ha devuelto la sonrisa de Charlize Teron. Igual es que estoy fallando en algo... Sólo una idea: cuando saquen la versión de litro, llámenle Lightrona. En mi honor.


11 de junio de 2009

Yo soy ése

Me siento plenamente identificado con el tipo del cucurucho que dibuja hoy Santy Gutiérrez en La Opinión de A Coruña. Yo también deserté el domingo pasado.

Carallo como chove... en África

Gracias a La Huella Digital descubro esta maravilla musical en la que, además, se recrea una de mis canciones favoritas. Es absolutamente impresionante de qué manera reproducen una tormenta. Y todo lo demás es sublime. Es el coro Perpetuum Jazzile de Eslovenia. Gracias, Nacho, va estupendo ahora que llega el anticiclón.



10 de junio de 2009

Vespa robada

Post de servicio público rebotado del blog de Damián. Al amigo vespeinado Adrián le han robado su Vespa en la avenida de A Coruña de Pontevedra. Si la veis por ahí, avisad. Ahí van las fotos que reboto desde Vespadicto.

3 de junio de 2009

Treinta años, clavaos, de esto

Sigo sin ganas ni tiempo para escribir en el blog. Pero no podía dejar de recordar qué ocurrió tal día como hoy, pero hace treinta años exactos: el 3 de junio de 1979. Lugar de los hechos: Colegio Público Lope de Vega de Vigo. Así que recupero el post publicado tal día como hoy, pero en el 2007. Más que nada, para que os echéis unas risas. Saludos. Sigo por aquí. El post es el mismo, solo que cambio 28 por 30:

Hoy, queridos amigos, hace treinta años de esta fotografía. Y, total, para nada porque, como decimos aquí, "non fixeron bo de min". Lo único que queda de la escena creo que es la vela historiada, guardada en un baúl que tienen mis padres en casa. Y quizás también el crucifijo. Ese día me regalaron mi primer coche teledirigido ¡sin cable!; también un reloj con la esfera azul al que había que darle cuerda; algo de pasta para la hucha; una cámara Instantmátic de Kodak; algunos juegos; el clásico puzzle que nunca hice... No me acuerdo del resto. La hostia me la dio don Jesús, cura de San Pedro de Sárdoma, en una comunión a discreción celebrada en el gimnasio del colegio. Leí sin confundirme en la misa y me sabía bastante bien los pecados y las obligaciones del buen cristiano que, durante todo el curso, había ido anotando en una libreta en cuya portada salía Félix Rodríguez de la Fuente. La cuchipanda fue en el Restaurante Casa Pepe de Juan y no faltó de nada. Hay una foto muy simpática de la abuela Pura metiendo los dedos en la tarta. Por lo demás, ya digo, poco queda de aquello. Ni siquiera ese flequillo llamado "perrera" con el que nos peinaban a los Carlitos de Cuéntame de finales de los setenta. La chaqueta marinera y el pantalón de tergal gris eran heredados de mi hermano, lo malo de ser el segundo. Pero la cara de devoto en la foto de Mary Quintero, no diréis que no la tenía, con esa posición de ¡Presenten velas!... Creo que después de aquello sólo me confesé dos veces más y enseguida deserté de las filas de Dios Nuestro Señor. Mantuve, eso sí, el contacto con los Salesianos, que son unos religiosos que me caen bien y que nos ponían películas de Bud Spencer los fines de semana en el Colegio Hogar de San Roque. ¡Incluso fui Scout en el grupo 181-Salesianos Vigo! No sé si treinta años después prescribiría el delito de haber tomado el camino de la izquierda... El caso es que el recordatorio deja claro que yo, lo que es recibir a Jesús, lo recibí. Que Jesús se quedara ya es otro cantar.
P.D. ¿No tengo un aire con Joselito, el pequeño ruiseñor? En 1979 también pasaban todas estas cosas.

26 de mayo de 2009

Abrazo a la torre de Hércules

Por petición de mi compañero Suso Flores, ahí va una convocatoria vespera. Espero que sean muchos los que se animen; yo no estoy en el mejor momento.
El club Golfos Ártabros, una asociación que reúne a amantes de las Vespas de A Coruña y Ferrol, está organizando para el día 31, domingo, el abrazo a la torre de Hércules, en apoyo a su candidatura a patrimonio de la humanidad. Aunque la recepción y concentración de los asistentes está prevista a partir de las 9.30, el acto central comenzará a las 11.30, cuando los participantes estacionarán sus motos en la plataforma interior del monumento, formando un círculo y dando un abrazo simbólico a la Torre. Luego, las Vespas recorrerán varias calles de A Coruña (Parrote, Puerta Real...) antes de hacer una parada en María Pita, donde estarán expuestas durante una hora, a partir de las 12.30. Luego, los vehículos pasarán por Santa Cruz, Mera, Lorbé y Sada. Tras una comida en el restaurante Chapa Churrasco, de Bergondo, por la tarde habrá una yincana en el paseo marítimo de Sada. Quienes deseen recibir más información pueden contactar con el correo electrónico golfosartabros@gmail.com o en el foro, pulsando [aquí].

15 de mayo de 2009

Estoy leyendo

Este blog va a menos y, seguramente, acabe muriendo. Ya no me entretiene escribir en el aire, o no en este momento. He recuperado la vieja costumbre de leer tochos. En unos cuatro días, en ratos muertos, me he despachado Los hombres que no amaban a las mujeres y llevo más de la mitad de la segunda parte de la trilogía Millenium, La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina. Fantaseo con los paisajes suecos, con Lisbeth Salander... Veo a Mikael Blomkvist sufriendo en la redacción de su revista... No estoy dotado de una memoria prodigiosa para las lecturas ni para las películas, así que es posible que me olvide pronto de los argumentos. Pero, mientras, estoy metido hasta el fondo. Eso sí, lo leo todo en formato digital. Sin despreciar al libro de papel, creo que las posibilidades que ofrecen los e-books son muchas y muy buenas. Me compré los dos volúmenes en papel a través de Maribel, la vendedora del Círculo de Lectores a la que tengo apadrinada. Pero preferí descargármelos en la PDA y leo en todas partes, en ratos muertos, tomando un café... De momento me apaño con la PDA, pero le estoy empezando a echar el ojo a los dispositivos con tinta digital, aunque todavía son demasiado caros para las prestaciones que ofrecen. Sé que alguno acabará cayendo. Así que, mientras me dure la vena lectora -ya tengo en la lista de espera a Punset y La elegancia del Erizo- que nadie espere grandes noticias en el blog. Supongo que estas cosas van por temporadas. Y, ahora mismo, tengo la temporada devoralibros. (Por cierto, carezco de memoria a largo plazo pero, a cambio, la vida me ha regalado unas dotes extraordinarias para leer a toda velocidad y escribir más rápido que nadie que conozca). Además de leer, sigo escribiendo, aunque no aquí, en el aire. Escribo para mí y, quién sabe, igual algún día...

28 de abril de 2009

Las naranjas más naranjas de todas las naranjas

El post de hoy se lo voy a dedicar a la familia formada por Federico Aparici, Lola Colomar y sus hijos Federico y Juan, las personas que están detrás de una iniciativa de esas que, cuando la conoces, no puedes más que sentir sana envidia y darte coscorrones mientras te preguntas: ¿Por qué no se me ocurriría a mí? A mí no se me ocurrió porque no tengo un producto que vender, ni sol, ni huertos. Y si los tuviera, quizás me faltaría arrojo. Cansados de ser exprimidos -valga la expresión- por los intermediarios, Federico y Lola decidieron un día librarse de ataduras y vender directamente al consumidor final las maravillas anaranjadas que, cada año, sin falta, maduraban en los árboles de sus huertos de Cullera. El fruto de esta aventura es Naranjas Lola, empresa pionera de venta de naranjas por Internet. Aunque quería haberlos llamado hace tiempo, un día por esto, un día por aquello, lo iba posponiendo. Pero el domingo, después de regresar de Levante, tarareando mientras veía la tele que a sus amaneceres rojos se acostumbraron mis ojos como el recodo al camino, entré en la página de Lola e hice un pedido: 15 kilos de naranjas de mesa por 33 euros, IVA y envío incluidos. A 2,20 el kilo. El lunes, a primera hora de la mañana, el propio Federico me llamó por teléfono para darme la bienvenida. Y me aseguró que, en esa misma jornada, mis naranjas serían recogidas del árbol y que el martes estarían en Santiago. Qué maravilla.
-¿Y cómo te pago?, le pregunté. Me extrañó que, cuando haces el pedido, no te piden ningún dato bancario, ninguno.
-Como sabe, Ignacio, lo normal cuando se compra en Internet es que usted pague primero y reciba la mercancía después ¿Verdad?
-Verdad, Federico.
-Pues aquí no, Ignacio. Mañana recibe usted las naranjas en su casa y, si le gustan, ya me las pagará.
Semejante gesto, en los tiempos que corren, me dejó perplejo. Me recordó a la tienda de Rosa y de Pepe, junto a mi casa de A Salgueira, en la que la contabilidad perdía protagonismo en beneficio de la confianza. Y esta tarde, a primera hora -tal cual según lo prometido- llegó el repartidor con la caja de quince kilos de Naranjas Lola. Leí en un reportaje que son las naranjas de toda la vida, sin conservantes, sin colorantes, completamente naturales... las naranjas de antes. ¡Qué extraño se nos hace ya encontrar cosas auténticas! Si cambiamos naranjas por personas, entonces ya no es extraño, ¡Es insólito! Pues os puedo garantizar que Federico y Lola se quedan cortos. En mi vida había probado nada semejante. Quizás fue por la novedad o porque nadamos cítricamente en la abundacia, esta tarde me he zampado cuatro. Gloria bendita. Después de probar la primera, no tardé ni cinco minutos en entrar en el banco -también a través de Internet- y pagarle a Federico los 33 euros que le debía. Como en la transferencia electrónica no podía hacer dedicatoria, sirva este post de agradecimiento sincero: por la iniciativa, por la calidad del producto, por la confianza, por la seriedad y, sobre todo, Federico y Lola, por haber metido en mi trastero los rayos del sol de Levante dentro de una caja de chopo. Un saludo cordial y, tal como pretendíais, no habéis ganado un cliente, sino un amigo. Carlos Casares, a quien admiré de vivo y venero de muerto, seguramente estaría de acuerdo en que Naranjas Lola vende las naranjas más naranjas de todas las naranjas. A tu salud, Carlos.