Aquí estoy, en la cama, recién operado de lo que, técnicamente, se denomina "Varices bilaterales", o sea, en las dos piernas. Me rajaron ayer por la mañana, en el Clínico de Santiago. Estuve entre el quirófano y la sala de despertar unas dos horas y media. Y ahora me quedan unos días de reposo en casa antes de echarme, de nuevo, a andar por el mundo. Soy un paciente de "cirugía ambulatoria", que es una cirugía que no deja de tener su coña. Os cuento.Llevaba casi un año completo en la lista de espera, bien es verdad que me ofrecieron poder operarme en un centro privado hacia el mes de marzo -cosa que rechacé tajantemente porque soy un firme defensor de la sanidad púbica- y en junio en la Seguridad Social, cosa que preferí aplazar por motivos de trabajo. El caso es que, tal como me habían advertido, me llamaron para la operación en la primera semana de octubre y con la mínima antelación. La llamada la recibí el viernes pasado, por la mañana. La chica del teléfono me sugería presentarme ayer lunes, a las ocho. Le dije que sí. Me dijo que fuese en ayunas, que preguntase por cirugía ambulatoria y que me hiciese a la idea de que volvería a casa esa misma tarde. También me pidió que, si era posible, me rasurase yo mismo, para ahorrar tiempo. Y esto de la rapidez y el hágaselo usted mismo me sonó un poco a bricomanía ambulatoria. Estaba seguro de que, antes de despedirse, la chica de la lista de espera diría: "Y, ahora, ¡un briconsejo!", con un notable acento bilbaíno.
Como soy muy bien mandado, dediqué casi dos horas del domingo a rasurarme. Y como hago las cosas a conciencia, puedo presumir ahora mismo de no tener un pelo de tonto y de lucir un precioso afeitado integral de cintura para abajo. Kilo arriba, kilo abajo, centímetro arriba, centímetro abajo, tengo la misma pinta que en esa foto que colgué hace poco, la de mi despelote infantil en la playa de Samil.
Como soy muy bien mandado, dediqué casi dos horas del domingo a rasurarme. Y como hago las cosas a conciencia, puedo presumir ahora mismo de no tener un pelo de tonto y de lucir un precioso afeitado integral de cintura para abajo. Kilo arriba, kilo abajo, centímetro arriba, centímetro abajo, tengo la misma pinta que en esa foto que colgué hace poco, la de mi despelote infantil en la playa de Samil.
El caso es que ayer salió todo bien. Me operó Santamaría, el mismo cirujano de hace nueve años. Porque en lo de las varices soy reincidente. No es un tipo famoso precisamente por tener buen genio, pero es bueno en lo suyo, que es de lo que se trata. En el 96 tuve una curiosa conversación con él, cuando vino a visitarme después de la intervención, se sentó a los pies de mi cama hospitalaria de Conxo, encendió un pitillo y dijo tocándome las piernas: "Eu, cando quero, son un artista de carallo".
-Y mire, doctor, ¿me volverán a salir las varices?
-¡Sairanche outras, estas van nun caldeiro"
Efectivamente, nueve años después, un porcentaje nada despreciable de mi cuerpo está de nuevo en el "caldeiro" de Santamaría.
Después de un día ingresado en la UCMA del Hospital Clínico de Santiago (la Unidad de Cirugía Ambulatoria, para entendernos) estoy ya en casa, preparado para aburrirme y para dar lata, que es lo que solemos hacer los convalecientes. Me han llamado los de la bricomanía ambulatoria esta mañana para saber cómo había pasado la noche. "Bien, estupendamente", les dije, "y, ahora, ¡un briconsejo!".
Ya os iré contando cómo lo llevo. Aprovecho para felicitar, desde mi cama, al personal de la UCMA por su trato excelente. Si me vierais las piernas... Me han puesto tantas grapas metálicas que he llegado a pensar seriamente que me iban a archivar. Me han envuelto para regalo y, en definitiva, parezco el hijo de La Momia. Gracias a todos los que os habéis interesado por mi salud.
-¡Sairanche outras, estas van nun caldeiro"
Efectivamente, nueve años después, un porcentaje nada despreciable de mi cuerpo está de nuevo en el "caldeiro" de Santamaría.
Después de un día ingresado en la UCMA del Hospital Clínico de Santiago (la Unidad de Cirugía Ambulatoria, para entendernos) estoy ya en casa, preparado para aburrirme y para dar lata, que es lo que solemos hacer los convalecientes. Me han llamado los de la bricomanía ambulatoria esta mañana para saber cómo había pasado la noche. "Bien, estupendamente", les dije, "y, ahora, ¡un briconsejo!".
Ya os iré contando cómo lo llevo. Aprovecho para felicitar, desde mi cama, al personal de la UCMA por su trato excelente. Si me vierais las piernas... Me han puesto tantas grapas metálicas que he llegado a pensar seriamente que me iban a archivar. Me han envuelto para regalo y, en definitiva, parezco el hijo de La Momia. Gracias a todos los que os habéis interesado por mi salud.
2 repeniques, repenica ti:
Mellórate, pronto, que teño mono de andar en bici por Teo. Por certo, deduzo que non te depilaches con cera, porque disque é malo para as varices. Pagaría por ver ese momento rasuramento... haha. Bicos
pois non, a macheta...
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