30 de octubre de 2005

Broken Flowers, hurgando en lo que un día fue

Este sábado nos fuimos a ver Broken Flowers, de Jim Jarmusch. Me gustó todo; la historia, el cásting, la banda sonora (mucho), Bill Murray... Pero lo que más me ha gustado es que salí del cine pensando en cuál sería el resultado de hurgar en los amores del pasado de uno. Ya no digo sólo en los que fructificaron y significaron más o menos, sino en aquellos otros por los que suspiramos tanto que perdimos la cabeza sin haber llegado a intercambiar nada más que el oxígeno público del ambiente. ¿Qué sería de aquella chavala, de aquel chaval...? Reconozcámoslo: todos, en un momento dado, sobre todo de aburrimiento, hemos ido a Google para tratar de buscar respuestas. Entras en el buscador y tecleas su nombre. A ver... probamos con comilas... quitamos las comillas... con los dos apellidos quizás... No te da tiempo a pestañear y ya tienes los resultados en la pantalla. Ahora sólo es cuestión de empezar a probar y tener suerte. La verdad es que yo, desde mi experiencia internáutica, he tenido resultados irregulares: encontré al amor más lejano en el tiempo y en la distancia gracias a Internet y he sido incapaz de saber algo de otros nombres mucho más cercanos pero que quizás me habrían interesado más. De verdad, gracias a Internet llegué un día a un rincón escondidísimo de Pennsylvania, al escenario en el que se mueve alguien que una vez, cuando yo tenía catorce años y ella dieciséis, me enseñó que el don de lenguas no es precisamente hablar varios idiomas. Hoy es una ejecutiva de éxito en una multinacional de Nueva York. Seguramente no hablará ni papa de aquel español apurado, de supervivencia, que le enseñó un tipo que peinaba flequillo en la viguesa Plaza de Compostela. En cualquier caso, me siento orgulloso de semejante evolución. That's cool, Becky! Pero que nadie se confunda; no me interesa lo más mínimo dar con el pasado para saludar, para hacerme presente de nuevo como Murray y arriesgarme a que me salten un ojo. Pero sí que es un ejercicio la mar de entretenido esto de la investigación amateur para saber cómo han ido aquellas vidas que pudieron ser la tuya o que un día lo fueron. En la era de la globalización y la red me preocupa, sin embargo, que algunos de los nombres por los que le he preguntado a Google, como quien interroga a una bola de cristal o a un espejo mágico, no hayan arrojado más resultados que "su búsqueda no produjo ningún documento". ¿No salen ni una sola vez? ¿Habrán desaparecido? ¿Se las habrá tragado el matrimonio? En fin, que puede ser un pasatiempo entretenido, aunque creo que sólo en casos muy contados me gustaría de verdad saber cómo les fue volviendo a compartir el oxígeno. Pero, sobre todo, la pregunta es otra: ¿Cuántas me habrán buscado a mí? Ojalá también se sientan orgullosas. Por lo menos, no soy difícil de encontrar.

27 de octubre de 2005

Wilma, nos has jodido la cosecha

Como lo leéis. Los efectos devastadores del huracán Wilma llegaron hasta el mismo jardín de mi casa de Vigo. Mi padre está desesperado: una racha de viento desbocada se llevó, a traición, el único manzano que existía en mi calle, el nuestro, con sus ramas llenitas de manzanas rojas y de manzanas verdes. Porque era un manzano injertado, bisexual, de cuya savia no llegaban a brotar las peras y las manzanas que tanto le preocupan a la mujer del bigotes, pero sí unos suculentos frutos tipo Gran Smith, de un lado, y otros tipo madrastra de Blancanieves, del otro. No sé si pedir la declaración de zona catastrófica, porque no hay cosa peor que arrancarle de cuajo la ilusión a un jubilado. Por lo menos, Papá, nos queda esta foto de la primera cosecha, cuando demostraste que la tierra del centro del Vigo no sólo tiene que producir cacas de perro. Wilma, nos has jodido bien. Mamá, prueba en el horno, a ver si se puede salvar algo...

Post de prueba

A ver, a ver si se me escucha, cambio. El que vea esto que ponga un comentario, que hay problemas en la red, cambio.

26 de octubre de 2005


A ver, por 25 pesetas cada una, rimas para el nombre de este caldo que no sobrevivió al Avecrem, como por ejemplo: "Con Caldolla, se me va la... olla". Un, dos, tres, responda otra vez...

Flor cumple ocho años

Según una tabla que me dio el veterinario, ocho años de un gato son 47 de una persona. Eso quiere decir que Flor cumple hoy 47, con lo cual ya es mayor que yo, que la crié y que, a todos los efectos, soy su padre y tutor legal. Flor es hija adoptiva de soltero. O, mejor, de viudo de viva. Nació en un noveno piso del edificio que está en el cruce de las calles República Argentina, Xeneral Pardiñas y A Rosa, en Santiago de Compostela. Su madre biológica era una siamesa pura, de nombre Gizmo (como un famoso gremlin) y su padre un gato mariñeiro y desconocido de la Ribeiriña, en A Pobra do Caramiñal. De la camada, fue la única que salió a manchas, y por eso me la dieron bautizada: Flor. Desde el 97, me ha acompañado en todas las vicisitudes vitales y en todos sus escenarios posibles. Un mes al año la dejo sola por vacaciones y no exagero si digo que la echo más de menos que a muchos humanos. Es ágil, despierta, viva, independiente, delicada, casi autosuficiente, fiel y agradecida sin límite. Igual deberíamos aprender más los humanos de los gatos. Cuando nos conocimos era ese bicho diminuto que se puede ver a la izquierda. Ahora, ocho años y unos ochenta kilos de pienso después, es así de guapa:

Flor es, en gato, lo más parecido a un can de palleiro: Só lle falta falar. Como ocho años juntos son muchos años, vaya mi homenaje a esta cosa peluda que tanta compañía me hace y con la que tan bien me entiendo. Decía Serrat: "A menudo los hijos se nos parecen...".

25 de octubre de 2005

Los blogs ayudan a sobrevivir al trabajo

¡Se confirma! (por si alguien lo dudaba): Los blogs se leen, sobre todo, en el trabajo. Ahí tenéis la gráfica de visitas de www.rabudo.com en los últimos días. Como se puede apreciar, el lunes la gente necesita empezar la semana con algo que tenga que ver poco con la nómina. El sábado, sin embargo, se nota que Internés se hace incompatible con el sábado sabadete. En un mes o así haré un estudio mucho más riguroso sobre estos datos. El martes todavía va algo flojo, ánimo, muchachos.

24 de octubre de 2005

¿Este repeinado será de la familia?

Falabarato descubre esta pieza de museo, sobre la que me veo obligado a investigar, no vaya a ser que el repeinado de la foto y un servidor compartamos ADN aunque, desde luego, a mí no me tocó esa mata de pelo. Lo reproduzco tal cual. Por cierto que el abuelo Mirás, el del post de abajo, dicen que venía de la zona de Santiago, así que lo mismo tengo algo que ver con Manolo Mirás y su Conjunto... Ahí va el post de Falabarato, con su permiso.


Enxebrismo


Non hai moitos días volvín reparar, mentras facía algo de limpeza, na miña pequena pero potente colección de vinilos en formato single. Xulga ti: Hermanos Calatrava, María Ostiz, José Guardiola...
De todas as portadas hai unha que me seduce por enriba das demais: Canciones Gallegas, de Manolo Mirás (y su conjunto), un disco editado en 1961. Hai tanta inxenuidade nesa composición que me parece imposible non enternecerte cando a miras.
A contraportada tampouco ten desperdicio. O propio Mirás asina un texto colosal do que che copio algún anaquiño:
"En tiempos primitivos, en aldeas, pueblos y ciudades de Galicia eran amenizadas las típicas 'Romerías' por conjuntos de gaita gallega, ataviados éstos con sus respectivos trajes regionales.
[...] De todo esto, intentamos hacer eco en Venezuela, Colombia y Norte América, cosa que se llevó a a cabo con éxito satisfactorio, sustituímos las gaitas por un conjunto adecuado con ritmo brillante (pero enxebre), que entusiasma a los emigrantes alejados de nuestra 'meiga' Galicia". Etcétera.

23 de octubre de 2005

¡Era cierto! Homenaje a Mirás

Mi padre siempre predicaba, cuando éramos pequeños, acerca de la necesidad de compartirlo todo, de trabajar en equipo, de no ser un outsaider en un mundo en el que, aseguraba, estábamos para vivir en comunidad. Nada era mío; era nuestro; nada era suyo; era de todos. En su sermón, mi padre insistía en que no podíamos hacer como hizo su padre quien, para no tener que entenderse ni pelearse con nadie, había formado en un bar de Vigo una peña de la que él era el único miembro, presidente, secretario, tesorero y vocal. Todo para él bajo un nombre que no dejaba lugar a dudas: la peña "Mi Solo". Eso no impedía que mi abuelo fuese comunista convencido pero, en la cosa de la organización doméstica, prefería ir a la suya. Por eso mi padre siempre decía que en una casa de cinco personas no podía existir la peña Mi Solo. Hasta ayer, siempre pensé que había un poco de mística en eso de la peña Mi Solo, que era una de esas historias exageradas, con algo de base real, pero con más imaginación que otra cosa. Mi padre borda las historias que rayan la leyenda, así que igual lo de la peña del abuelo también era un ejercicio de lógica borrosa de la rama Mirás. Qué equivocado estaba. Ayer, mi padre me sorprendió con un tesoro rescatado de lo más profundo de la memoria familiar. A través de mi primo Eladio y de mi tío Carlos, a mi casa de Vigo ha ido a parar esta reliquia: una prueba real de que la peña Mi Solo, la del abuelo Mirás, no es fruto de la imaginación de mi padre. Se trata de un espejo en forma de corazón que mi abuelo les regaló a los miembros de otra peña. El recuerdo es de 1964 e incluye una foto de Mirás en el centro de un corazón: "La peña Mi Solo de todo... (corazón) a la peña Amigos de Todos. 1964". No queda ninguna duda de que mi abuelo fue todo un personaje: proletario y comunista hasta la médula; preso rojo durante buena parte de su juventud -incluido el penal de San Simón, en la ría de Vigo-; escapado en los montes; miembro de la selección gallega de Campo a Través; perdedor represaliado de la guerra; tranviario; fumador empedernido; y muerto prematuro, a los 60, cuando yo aún no tenía 6 años. Y el caso es que me acuerdo como si fuera hoy del día de su entierro, con los grises montando guardia en la casa de mi abuela, en el Sobreiro, y sus colegas de la Agrupación Comunista del Calvario poniendo sobre el ataúd del viejo la bandera roja con la hoz y el martillo. ¡En el año 76, con dos cojones! El cura de Santo Tomé de Freixeiro pidió que se la quitaran, por lo menos, para entrar en la iglesia. Dios, que se sepa, no dijo nada. Mi madre no nos dejó bajar del coche, temerosa de que una carga policial convirtiese el sepelio en una tragedia colectiva. Nunca volví a ver tanta gente en un entierro; quizás el padre de mi padre no estaba tan solo. A los pocos días de haber expirado, el diario Pueblo Gallego publicó: "Murió el atleta Mirás". Arriba los pobres del mundo, abuelo.

21 de octubre de 2005

Para mearse

Mi amigo Roberto Labiano me envía desde Pamplona esta historia, de la que os hago partícipes porque es realmente simpática.Venga, una sonrisita, que es viernes...

Tres vaqueros del Oeste americano coincidieron en un páramo de Oklahoma, en una fría noche de invierno. Se llamaban Johnny, Steve y Patxi. Allí, a la luz de una hoguera, comenzaron a contar sus mayores hazañas, intentando cada uno demostrar quién era el más duro.

Johnny dijo: "Pues os tengo que decir que yo soy el vaquero más duro, el mes pasado maté, yo solo, en una tarde, toda una tribu de pieles rojas, nada más y nada menos que 500 indios. Me metí en su poblado y empecé a disparar a todo lo que se movía. Cuando me quedé sin balas, los seguí matando a pedradas, y cuando me quedé sin piedras los seguí matando a hostias. Hasta llegué a coger sus flechas con los dientes y a tirárselas de nuevo. Luego, fui donde estaban las mujeres, 230 en total, y me las cepillé una a una. ¡Wow!, y puedo garantizar que todas quedaron satisfechas, repitiendo dos y hasta tres veces con las más viciosas. Y cuando acabé con la última, al salir de su tienda, maté de un lapo a un bisonte que pasaba por allí, lo asé y me lo comí. Y estaba yo tan contento que me tiré un pedo que quemó todo el poblado y me volví corriendo a casa, que estaba a 280 kilometros, como si tal cosa...".

Steve, seguro de sí mismo, comenzó a contar su historia: "Bah, eso no es nada, verás que yo soy aún más duro que tú. Yo conduje 5.000 caballos locos desde Alaska hasta Méjico, solo, sin ayuda de nadie, tardé ocho meses en cruzar el país pero lo hice. Y eso que mi caballo murió de cansancio a la semana de empezar y no tuve más remedio que hacer todo el recorrido a pie, rodeando constantemente la manada, día y noche, sin perder ni una sola cabeza. Bueno, y a mitad de camino decidí herrarlos a todos para lo que tuve que fabricar 20.000 herraduras, moldeando el metal a patadas, y clavarlas, por supuesto, con mis propios dientes. Ah, se me olvidaba, para cuando llegamos a Méjico, estaban todos domados....".

Patxi, el tercer vaquero, que en realidad había nacido en el mismo centro de Bilbao, no había dicho nada durante toda la conversación. Y siguió sin decir nada. Arrojó otra madera al fuego mientras mantenía la mirada fija en la inmensidad de la noche del desierto, recordando quién sabe qué hazaña, mientras removía lentamente las brasas de la hoguera con la punta de la polla.

Echado a perder

La suerte cambió de lado. Esta vez me tocó perder diez euros al póquer (lo máximo que se puede perder en una timba doméstica). Por lo menos los que ganan se marchan con mejor cara que la semana pasada, cuando se fueron sin plumas y cacareando. La suerte es lo que tiene, que hace lo que le da la gana. Amigo Bonnot, se te echó de menos. (Foto: hace cinco minutos, en casa). Nota: la partida ha sido rodada por especialistas en circuito cerrado. No intente hacer lo mismo en su casa. En cuanto me recupere del todo, retomamos el campeonato mundial de futbolín. Carallo, cómo nos las gastamos los de la prensa...

20 de octubre de 2005

¡Wilmaaaaaaaa!

Venía en el coche escuchando La Ventana, en la Cadena Ser. Mamen Mendizábal -prefiero a Gemma Nierga, lo siento- entrevistaba a una española que pasa su luna de miel en Cancún como otros más de 3.000 paisanos que tienen la fortuna de disfrutar de vacaciones en octubre. La mujer estaba indignada porque, con la llegada del huracán Wilma, en su hotel habían decidido evacuar, primero, los objetos de valor y, después, a los inquilinos. La recién casada, muy enfadada, decía que los norteamericanos ya se habían dado el piro ayer por la tarde, pero que a la españolada no le tocaba hasta dentro de un rato -cuando escribo estas líneas-. Los del hotel les habían dado instrucciones claras: sólo una mudita y lo imprescindible, para salir ligeros y hospedarse en una escuela. Eso sí, ellos llevaban horas trasladando en camiones todo tipo de objetos: jarrones, alfombras, cuadros... cualquier cosa de valor que pudiera quedar hecha trizas por culpa de Wilma. Esto me recuerda a una historia que contaba un colega de blog cuando lo del Ofelia en Nueva Orleáns: a un tipo le habían dado a elegir entre subirse a la barca con la tele o con el chucho. Miró, valoró y decidió: "Se viene la tele". En fin, que parece que nuestra amiga Wilma no se anda con chiquitas, así que mucha suerte a todos y a ver si no llega la sangre al río. En tres semanitas debería de ser yo el que esté en Yucatán, eso si es que todavía existe para entonces. Al margen de la tragedia, un huracán que se llama Wilma es muchísimo más vistoso que nuestro Hortensia ¿os acordáis del Hortensia? Todavía quedan hórreos destrozados que nunca más se volvieron a poner en pie. Ánimo a los desalojados, organizaçao y ¡Yabadabadúúú!

Humor camionero

Abraldes, dibujante de La Voz de Galicia y amigo mío, hace hoy esta viñeta que me ha hecho mucha gracia a propósito de la huelga de camioneros. No me diréis que no es una manera diferente y casi surrealista de ver el tema.

Burocracia mañanera y una oreja.

Esta tarde me gustaría postear como Dios manda, despacito y con buena letra. Mientras, os cuento que he tenido la cabeza ocupada en la entrevista del lunes. Es curioso cómo el cerebro te puede echar humo cuando se acerca el día y todavía tienes flecos pendientes. Eso sí, la cara de satisfacción que se te queda cuando has terminado no es comparable con nada. Los que ya sabéis para quién es la contraportada, guardad silencio, que me juego el tipo. Para los demás, os propongo una pista gráfica al final del post, aunque no voy a hacer ningún comentario ni a aclarar ninguna duda. Sólo diré que es alguien que me apetecía mucho, confío en que los dos estemos a la altura. Acaban de venir los del gas a hacer la inspección y me han tocado las narices porque me piden un papel cuya existencia desconozco: un certificado de instalación. Cinco años consumiendo para que ahora te vengan a fastidiar. El caso es que, como no lo encuentro, ni sé siquiera que lo haya tenido nunca, tengo que pagarle 30 euros a una empresa instaladora. Decía un amigo mío: "Quen che dera jas pola parte de atrás". Para completar la burocracia, a las 12 iré al médico a renovar la baja , que deberé llevar convenientemente cumplimentada a los que me abonan cada mes la nómina. Estos trámites me sacan de quicio. Yo, desde mi cocina de Cacheiras, tengo la posibilidad de entrar en la Casa Blanca, pero los papeles de las bajas hay que hacerlos en persona, te los cubren a mano con una letra lamentable y los envías tú, que se supone que eres el enfermo, o un familiar o amigo al que puteas con tus historias. Tanta tecnología y tanta leche y en las cosas prácticas somos unos atrasados. Hasta la tarde. Ahí os queda esta oreja:




Añadido: causas de fuerza mayor obligan a que la oreja quede para el lunes día 31 de octubre, así que la contraportada de mañana será también de contenido femenino, aunque estas dos mujeres tienen en común lo mismo que un grelo y una castaña.

19 de octubre de 2005

Hasta siempre, maestro

Foto: Santiago Burgos / El País

18 de octubre de 2005

Convalecencia, día 15

Ayer hizo dos semanas que me abrieron las piernas. Me he preguntado varias veces qué varices habrán hecho con el material que sacaron, que no fue poco. ¿Embutido? ¿Chistorra? ¿Charcutería en general? ¿No deberían preguntarnos en los hospitales qué queremos que hagan con nuestros restos? No sé, podrían tener unos tupper de esos de usar y tirar, como en los restaurantes chinos. ¿Se lo envuelvo para regalo? A fin de cuentas, serán varices, pero eran mías. Me gustaría conocer el curso exacto que sigue todo el material orgánico que sale de los quirófanos, dónde se deposita, quién lo transporta, cuánto tiempo pasa hasta que es pasto de las llamas; si se aprovecha algo para la facultad de Medicina o para la Cocina Económica... El caso es que estoy cicatrizando estupendamente, aunque noto la humedad del ambiente en forma de una especie de corriente eléctrica que me circula por las pantorrilas. No duele, más bien pica y da como cosquillas continuas. Os diré que he tenido que elevar 15 centímetros los pies de la cama para ponerle el camino fácil a la circulación de retorno. Y a que no sabéis qué he utilizado para calzar las patas... Pues nada menos que una docena de libros y catálogos editados por la Xunta de Galicia con motivo del Xacobeo. Me da la impresión de que soy la única persona del mundo que le está dando alguna utilidad a semejante cantidad de papel impreso pagado por todos los gallegos a precio de camarón. Eso sí, creo que son las alzas más caras que nadie haya tenido nunca debajo de su cama. (Adjunto prueba gráfica). Me han dicho que, no obstante, utilizar estos textos puede tener contraindicaciones: te despiertas por la noche cantando canciones de Carmiña Burana. Aún no me ha pasado, pero cuento con ello. Por cierto, si pulsáis aquí podéis volver a escuchar, gracias a los amigos de JamSession, un documento real como la vida misma.

Cuando me levanto de la cama me encuentro tan bien que casi me dan ganas de ir al médico para que me dé el alta. Pero es un espejismo todavía. Es poner un pie en el suelo y las incisiones me empiezan a tirar por todas partes, como si mis piernas fueran las de una marioneta, atadas con hilos tensos que alguien maneja sobre mi cabeza. Ya no me balanceo tanto como don Manuel al andar, pero salta a la vista que voy ladeado. Si voy solo, todo el rato me ronda la cabeza una canción que me viene muy a propósito: "¡Eche un andar miudiño, miiiiudiño miudiño, miiiiudiño miudiño, oooo queeeu traioooo!". El médico habló de un mes para la recuperación completa, y espero que sea así. Qué coño, hay futoblistas que están más tiempo por una cosa que se llama microrrotura fibrilar. ¿Qué es una microrrotura fibrilar contra doscientas grapas metálicas? Si es que el fúbol está sobrevalorado. Hoy, haciendo un exceso, en un momento en que la lluvia hizo una tregua, me puse el casco, encendí la Vespa y me fui a dar una vuelta. Me supo a gloria. Se supone que puedo hacer vida normal, pero tampoco es cuestión de arriesgar; un golpecito mal dado en una pierna y puedo ver las estrellas. Aunque, bien pensado, si le doy un golpe a la moto me dolería más la moto que las piernas. Es lo que tenemos los vespistas, que preferimos lijar el asfalto con los codos antes de que sufra la chapa. Sí, es inexplicable, yo tampoco lo entiendo. Buceando he encontrado esta foto:

Para empezar, yo no me veo visitiendo traje de novio, y me da que nunca lo vestiré. (Sí, ya, nunca digas de esta agua no beberé, este cura no es mi padre, bla, bla, bla). Pero, de haber sido uno de esos que se casan, seguro que ésta habría sido la foto que yo escogería para resumir la boda. Habiendo maravillas con dos ruedas ¿Quién quiere un Audi? Por cierto, si alguien sabe de alguna Vespa vieja olvidada en algún cobertizo cuyo dueño quiera sacársela de encima, que me lo haga saber, que estoy interesado. Llevo tiempo queriendo restaurar una y no hay manera de encontrar algo a precio razonable. En fin, que gracias de nuevo a los que seguís preguntando por mi salud y, sobre todo, a los que utilizáis una fórmula que me viene que ni al pelo: "¿Cómo andas?" ¡Pues miudiño, cómo voy a andar!

17 de octubre de 2005

Lujuria pretérita

¿Hay algo más antilujuria que llamar "sostén" a un sujetador? Pues sí que lo hay: por ejemplo, utilizar en la misma frase las palabras "sostén" y "faja". No me imagino a Claudia Schiffer comprando sostenes, ni a Kate Moss haciendo pases de fajas. Eso no parecía importarles a los publicistas del año 63, los que se encargaron del anuncio que veis a la izquierda y que me manda Kate. Sin embargo, y a pesar de haber echado mano de la denominación primitiva de la lencería femenina, no me diréis que los que montaron el cartel no supieron provocar a la audiencia: un tipo con las manos atadas, un "sostén" levitando sobre una faja sin mujer dentro... El resto lo hace la imaginación. Me apuesto algo a que las páginas en las que se recogió el anuncio sufrieron más de un vertido fisiológico adolescente, con esa terminación de la prenda inferior en liguero que insinúa unas piernas que no existen. El texto que acompaña a este pecaminoso anuncio que llama a gritos al onanismo dice: "Hay muchas maneras de tener sujeto a un hombre. No lo sujete a la fuerza ¡atráigalo! Para ello nada como las prendas íntimas Sportex, que suavizan la línea manteniendo y elevando... el encanto femenino" ¡Atención a lo bien colocados que están los puntos suspensivos: "Manteniendo y elevando...." Es evidente, un guiño al lector pajillero. Pero lo que no tiene ni pizca de desperdicio es la frase final: "Sea una Eva más atractiva y siempre tendrá sujeto a su Adán". Pecado, puro pecado en tiempos de Franco que, además, ya anticipaba una tendencia publicitaria que se mantendría hasta nuestros días: la esbeltez como llave del éxito, aunque sea un torneado de mentira. No me quiero ni imaginar el chasco que se debió de llevar más de uno cuando llegó el momento de desempaquetar a su atractiva Eva de su envoltorio de nailon. Pero, para entonces, los curas ya se habían ocupado de asegurar por escrito que lo que Sportex sujeta, no lo separa ni Dios.

16 de octubre de 2005

¡¡¡¡¡10.0000!!!!

Aunque gran parte sean mías, no me diréis que no es un buen número.... Gracias a los que invertís vuestro tiempo en esto que empezó siendo un experimento y que todavía no ha dejado de serlo.

15 de octubre de 2005

Día completo, día Comansi

Esto de volver a caminar es lo que tiene. Te dicen "Levántate y anda" y tú, que eres muy bien mandado, te lo tomas al pie de la letra y acabas visitando en el mismo día un mercadillo en Bertamiráns (concello de Ames, como Cherry Ames) y paseándote por Turisport, que es una feria sectorial que se celebra en Silleda, a media hora de Santiago. Todo el día escoltado por mis enfermeras particulares, Kate y Mondela, que me hacen sentir como Charly: "Buenos días ángeles" "¡Buenos días, Charly!". Por la mañana decidí seguir entrenando mis piernas en un centro comercial, así que acudí a Hipercor para llenar la nevera y para comprobar que la huelga de transportes está trastornando a la gente. Por lo llenos que iban los carros, daba la impresión de que el Apocalipsis está al caer y de que en las próximas horas se cumplirá el único temor que aterroriza a Asterix, a Obelix y a Abraracurcix: Que el cielo se desplome sobre nuestras cabezas. Lo malo que tienen estas crisis es que la gente acaba llevándose a casa las cosas más increíbles, por si acaso: un carro lleno hasta arriba de Coca Cola; otro mediado de fregonas; otro a reventar de lejía... Me daban ganas de decirle: "Señora, ¿la lejía es para potabilizar el agua cuando el cielo se desplome sobre nuestras cabezas?".
Si algo soy es agradecido, así que le preparé a mis chicas un menú mejicano con fajitas de maíz de resultado espectacular, modestia aparte. Lo del maíz es por Kate (más información aquí). Después de eso, nos fuimos los tres a Bertamiráns para rebuscar en el mercadillo. Kate es una profesional del mercadillo y sabe dónde hay que buscar. Así luego se trae las gangas que se trae. Y de Bertamiráns a Turisport, en Silleda. La feria se celebra en el recinto de la Semana Verde, un macrocomplejo inexplicable que sólo se puede explicar en Galicia: alejado, desproporcionado, megalómano... En fin, es mi opinión. Como periodistas que somos, nos ahorramos la entrada. Saludamos al tipo de prensa; saludamos al ex director xeral de Xustiza y señora; saludamos a una señora de marrón; se me cayó la baba viendo las caravanas Knaus y las autocaravanas Joint; se me cayó la saliva comprando una tarta de Santiago; caminamos; participamos en un concurso de Cámpings de Calidad de Madrid; y descansamos en una exhibición de perros inteligentes, unos bichos a los que, como a nuestros cans de palleiro, "Só lles falta falar". Estos hacían de todo, desde tirar la basura a llamar por teléfono, palabra. Están programados para ayudar a personas con discapacidades. ¡Perro, aquí! Y el perro va allí. ¡Perro, abre el cajón! Y el perro abre el cajón. ¡Perro, raíz cuadrada de 78965! Y el perro como que se queda pensando... Llegué a la conclusión de que no son perros inteligentes, la inteligente es mi gata o el gatopótamo Carmiña; tú los mandas que se estén quietos y ellos hacen lo que les da la gana. ¡Eso es inteligencia! Después de los perros, los caballos. Había una pasta en sementales, yeguas y potros. Kate dice en su último post que me asusté, pero no, querida, actué con prudencia. ¡Por algo me llaman Don Pluscuamperfecto! El caso es que había un caballo que me estaba diciendo con la mirada: "Tú acércate, mamón, que te meto". Y como en Silleda los animales son catedráticos de instituto, preferí acercarme con educación, sin agobiar. Antes de irnos, en la puerta nos interceptaron los políticos: José Maril, presidente de la Fundación Semana Verde y cerebro del recinto; Xacobo Pérez Paz, concejal popular, humorista y caballófilo; y el mismísimo conselleiro de Medio Ambiente, Pachi Vázquez. Los tres nos saludaron efusivamente, con lo que ya podemos olvidarnos de la discreción de la visita. Polo pan, baila o can. Maril es un tipo al que hay que conocer; tiene esa elegancia brava, como un labrador al que le pones un traje, sin avisar, para la boda civil de una sobrina. El orondo Xacobo mueve sus cien kilos en un coche sin carné que él mismo podría levantar en peso; y el conselleiro Pachi tiene un aspecto inquietante, mezcla de Jorge Negrete, Aurelio Miras Portugal y un juez de lo penal. Maril aprovechó para repartir tarjetas de visita; este hombre no pierde una. Rendidos y paseados, acabamos la jornada de nuevo en Santiago. Mañana repetiremos con un interesante programa: de nuevo flanqueado por mis bellas enfermeras; feria en Padrón por la mañana; gazpacho made in Kate a mediodía; y gran derbi futbolero por la tarde: Osasuna-Celta. ¿Que eso no es un derbi? Y tanto que lo es, por lo menos en mi casa. Y estando de baja "con los gastos pagos" ¿Se puede pedir más?

14 de octubre de 2005

Teópolis

Pues eso, que ayer gané al póker. Mis queridos amigos , el de la Puebla, el de Monforte, el de Negreira, el de Vigo y la nueva incorporación, el de A Coruña, se desplazaron cortesmente a este hospital de campaña en el que se ha convertido mi casa para celebrar una de esas timbas en las que corren los licores, las patatas y las escaleras de color. Sé que a una de mis vecinas no le hace gracia que llene mi casa de fulanos, pero no tanto por el ruido sino porque, según dice, después es su piso el que huele a tabaco. Sí, ya sé que es misterioso que fumando en mi salón el humo llegue a su cocina, pero es que los caminos del ladrillo son inescrutables. Ahora procuro que fumen en el balcón, pero seguro que alguien acabará protestando también. Fue una timba grandiosa, sobre todo para mí, que tuve varios golpes de suerte y otros tantos de habilidad marcándome faroles y engrosé generosamente los fondos reservados. Sólo nos jugamos diez euros cada uno, que es una cantidad más que suficiente, pero que le da a la partida el aliciente que no tienen los garbanzos y las lentejas. El caso es que nos lo pasamos en grande, que es de lo que se trata. Ayer estrenamos baraja made in USA y tapete de reglamento. No sé si a la estrella invitada le habrán quedado ganas de volver, aunque, la verdad, no hizo mal papel para haber sido el "pardillo". Mis patas evolucionan a pasos agigantados. Cada vez hay más vegetación, y no os hacéis una idea de cómo pica eso. Procuro caminar y descansar, y así estaré durante otras dos semanas. No creo que sirviera para modelo de Marie Claire, pero para cómo tenía las piernas, el resultado no está del todo mal. Os recomiendo la lectura de este post de los amigos de Falabarato, especialmente la crítica de la obra de arte hecha por Boots en la sección de comentarios. Yo contribuyo modestamente a este club de fans del alcalde de Teo con mi último fotomontaje. Besos a todos. (Pulsa en la imagen para ampliar)

Vuelvo esta tarde

Perdonad la ausencia, pero es que me he tomado muy en serio eso que me ha dicho el médico: "A caminar". Así que no paro, recuperando el tiempo perdido y cojeando, pero con ánimos. He perdido masa muscular en las piernas de estar tumbaddo, pero espero recuperarla, con este ritmo, enseguida. Esta tarde haré un hueco para postear como Dios manda, no vaya a ser que emigre la parroquia. Sigo de baja y seguiré, al menos, otra semana. Si acaso, dentro de un rato os cuento algo de la provechosa timba de póker celebrada en mi casa a propósito de la convalecencia, de la que salí victorioso y 35 euros más rico. Nos vemos dentro de un rato.

11 de octubre de 2005

Convalecencia, pero menos

Bueno, bueno. Esto va mejorando. Estoy abrumado por la cantidad de visitas, llamadas y comentarios que he recibido en estos días. El alcalde de Santiago, muy agradecido con su entrevista, se puso en contacto conmigo ayer a través del teléfono para interesarse por mi salud, y la verdad es que me hizo ilusión. ¡Más de cinco minutos de palique con el regidor de la capital de Galicia, sí señor! Vengo de hacer larga sobremesa con Kate y Mondela, para quienes preparé una estupenda ensalada, un aceptable lubina y unos dudosos langostinos brasileiros que se me secaron demasiado aunque, en mi estado, poco más pude hacer. Ellas, a cambio, me dan conversación, me ayudan con las cosas de casa y me soportan. ¡Ya os gustaría más de uno estar en mi lugar! Sólo con eso ya casi doy la cirugía por amortizada. El caso es que hoy martes, como estaba previsto, me desclasificaron las piernas y dije adiós -espero que para siempre- a las grapas y a los puntos de sutura ¡Conté más de doscientos! Creo que ya me da para cambiar de móvil en Movistar. No sé quién sudaba más, la enfermera o yo. Chak, chak, chak, chak... una tras otra, las grapas fueron desterradas de mis piernas con no poco esfuerzo por parte de ella y no poco sufrimiento por la mía. Reconozco que casi se me escaparon las lágrimas, y no eran mocos de emoción, que eran de puro dolor, en alguna parte del proceso, pero no voy a entrar en detalles para que no dejen de leer Miriam o Kate, que sé que son aprensivas. Al caso: A eso de las diez de la mañana estaba liberado de tornillería y dispuesto a echar a andar. Me han dicho que dé muchos paseos, y me lo tomé en serio. Se me ocurrió que, para empezar, sería mejor algún apoyo, así que me fui de compras a Lidl y a Alcampo para poder caminar a cubierto -aquí llueve desde ayer- y apoyarme en el carrito sin tener que echar mano de un antiestético tacatá o de una muleta. Y descubrí que es perfecto, casi estoy dispuesto a haceros la compra a todos. Con mi chándal, arreglado pero informal, empecé a hacer camino al anadar. ¡Qué artefacto más útil! Después de eso, decidí lanzarme y caminar yo solo, como un valiente. Le di dos vueltas a Área Central, que es un centro comercial de Santiago que está planteado como una calle acristalada de 600 metros de recorrido. Dos vueltas = 1.200 metros. Sé cuánto mide exactamente porque me tocó hacer las informaciones para el periódico cuando lo estaban construyendo. No está mal para el primer día. ¡Ah, y ya conduzco!, todo un progreso. Al llegar a casa estaba reventado, así que puse la comida en el horno como buenamente pude y me tumbé con las patas arriba -aún sigo así a las 18.32, con alguna mínima interrupción- para disfrutar de la sobremesa con mis superchachas particulares, una a cada lado. A ellas les dedico otro episodio de Cherry Ames, la enfermera de Bertamiráns. En este caso, podemos ver a una joven Cherry, estudiante, acompañada de un señor con birrete al que algunos reconocerán de inmediato. Efectivamente, es él, el alcalde de Teo, señor Armando Blanco, doctor horroris caspa por una, digamos, poco corriente universidad y amo y señor de La Casa de las Tortillas de Cacheiras. En fin, que hoy estoy realmente animado, y eso a pesar de que en cualquier momento sonará el timbre y saldrá de mi vida, lo mismo que un día entró, mi primera Vespa, con la que tanto viví. Pero se queda en buenas manos. Igual por la noche posteo otra vez, perdonadme si me extiendo. Besos.

P.D: Importante. Veréis que, al poner un comentario, se os pedirá un código de verificación. Reproducid simplemente el texto que os aparezca, es la única forma de evitar el spam en los posts, que me está volviendo loco. Gracias a todos y perdón por las molestias.

10 de octubre de 2005

Convalecencia, días 5 y 6

Sí, ya sé que este blog es quizás demasiado dinámico, pero tenéis que entender que esta semana he tenido todo el tiempo del mundo entre las piernas (por cierto, empieza a florecer la vegetación talada). Así que voy a procurar ser más breve. El sábado transcurrió tranquilo, con poco movimiento y con otra visita de Inés, primero, y Manolo, más tarde, que ayudaron a que el tiempo se pasase mejor. Por lo demás, tumbado a la bartola, tele y wifi. El domingo más de lo mismo, básicamente, aunque le di el día libre a la enfermera y me las apañé solo hasta que llegó Kate, que me dio palique toda la tarde, cosa que le agradecí. Esta madrugada no podía soportar las vendas, así que las corté y me sentí renacer. Gracias a eso, pude ducharme y sanearme de verdad, no por parroquias como hasta ahora. Esta mañana Ana, la enfermera de Fontiñas, me volvió a empaquetar para regalo con ese buen hacer con el que casi da gusto estar convaleciente. Así que a ella y a todos los que se han incorporado a este blog, como Acedere, Todo Terreo u Hojasdehierba, les dedico un nuevo fotomontaje de la enfermera Cherry Ames, la que tenía familia en Bertamiráns. Esta vez: Cherry Ames, enfermera rural, en Combarro. Otra cosa, estoy bastante contento con la entrevista que le he hecho al alcalde de Santiago, Xosé Sánchez Bugallo, y que hoy podéis leer en la última de La Voz de Galicia. Paula, eres un sol. Mañana, si nada se tuerce, me desgrapan y seré libre de nuevo para andar en Vespa. Por cierto, he añadido una pequeña utilidad en el cabecero del blog para saber qué tiempo hace en Santiago (o que fai o aburrimento).

9 de octubre de 2005

Agropop art del siglo XXI

No podéis dejar de visitar a Pipotinho, todo un descubrimiento que convierte a su autor en un agro pop artista de lujo. Prometo dedicarle un texto basado en las historias que ya conocéis de Manolo y Genoveva. Mientras, disfrutad como yo lo he hecho. Pulsa aquí para saber más de Pipotinho.

8 de octubre de 2005

Convalecencia, día 5

Empiezo, a hacer vida de persona, aunque con moderación. Os sorprendería lo que es capaz de hacer un tipo con las piernas grapadas. Me levanté con un terrible dolor de cabeza, que se me fue enseguida gracias al poder sobrenatural del ibuprofeno. Me mareo si me incorporo de repente, así que tengo que arrancar tirando del aire, como las Vespas, con calma. La enfermera particular me invitó a desayunar de cafetería. ¡Una semana sin pisar un bar! Después de eso nos fuimos a Santiago, yo como copiloto, por supuesto. Todavía no puedo juntar las piernas, así que de conducir, hasta el martes, nada de nada. En Santiago vi a Carmiña, el otro gato, exiliado durante mi convalecencia porque pesa casi nueve kilos y acostumbra a dormir sobre mis piernas, algo peligroso en la tesitura actual. De vuelta a Cacheiras, nos dimos un homenaje a base de langostinos. Por la tarde vinieron Inés, Manolo y Ana P., lo que hizo el reposo bastante entretenido. Ha visitado el blog, desde Estados Unidos, Acedre, que espero que se incorpore a la parroquia. Mañana me propongo pasar más tiempo levantado, suspirando para que llegue el martes y me liberen de las ataduras. Como veis, recupero a Cherry Ames, la enfermera, a la que he teletransportado desde América a un decorado mucho más apropiado. Por cierto, la entrevista del lunes, en La Voz, tiene mucho que ver con el viaje de Cherry Ames a la capital de Galicia. Saludos.

7 de octubre de 2005

Convalecencia, día 4

Hoy ha sido un día de visitas. Por la mañana volví al ambulatorio, donde Ana, la sustituta embarazada de la enfermera Amelia, y la auxliar me empaquetaron, como ayer, para regalo. Me trajo Xoán de vuelta y aún tuvimos tiempo de pasar por delante de la casa que se vende, de la que hablé el otro día. Es una pena que no tenga un terrenito. Por la tarde me visitó todo el mundo: Cova y sus sobrinos; Inés y Manolo; Cristina y Aurelio... Ayer estuvieron Javier y Ana, que trajeron unas pastitas cojonudas de las que dieron cuenta, mayormente, los invitados de hoy, que a su vez dejaron unos bombones para los que vengan mañana. Esto es organización, sí señor. Así que hoy no he tenido tiempo de aburrirme por la tarde. La enfermera particular ha estado ahí todo el tiempo y eso tiene mucho mérito. Hacerse cargo de un inútil de noventa kilos después de haber trabajado desde las cinco de la mañana es algo que hay que agradecer. Soy consciente de que estar encerrado por culpa de otro no debe de ser nada agradable, así que le dedico el segundo fotomontaje de la serie Enfermeras de Cacheiras. El fin de semana, grapado de cintura para abajo, se me va a hacer largo. Así que se admiten visitas, llamadas, correos electrónicos, telegramas e incluso palomas mensajeras. Los que vengáis, pensad que algo habrán dejado los de ayer para picar. Me voy (es un decir) a ver Lost in translation. Y a esperar al martes, para que me desclasifiquen las piernas.

6 de octubre de 2005

Convalecencia, día 3 por la tarde

He encontrado un pasatiempo muy entretenido: el fotomontaje. Además, teniendo en cuenta lo prolífica que son la tal Helen Wells y su personaje, la enfermera Cherry Ames (que tenía familia en Bertamiráns), tengo cubiertas de novela para dar y tomar. La verdad es que, a poco que busques en Google, te das cuenta de que alrededor de la profesión de enfermera hay todo un mundo fetiche la mar de sorprendente. Voy a ver si encuentro algo traducido sobre Cherry, que en su época debió de ser un personaje célebre. Yo, hasta esta convalecencia, no tenía ni idea de que exisiteran, ni ella ni su autora. Veo en Documanía un reportaje sobre Frida Kahlo (que tenía familia en Teo) y ¡Hay que ver qué fea era la mujer!, con esa mirada de la Unicej... En fin, que hoy ya no estoy tanto hasta las varices. A ver si voy a acabar acostumbrándome...

Convalecencia, día 3

Hoy he salido al mundo exterior. Me llamaron del Clínico para decirme que tenía que hacerme curas en el centro de salud, así que me puse en marcha. Movilicé a la enfermera particular y, sin pedir cita, conseguimos que nos colaran entre los jubilados que van a ponerse el Sintrom. Me atendió la enfermera Ana, sustituta de la enfermera Amelia, embarazada (Ana, no Amelia), que no sabía la que se le venía encima. Estuvo una hora desempaquetándome las piernas, desinfectando aquí y allá y volviéndomelas a envolver como para regalo. Da gusto que te atiendan los profesionales. De estar tanto tiempo fuera de la cama me cansé mucho y salí del centro de salud sudado como si hubiera corrido una maratón. Me trajo de vuelta Paquito, mi compañero de trabajo y de futbolín, y de nuevo estoy en la piltra, con las patas hacia arriba. La enfermera -la mía, no Ana, que es de Ribeira- me hizo la comida y ahora toca reposo y televisión, más o menos con la misma parrilla que ayer aunque con nuevas desgracias. Mañana toca hacer curas otra vez, con descanso el sábado y vuelta a la enfermería el domingo y el lunes. Me hizo gracia la enfermera del centro de salud cuando dijo que la cura de esta mañana era la más larga de cuantas había hecho nunca. Mañana ya sabe la que se le viene encima. ¿No soy un convaleciente? Pues entonces tengo que dar lata, qué le vamos a hacer.

5 de octubre de 2005

Convalecencia, día 2 por la noche

Recapitulemos: Hoy no le he sido de mucha utilidad a nadie; He vuelto a desayunar en la cama; me he saneado por parroquias; he deambulado otra vez por el pasillo; ahora estoy viendo Hospital Central, que me viene muy a propósito -Esther y Maca, las lesbianas, la tienen montada con un reportaje que les hicieron para una revista-. Antes de eso empecé a preparar un trabajo muy importante del que ya hablaré en otro momento. Cruzo los dedos sobre eso. Me puse de mala uva viendo cómo un Guardia Civil machacaba a patadas a un inmigrante, flaco favor le hace al Benemérito Instituto un hijo de puta como ése; Escuché Hora Catorce; Comí comida rica de mamá y descubrí que el horno no es sólo una alacena donde se guardan las sartenes usadas; me tragué Corzón de Otoño; me tragué dos telediarios, el de Telecinco y el de la Primera; me tragué un poco del Tomate y casi vomito con Jorge Javier; me tragué Amar en tiempos revueltos; me tragué A tu lado; me tragué Amarte así, Frijolito; me informé de las últimas novedades tecnológicas en el Gadgetoblog, que me interesan más que el padre de Frijolito; chateé con Kate; llamé a un anuncio de una casa que se vende aquí al lado; me dejé mimar; haciendo un exceso, caminé casi media hora por el pasillo; joder, qué lejos me queda la Carreira Popular Pedestre de El Correo Gallego; contesté al teléfono todo el rato; recibí buenas noticias sobre el futuro laboral -precario, pero futuro- de una amiga a la que aprecio; me bajé un par de programas para la PDA desde Softonic; despedí a mis padres, que volvieron a Vigo en tren... Ahora sigo viendo Hospital Central, donde nunca operan a nadie de varices. Mi enfermera particular me vigila en sueños desde la habitación de al lado para evitar que un giro mal dado me abra una de las brechas. Ya le gustaría a los de Hospital Central tener una enfermera como la mía. Sólo por eso, ya valen la pena unas cuantas cicatrices.

Convalecencia, día 2

He pasado la noche aceptablemente bien, aunque yo suelo dormir de lado y ahora tengo que hacerlo de espaldas. Flor, la gata, no me deja ni un minuto, parece que se diera cuenta de que algo no va bien. Estoy por ponerle una cofia y nombrarla enfermera jefa. Después de desayunar en la cama, como un marqués, he procedido a lavarme por parroquias. No podré ducharme hasta el martes, así que procuro sanear lo mejor posible todas las parroquias, siguiendo las instrucciones del cirujano. Me ha sangrado un punto, nada importante. Sigo haciendo paseítos cada hora, pero sin cruzar la puerta. Como sé que mi amiga Kate es aprensiva, os contaré algún detalle simpático de la operación, nada que no sea tolerado para menores. Cuando me tumbaron en la camilla, lo primero que hizo el anestesista, un tipo de patillas muy simpático, fue encender la radio:
-Vamos poñer Radio Galega Música, que é unha emisora boa para traballar
-Por min perfecto
Sonaba un reguetón (me da igual cómo se escriba) mientras me ponían la epidural en la columna como a una parturienta. Yo creo que hasta entró mejor y todo. De haberme operado en una clínica del Opus, con Jiménez Losantos de fondo, igual hoy no estaba aquí para contarlo. Antes del pinchazo, me colocaron un gotero con algo que, intuyo, era Valium: "Esto é como se tomaras unhas cervexas", me dijo el anestesista. Y la verdad es que casi lo fue. Después de eso, llegó Santamaría y empezó con la charcutería, el corte y la confección. No vi nada, porque te ponen una tela verde que separa la cabeza de la zona de trabajo. Pero lo oyes todo. Y oí cómo Santamaría le levantaba la voz alguna vez a los que le ayudaban: "¡Dónde carallo está o algodón!". Es un tipo seco, pero de repente lo mismo se pone a hablar de su finca con toda la tranquilidad. Eso sí, en el tajo (nunca mejor dicho) no deja pasar ni media. Justo a la hora que me abrían en canal, la luna se cruzaba por delante del sol. El quirófano se oscureció un poco, pero no pude ver de primer mano el acontecimiento tan anunciado. Acabada la faena, en la sala de reanimación pasó un buen rato hasta que volví a sentir las piernas: "No siento las piernas, Dios mío". Una enfermera cuyo nombre no recuerdo pero de cuyos ojos no me olvido, rozó con el dedo gordo de su mano el dedo gordo de mi pie. Y nada, impotencia absoluta. Al cabo de un rato fui despertando de cintura para abajo. Seguro que hoy, a estas horas, la enfermera de los ojos bonitos no me habría acaricidado con tanta impunidad.

4 de octubre de 2005

Convalecencia, día 1 por la noche. Hasta las varices.

He dormido con las piernas grapadas; he sido un muerto viviente deambulando por el pasillo; he visto Acosado y me han dado ganas de acosar a Demi Moore; he ido al cuarto de baño tres veces, aunque eso no tiene nada que ver con Demi Moore ¡ya me gustaría!; he ido dos veces a abrir la puerta; he merendado un yogur desnatado con sacarina, que es como tomar un nogur; he tenido más hambre que antes de tomarme el nogur; he contestado al teléfono, que no ha parado de sonar; he vuelto a deambular por el pasillo como Boris Karloff; he recibido dos visitas agradables; he dormido la siesta acompañado; he suspirado; he leído dos páginas del Muy Interesante; la sangre me ha vuelto a latir de cintura para abajo, aunque no estoy para exhibiciones; he chateado en el messenger; he visto lo bien que ha dejado mi madre la cocina; he pedido cita con el médico para lo de la baja con el ordenador; he leído La Voz de Galicia; me he buscado a mí mismo en el Google egoístamente y salgo 374 veces, una mierda en comparación con Demi Moore; he escrito dos correos electrónicos a personas que me caen bien; he visto la tele a la vez que escuchaba la radio y escribía en el ordenador; he visto a Kevin Costner huir con un niño con cara de muñeco diabólico; he hecho planes para jugar una timba de póker en casa la semana que viene; he negociado la venta de la Vespa vieja... Y, aún así, me he aburrido de lo lindo. Echo de menos andar en moto, libre como Nani Moretti. Estoy hasta las varices.

Convalecencia, día 1 por la tarde

Jodeeer, qué largo se me va a hacer esto. Tengo que estar tumbado todo el día, levantándome únicamente para dar un paseíto de cinco minutos por casa. Después de eso, a la cama otra vez, y yo soy de los que cree que en la cama sólo se pueden hacer dos cosas, y no estoy en condiciones de hacer la que más me gusta. Caminando, parezco la viva imagen de don Manuel, dando bandazos por el pasillo y arriesgándome a que se me acerque mi madre para decirme: "Descanse un poquito, presidente". Me entretengo con el ordenador, viendo la tele, dando la tabarra a los demás o pensando. Una de las dos vendas se ha aflojado y puedo ver mi carne grapada. No creáis, no es tan desagradable, parece un piercing múltiple. Repartidas por las dos piernas, de las ingles al tobillo, tengo varias decenas de grapas metálicas. La parte más cercana a las ingles la han rematado con un bonito hilo negro. En fin, que este post no es apto para aprensivos, debí avisar antes. Igual en un rato pongo otro, cuando acabe de leer el Muy Interesante. En la foto, yo, esta misma tarde (el de la derecha, claro).