Vengo de machacarme en la bici. Con el cambio de casa han cambiado también las rutas para pedalear. Las pistas de concentración parcelaria de Teo son historia, así que ahora tengo que descubrir nuevos itinerarios en el barrio. Un santiagués de pro tiene que conocer su entorno ¿no? Ayer hice una primera incursión al Monte do Gozo, sin demasiados aspavientos, y hoy he repetido, pero con un recorrido algo más generoso e, incluso, arriesgado a ratos. Aunque los días han crecido una barbaridad, a nada que te despistes se te hace de noche dándole al pedal, cosa que ocurrió tanto ayer como hoy y por eso me he contentado con quince kilómetros, distancia modesta pero suficiente. Vi anochecer desde lo alto del Monte do Gozo y la estampa no podía ser mejor. La foto la saqué con el móvil aprovechando ya una luz natural de limosna. Mientras cogía aliento, sacaba la foto y meditaba sobre lo mucho que disfruto haciendo lo que de verdad me gusta y no lo que me mandan, un padre y un hijo hacían volar una cometa. Estos días sopla un viento del carajo, del nordeste, dicen los de MeteoGalicia. El niño tendría unos cinco años, seis todo lo más. Era menudito, con el pelo crecho y los ojos muy abiertos, como los de un gato a punto de saltar. Cuando me vio llegar, dejó de prestarle atención a la cometa y se quedó embobado mirando la bicicleta. En realidad, no sé si miraba a la bici o me miraba a mí, que parezco un astronauta del país.-"¡Que se che escapa a cometa!", le dije
-"Non, que xa a goberna meu pai", me contestó todo lleno de razón, como quien tiene un as para matar un tres.
Me encanta escuchar a los niños que, aun teniendo pocos años, dominan el vocabulario porque están bien estimulados. No soporto a los padres que se empeñan en que el niño le llame baubau al perro, pupas a las heridas y pipí a la pirola. ¡Gobernar! ¡Ahí es nada! No se puede describir con mayor precisión lo que uno debería hacer con una cometa. O la gobiernas, como una nave, o te vas a pique. Quién gobernara la vida...
-"Cando a leves ti -le dije vacilón al chaval flacucho- ten coidado e mete pedras nos petos, non vaia ser o demo que marches polo aire".
El padre lo llamó, yo seguí dando pedales y los dos se quedaron navegando el cielo compostelano. Soplaba fuerte del nordeste a eso de las 22.30, un poco tarde para un niño de seis años, pero ¿no vale la pena el exceso por algo tan estupendo como volar una cometa? Ni pleiesteision, ni geimboy, ni equisbox, ni hostias. Además, ¿quién sería capaz de "gobernar" una vídeo consola?
Una vez que las luces de Santiago brillaron más que las del cielo, di media vuelta desde la meta volante de los peregrinos de bronce y volví sobre mis pasos, quiero decir, sobre mis pedales. Cuando llegué de nuevo a la altura de la familia voladora, el padre le había dejado a su hijo el mando de la aeronave, aunque él lo asistía por detrás como un monitor de autoescuela que le pisara el embrague.
El niño me vio pasar de nuevo, me miró fijamente y, nervioso, le dijo a su padre:
-"¡Papá, papá! que dixo o señor da bicicleta que tiña que poñer pedras nos petos, que se non vou voar polo aire".
Se me escapó una sonrisa y, según emprendía el descenso, giré la cabeza para verlos de nuevo. Y, entonces, ocurrió algo grande: Papá cogió piedras del suelo y las metió en los bolsillos del pequeño gobernante. Y allá los dejé, con sus cabezas en las nubes, al padre con los pies en el suelo y al hijo lastrado en la hierba. Y no sé si me sentí más hijo o más padre; en cualquier caso, creo que un día de estos me compraré una cometa.
5 repeniques, repenica ti:
Ya contigo volamos todos la cometa, poeta.
que rapaz máis riquiño... Así daría gusto ter fillos.
Rabudo, temos que subir en bici xuntos de novo, Mondela ti e máis eu , que o boto moitirmo de menos!
Piro ó Primavera Sound! Ata o luns!
Bicos
Xenialmente poético rabudo...
Coidese ex-veciño
Xa te vexo dentro de pouco co teu fillo ás costas.
Felicidades por el post.
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