19 de mayo de 2006

Mal vasallo

Hoy he hablado con uno de esos tipos cuya experiencia debería ser una lección y no una anécdota. Es alguien que en plena juventud, con la cabeza llena de proyectos y el mundo listo para llevar, pasó por algo que hizo añicos para siempre buena parte de sus sueños. Hoy no es el mismo y nunca lo será. Ahora, después de todo aquello, se toma la vida con muchísima más calma: procura no alterarse, casi nada le enfada y vive cada día como si fuera el último. Y, sobre todo, se cuida se cuida de meter dedo propio en ojo ajeno. A su lado, mis problemas o los de alguien que tenga la salud que él echa de menos son de risa. Cuando volvía por la autopista no debaja de pensar en cómo tenemos que llegar a una situación extrema para replantearnos la vida. Escuchándolo, sintiendo las ganas de vivir que me transmitía, no pude evitar preguntarme cómo es que en el mundo hay tanta gente empeñada más en tener vasallos que en tener amigos. El poder por encima de todo, aunque haya que dejar las cunetas sembradas de cadáveres, incluso de los que un día fueron tus amigos. Nos creemos que lo importante es hacer carrera y por el camino vamos dejando las formas; pisamos callos, pisamos cabezas, tragamos mierda, vendemos motos e incluso lamemos culos, una práctica que, lo mismo que reír gracias o chupar cosas, es una manera muy efectiva de subir en el escalafón. Es curioso el poder de proyección que tienen las partes susceptibles de ser lamidas; es pasarles la lengua y ¡oye! hacia el infinito y más allá. Cualquier cosa con tal de no renunciar a una posición que, en realidad, y si uno lo piensa nada más un minuto, no es tal, sólo humo, pantalla, fogueo, bisutería. Es fácil caer en la tentación de creerse mejor que el que está por debajo, craso error. Nunca he entendido a quien se cree con el derecho de dar órdenes a otro, de dirigir la vida ajena, por eso nunca he soportado el régimen militar ni la organización jerárquica del mundo, algo que sólo acato, como el que más, cuando si no acato no como. Pero que acate no quiere decir que apruebe. Yo nunca seré buen vasallo ni aunque hubiese buen señor, más que nada porque creo firmemente en que el único buen señor es aquel que no tiene vasallos. Hoy, volviendo por la autopista, me acordé otra vez de la historia del señor Antonio, el portugués. Y volví a convencerme a mí mismo de que, en realidad, lo que importa en la vida es ser recordado ya no como una buena persona, sino como alguien que no era malo, como ése que no sabía apretar cojones y que agotó su vida sin haber jodido nunca la del prójimo. Estará bien si he conseguido dejar el mundo sin haber probado a qué demonios sabe un culo. En Galicia, la calidad de una persona suele medirse por el número de amigos que van a su entierro. Cuando los viejos te dicen, con ironía: "Ti has levar..." te están diciendo que nadie va a ver cómo entierran a un hijo de puta. Y, sin entrar en grandes análisis antropológicos, creo firmemente que algo de eso hay. Es una pena que haya gente que sólo se dé cuenta cuando ya no hay nada que hacer, cuando las orejas del lobo están tan cerca que incluso puedes ver cómo saltan las pulgas. Perdonad, es que hoy me ha dado por la metafísica...
Para los que deseen ampliar bibliografía, ahí les dejo a mi poeta de cabecera. Sí, me repito un poco, pero es que a veces es como el Red Bull, me da alas:

"...Y al cabo, nada os debo; debéisme cuanto he escrito.
A mi trabajo acudo, con mi dinero pago
el traje que me cubre y la masión que habito,
el pan que me alimenta y el lecho en donde yago.
Y cuando llegue el día del último viaje,
y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,
me encontraréis a bordo ligero de equipaje,
casi desnudo, como los hijos de la mar".

4 repeniques, repenica ti:

Anónimo dijo...

es emocionante "tu metafísica", y una verdad como una...lo que querais.
Yo siento esa sensación a menudo, y eso que me compadecen:"lo que tendrás que aguantar..."; sin embrago las personas que pasan por la experiencia de necesitar replantearse la vida por enfermedad suelen mostrar el lado más hermoso del ser humano, el menos pamplinero y retorcido. Son luminosos, aunque estén deteriorados.
a veces lo que más cansa de los trabajos , y en eso son casi todos igual, son esos pisoteos al prójimo, la competitividad entendida por "quitate tú pa ponermo yo", y el yomemiconmigo...
(el otro día me decían que la mayoria de los supuestos problemas no existirían si dejasemos de fastidiar a los demás, contar con ellos).
muy de acuerdo con lo de buena persona.
y con respcto a machado, ¿sabías que en Soría le llamaban cariñosamente Don Antonio Manchado?, tenía solamente un traje, a temporadas, y con algún lamparón.(el torpe aliño indumentario)
me resulta de lo más entrañable, porque su poesía no puede dejar indiferente a ningún español, pienso.
abrazos

siloam
(p.s: la republíca mantelas sigue a su aire, con ropa tendida a sol y ovejitas, como no :))

acedre dijo...

A verdade e que acostumamos darlle importancia a nimiedades e a vida esta a volta da esquina para darnos un tarantan e dicirnos o que paga a pena de verdade.
Un saudo.

Dan Boden dijo...

levaba quizais semanas sen visitarte, Rabudo. quédome coa Nostalxia, ese post, cos tempos compartidos, e con aquel día no que xantamos no Dezaseis -¿fora con Javier?- e despois fomos os dous a un edificio en Cacheiras aínda en obras no que mercaras un piso: lembro perfectamente que os banzos da escaleira non eran máis ca unha certa desorde de ladrillo, cemento e pó. Deume nostalxia a túa nostalxia. Ponlle que houbo algúns que, dalgún xeito, mudámonos contigo para San Lázaro estes días. E enlaza despois esta idea con estoutro post sobre a vida. E sorrí. Unha aperta. Que viva o futuro.

Oskiña dijo...

Pois eu afortunadamente non sei "a qué demonios sabe un culo", como dis. Iso si, levo catro ou cinco anos sufrindo os danos colaterais desa ¿"actitude"?, en mi caso, coido, forma de ser. Agora mesmo estou no medio dun niño de serpes, case todos "responsábeis" de algo, co beneplácito por suposto do lambido cú do xefe. O máis divertido de todo é que, ás primeiras de cambio, mórdense entre eles e eu son un espectador de primeira fila, pero á marxe. E todo por defender unhas inxustizas que se estaban a cometer non só conmigo, senón con outra xente. Pero por riba de todo por non CALAR. Pero non me arrepinto en absoluto.