19 de diciembre de 2006

Lo que la cámara no vio

Como el premio es mío y el blog también, qué mejor sitio que éste para contar algo de la trastienda del viernes pasado, de su cara B. Efectivamente, la noche del viernes fue "la noche". No es que me gusten demasiado los actos sociales, pero la cosa fue mejor de lo que me esperaba. Las cenas de entrega de premios son como las bodas; si te toca una mesa mala no tienes escapatoria. Pero me tocó una buena, con la gente del Club de Prensa de Ferrol, unos tipos estupendos. La madrina Celia, una tía solterona de mi madre, decía siempre que los hoteles no son el mejor sitio para cenar, que mejor los restaurantes. Qué razón tenía.
De todo lo que tiene que ver con este asunto del premio, hay una cosa que es la más importante para mí, por encima del resto, incluido, por supuesto, el cheque: la satisfacción que le he dado a mis padres. Sólo por eso, volvería a recoger otro premio mañana mismo.
No voy a desvelar ningún secreto de Estado acerca de cómo transcurrió la velada. Os lo podéis imaginar: políticos, responsables de medios de comunicación, señores de traje, señoras de vestido... Hola, don Pepito, hola, don José... En mi mesa, desde luego, ni se arregló el país ni nadie preguntó: ¿Qué hay de lo mío?
Aunque hay quien discrepa, no llevé corbata porque no me dio la gana, de ninguna manera me la hubiera puesto. Lo he hecho en bodas, pero nunca lo volveré a hacer en algo que tenga que ver con mi oficio. La corbata me estruja la garganta y me recuerda a los tiempos siniestros en los que me obligaron a usarla, los días en los que dejé de ser periodista para ser... un desgracidado. Un tornero fresador nunca utilizaría corbata en el torno, sería jugarse el pescuezo. Pues yo, lo mismo. La camisa negra me pareció una buena solución. Y unos vaqueros "de estrena" y una chaqueta de pana, porque mi padre siempre dice que es mejor hacerme un traje de pana que darme de comer. Sólo dos personas entre las 150 que estaban invitadas al acto no se ataron el cuello: un compañero de Televisión Española y éste que firma.
Me emocioné en el pequeño discurso, es cierto. Me había jurado a mí mismo que dominaría la situación, pero no pudo ser. El abrazo previo formaba parte del premio, y tanto que sí. A pocas personas respeto y admiro tanto como a quien me entregó la rana parida por la mano de Paco Pestana para simbolizar la comunicación. Luego, haciendo uso de la palabra, me puse en el lugar del señor Mirás y de la señora Fole, se me estrecharon los pulmones y casi tengo que pedir oxígeno para poder terminar.
Como anécdotas, tres. La primera que, cuando tuvimos que subir al escenario para hacernos la foto de familia, Fernando Ónega le dijo a Touriño: "Meta barriga, presidente, que nos sacan la foto". Al presidente no le vendría mal ser más generoso con la sonrisa.
La segunda, cuando un tipo de pelo blanco, al que conozco de vista pero no sabría ubicar, se me acercó y me señaló con el dedo. Por su cara seria, pensé que me haría algún reproche, pero no: "Tú lo mereces", me espetó. Y desapareció. Tragué saliva.
La tercera anécdota la protagonizó mi padre. Desde que le hice una entrevista al delegado del Gobierno, Pepe Mirás Domínguez, natural de Lavadores-Vigo, obrero del metal prejubilado y padre de tres herederos, siempre tuvo curiosidad por saber si Manuel Ameijeiras era hijo del señor Manolo Ameijeiras, al que él conoció de joven, supongo que en su Lavadores natal. Como yo nunca le resolví la duda, Mirás padre se ocupó personalmente, y qué mejor ocasión. Terminada la cena, y con mucha decisión -pese a que yo, erróneamente, traté de disuadirlo- mi padre buscó al hombre del bigote entre los 150 invitados. Es como Jorge Negrete, pero sin mariachis. O con mariachis sin traje de mariachi, no sé si me explico...
Una vez ante el representante de Zapatero en Galicia, sin protocolos ni parafernalias, mi padre le entró directamente, sin contemplaciones. Mi padre sí que llevaba corbata.
-E mire unha cousa, señor Ameijeiras, ¿vostede non será fillo do señor Manolo Ameijeiras de Vigo?
Ameijeiras miró a Mirás sin saber quién era el que lo interrogaba. Podía haberse hecho el importante y huir, pero no, todo lo contrario.
-Pois non, meu pai era da Estrada.
-Vaia home, eu estaba convencido de que vostede era fillo do señor Manolo, incluso garda un parecido físico.
-Pode ser que o tal señor Manolo fóra da familia.
-Pois nada logo, así saio de dúbidas. Por certo, son o pai do "artista".
Llegué al final de la conversación. El delegado del Gobierno me saludó y me dio la enhorabuena, saludó a mi padre, sonrió y se perdió entre la multitud que se hacía la encontradiza mutuamente. Hay que ver cómo son estos actos, todo el mundo toma posiciones, como en una especie de coreografía en la que nada se deja a la improvisación.
En otro frente, aproveché la felicitación de la presidenta del Parlamento para presentarle a doña Dolores Villarino a la mujer más importante de mi vida: Toñita Fole Campos, natural de Vigo, administrativa prejubilada, madre de los mismos herederos que mi padre.
-Lola, preséntoche a miña nai, viguesa tamén.
-¿Viguesa? Que ben, que se note que estamos os vigueses.
Lola Villarino, viguesa de Xinzo de Limia, provincia de Ourense, saludó atentamente a Toñita y habló con ella de sus cosas. Fue un gran momento para las dos, sobre todo para doña Dolores, que ha tenido la suerte de conocer a Toñita.
Me marché a casa realmente satisfecho con un botín nada despreciable: una rana en una bolsa; un cheque en un bolsillo; y unos padres satisfechos de los que me siento verdaderamente orgulloso. Ése sí que es un premio.
¿Lo peor? Tendría que pensarlo; no sabría decir si el solomillo o uno de traje que andaba por allí. Pero de esos dos no me acordaré cuando sea viejo. (La foto de grupo es de Conchi Paz, fotógrafa de la Xunta, publicada por El Correo Gallego).

9 repeniques, repenica ti:

Julio dijo...

A min tampouco me gustan as corbatas. Fixestes moi ben Nacho. Déronche o premio a ti, entón se te puxeras unha corbata, xa deixarías de ser un pouco ti. Ademais, o importante non deberían ser as apariencias senón o fondo, isto é, o premio e o que representa.

Doutro lado, hai satisfaccións máis boas que unha simple escultura e un talón, unha satisfacción que nin todo o ouro do mundo podería facernos olvidar: que os teus pais se sintan orgullosos de ti.

Un saúdo rabudo

macarona dijo...

Me hubiera encantado veros por un agujerito, que gran noche.
Nos vemos pronto. Besos

Marola dijo...

Que importante é a familia¡ son das cousas que descubres cos anos, e temos sorte, a túa e a miña son estupendas, nunca faltou o cariño nin a xenerosidade, cualidade que valoro cada vez máis; aquilo de "bos e xenerosos"é máis que un himno.

Miriam Louzao dijo...

Esperaba esta crónica como auga de maio... Noraboa! Non me extraña que teus pais estén orgullosos de ti. E tampouco me extraña que te emocionases se admiras tanto a Morgan. Podo imaxinalo porque sería máis ou menos a mesma sensación que tería eu se dentro duns anos me entregases ti un premio... De verdade que o mereces. Ahora a desfrutalo! Bicos!

Anónimo dijo...

Xa sabía eu que hoxe non podiamos faltar ó blog do rabudo...

Noraboa polo premio. Noraboa por non levar garabata. Noraboa porque, co teu traballo, dasnos ilusión o resto dos obreiros da información.

Anónimo dijo...

Enhorabuena, y tus padres son resalaos, no me extraña que estén orgullosos...de los hijos.

siloam

Miguel dijo...

Tu padre es un genio rabudo. Todavía me acuerdo de la historia del culo y el Varon Dandy y, te lo juro, Nacho, me sorprendo a mí mismo esbozando una sonrisa de auténtico tarado mental. Enhorabuena, pero no por lo del premio, que es lo de menos, sino por el trabajo diario y por la dignificación de una labor tan chunga como es la de informar sobre tribunales y sucesos. Algún día me gustaría intercambiar contigo opiniones acerca del asunto. Un saludo de un compañero de Diario de Pontevedra.

kate dijo...

Noraboa ós premiados. Pero eu quería ver o vídeo así que xa o estás colgando! Bicos

Mónica dijo...

Moitas felicidades e a gozar o premio.