30 de junio de 2006

Quince años

Mala cosa cuando los que nos dedicamos a esto de informar nos "señoritizamos". De contar lo que otros te cuentan a contar lo que tú mismo has visto hay una notable diferencia y, estoy convencido de que el el lector lo nota. Ya sé que las comparaciones son odiosas, pero no me resisto a colocar aquí dos ejemplos de una misma noticia contada por dos medios. En la información A, el redactor llama por teléfono a la policía, la policía le cuenta una incidencia y el periodista la escribe tal cual, sin sacarle chicha, sin mover el culo de la silla, cual funcionario que cubriera un expediente. En el ejemplo B, un servidor pone en práctica la estupenda costumbre de largarse de la redacción y de pisar la calle, y el resultado es bien diferente. Las cosas están ahí, sólo hay que ir a buscarlas. No intento con esto dar clases de nada; sólo digo que, el día que pierda interés por acudir a donde ocurren los acontecimientos, por verlos con mis propios ojos, ese día le pediré la cuenta a la empresa y me dedicaré a otra cosa. Después de estos quince años -porque todo esto viene a colación de que hoy se cumplen 15 años desde que crucé por primera vez la puerta La Voz de Galicia, en 1991- no he perdido las ganas de meterme donde no me llaman, de ir a donde nadie me espera, de complicarme incluso la vida por hurgar en sitios inconvenientes. No está mal que uno siga vibrando con su trabajo después de quince años ¿a que no? En eso soy afortunado, es cierto, contar historias, y perdonad que sea soez, me la sigue poniendo dura; erecciones naturales, sin pastillas. ¡Y además me pagan por ello! El caso es que, a partir de esta tarde, me declararé oficialmente de vacaciones. Pero seguiré atento a lo que ocurra. El martes cumpliré 35, esa edad que tiene una rima difícil. Es un buen momento para hacer balance y, la verdad, es que no me puedo quejar, incluso a pesar de los malos momentos. Buen verano, no olviden supervitaminarse y mineralizarse y, sobre todo, tengan cuidado ahí fuera. (La foto la hizo Tino Viz en 1991 cuando la delegación de La Voz estaba en la rúa do Vilar. Ahora tengo menos pelo, pero sigo mordiéndome las uñas)

26 de junio de 2006

Los de Deportes

Soy de los que cree que a un buen número de periodistas deportivos -ojo a lo de un buen número- hay que darles de comer aparte. Pero, afortunadamente, hay otros que mantienen la profesionalidad por encima de la pasión, algo a lo que nos tienen poco acostumbrados los colegas de la información que tiene que ver, básicamente, con balones, ruedas y raquetas. Programa deportivo de La SER, hace un rato. Especial Mundial de Alemania. Juan Antonio Alcalá resumía desde Hannover la rueda de prensa de Luis Aragonés. Contaba un momento en el que varios periodistas, entre ellos él, le aplaudieron al seleccionador después de que éste le diese una respuesta tajante a un informador inglés que le preguntó por aquellas informaciones relativas al famoso "negro". Por lo visto, Aragonés quiso remachar de nuevo que no es racista, habló de que tiene un amigo japonés que es sexador de pollos y, tanto debió de gustar el contragolpe verbal dedicado al hijo de la Gran Bretaña que Alcalá y otros dos se lanzaron a aplaudir su intervención. Tal gesto fue duramente recriminado, en directo, por su compañero y director del Carrusel Deportivo Paco González, un tipo que ha demostrado tener la cabeza muy bien amueblada en muchas ocasiones. González decía que un periodista no debe aplaudir, de ninguna manera, las declaraciones de un entrenador en una rueda de prensa, que debe limitarse a informar, sin tomar parte. En esto, en plena discusión, Alcalá justificándose y Paco González llamándole al orden, entra en escena Manolo Lama, que se pone de parte de Alcalá pero mucho más ultra. Lama espeta: "Es que primero somos españoles, y después periodistas". Yo, como decía en el post anterior, ya no fui nunca de vibrar con banderas y colores, y menos en la cosa del fútbol. Pero después de escuchar a Manolo Lama, me dan ganas de salir corriendo. ¿Primero qué? ¿Pero de qué va? Paco González se mantuvo en sus trece con lo de que la profesionalidad debe estar por encima de las emociones y se cerró el debate. Menos mal que en la información deportiva, entre tantos "españoles", todavía queda algún periodista.

25 de junio de 2006

Cinco días

No he tenido demasiado tiempo para contribuir a la blogosfera. Estas dos últimas semanas antes de vacaciones están siendo muy movidas, hay que dejar trabajo hecho, hay que arrelgar aquí y allá... Además, lo de tener que enseñar cada dos por tres el piso que tengo en venta me obliga a adptarme a los horarios de los particulares y de las agencias, una docena de agencias inmobiliarias que me han buscado para intermediar en una operación que, aseguran, les interesa. El poco tiempo que me sobra se va entre la aspiradora, dormir, la compra, la lavadora... en fin, todas esas cosas desagradecidas que consumen el día. Cinco días, cinco nada más para declararme oficialmente de vacaciones. Me he documentado sobre Bretaña, tengo que llenar la caravana, hacer tres caras b, escribir cinco, pensar en manos de quién dejo a los gatos, comprar cuatro cosas y ya. Así que, salvo que ocurra algo que me obligue a sentarme al teclado para contarlo, me da que no va a haber demasiada actividad en esta mi casa cibernética.
En esta última semana he incrementado las dosis de ciclismo nocturnas, que me ayudan a descargar tensión. Si me hubiera gustado el fútbol, que no es el caso, seguramente descargaría estrés con el Mundial. Pero -hoy lo comentaba entre amigos- yo nací sin el gen de la emoción de portiva: me da igual Fernando Alonso, me la trae floja la Selección Española, ni siquiera gustándome las motos me pone nada Dani Pedrosa. Soy absolutamente incapaz de emocionarme con cualquier competición deportiva, y reconozco que el fallo debe ser mío. Tanto da que sea en la tele o en directo, soy incapaz de sentir colores, camisetas, banderas y otras cosas por el estilo, así que me declaro raro. Porque uno debe de ser raro cuando ni se inmuta ante lo que le pone a la mayoría. El caso es que lo he intentado. De pequeño incluso me puse a hacer quinielas para ver si me entraba la vena futbolera. Fui en un par de ocasiones a Balaídos, no entendía que mis amigos vibrasen con el Celta y a mí me diese absolutamente lo mismo lo que ocurriera en el campo. Han pasado los años y el deporte no ha podido "facer bo de min". Disfruto muchísimo yendo en bicicleta, conduciendo la moto que me da una libertad incomprensible para quienes odian las dos ruedas, pero me confieso absolutamente limitado a la hora de comprender la exaltación por las victorias deportivas ajenas. Y ya ni hablemos de lo de idolatrar a nadie, y menos a un deportista. Pues eso, que este tipo raro está a punto de irse de vacaciones, de desconectar durante treinta días, un largo mes, de todo lo que suponga recibir órdenes, realizar cometidos, cumplir expectativas o estar a la altura. Qué gran invento las vacaciones.

22 de junio de 2006

El periodismo (libre) es un cuento

Acabo de ver y escuchar una gran entrevista, la que le ha hecho Jesús Quintero, El Loco de la Colina, a Gabilondo. Y reflexionaba Quintero sobre una cuestión sobre la que yo también medito a menudo: ¿Por qué narices en España los poderosos, los verdaderamente poderosos, no conceden entrevistas? Quintero le preguntaba a Iñaki si creía que él, el Loco de la Colina, llegaría algún día a interrogar a Polanco. Ambos sacaron la conclusión apresurada de que la cosa está difícil, de que los poderosos no quieren ser entrevistados, "precisamente para seguir siendo poderosos", argumentaba Gabilondo. Estados Unidos puede ser muchas cosas, pero nos gana por goleada en el respeto que los poderosos tienen por nosotros, los periodistas. En las ruedas de prensa a la americana se pregunta todo, se grita, se increpa al político. Cualquiera que tenga algo que decir, por mucho que mande, acaba siendo interrogado por Jay Leno, por Larry King o por Oprah. Aquí no. Aquí existe un asqueroso pacto de silencio, en el que participamos todos, según el cual hay cosas que no se preguntan; hay entrevistables que ni se tientan; al Rey ni mentarlo; cuidado con los principitos... "Eso no se dice, eso no se hace, eso no se toca..." En estos treinta años de democracia han madurado muchas cosas, pero nuestra profesión aún está verde. Y no deberíamos buscar las culpas en otros, porque los únicos responsables somos nosotros mismos, esos que abanderamos de boquilla el periodismo libre. El periodismo libre y la nómina son una aleación imposible. Ni un solo periodista asalariado es un periodista libre. La verdadera libertad, si acaso, es una quiniela de quince, la herencia de una tía soltera o un cuponazo del viernes. Hay otra manera de hacer periodismo verdaderamente libre: desde el hambre y la miseria aunque, en esas circunstancias, uno no suele ser responsable de sus actos y el mensaje corre serios riesgos de salir perjudicado. No somos libres porque somos asalariados, ni siquiera Quintero o Gabilondo lo son; si acaso, ellos tienen más posibilidades de recolocarse o de retirarse con una buena pensión. Los libres son los poderosos, esos que no salen en las entrevistas; y esos nunca son periodistas, son otra cosa.

19 de junio de 2006

La súper abuela


Hacía así como treinta años que mi madre no se subía en una moto. Pero hoy se puso el casco y se animó a venir de paquete. La llevé a dar una vuelta por San Pedro de Sárdoma y no pareció disgustarle, más bien todo lo contrario. Según íbamos tumbando en las curvas, le preguntaba yo: "¿Vas tranquila?" Y ella me respondía: "Yo me fío de ti, no de la moto". No sé, pero me da que esta vena aventurera tiene algo que ver con una noticia que tiene revolucionada mi casa desde hace una semana: la señora de la foto y su marido, Fole de apellido ella y Mirás él, usuarios de la tarjeta dorada de Renfe y pensionistas asalariados de la Seguridad Social por méritos propios, acaban de ser nominados para convertirse en abuelos y, desde que lo saben, se les ha puesto una cara de felicidad que ni que les hubiera tocado la lotería. Tranquilos, yo no tengo nada que ver. La que está dispuesta a traer un nuevo contribuyente al mundo es mi hermana, que me hará también tío en el mismo lote por primera vez. A los abuelos les recomiendo ahora lo que mi padre me aconsejaba a mí la noche de Reyes: que duerman "apurados". Mi padre tenía la teoría de que, si el cinco de enero te ibas a la cama pronto y dormías "apurado", el día seis llegaría antes y, consecuentemente, los regalos también. Me pasé la infancia durmiendo "apurado" y puedo asegurar que el sistema funciona. Así que ya pueden ponerse a roncar a pierna suelta él y ella; quizás así llegue más pronto febrero y, con el mes, la nueva generación que nos hará a todos viejos. Hay que reconocer que estamos todos la mar de contentos.

15 de junio de 2006

Mototúning

Esto es tunear la moto y lo demás son cuentos. Subía a eso de las doce y pico del mediodía por detrás del Concello de Vigo con mi colega Gustavo Rivas cuando, de repente, los cuatro ojos de los dos se nos pusieron como platos. Como soy rápido desenfundando, saqué la cámara y ahí queda, para la posteridad, la retaguardia de la Harley Davidson más increíble que haya rodado nunca por el chapapote mundial, la única que incluye una foto de la familia del dueño casi a ras de suelo. Me da que este jicho tiene una entrevista, seguro. No sé si fuchicar en el asunto. O también podría enmarcar una foto de mis gatos y colgarla en la Vespa, estoy un poco envidioso... no sé ya lo pensaré. Disfrutadla y difundidla, que merece ser conocida.

14 de junio de 2006

En obras

Estoy en obras, así que nadie se preocupe por los prodigios que se puedan obrar ;). Si alguien no ha actualizado la página o todavía entra a través de la dirección larga, que lo haga ya pulsando aquí www.rabudo.com

13 de junio de 2006

Orgulloso de ellos

Foto: Xoán A. Soler, La Voz de Galicia

Los alumnos del CPI de Bembibre, en Val do Dubra, están que se salen. Si el año pasado ganaban el primer premio del concurso de prensa escolar El País de los Estudiantes, organizado por El País, este año se han hecho con el tercero, que no está nada mal. Además, con su periódico A Chave se han llevado el premio especial del jurado en el certamen organizado por La Voz de Galicia. Quien está detrás de todo esto no es otro que Alberto Sacido, uno de esos profesores que creen en lo que hacen. Y si me siento especialmente orgulloso de Alberto y de su equipo es porque, desde hace unos años, este humilde juntaletras hace de guía cuando los de Val do Dubra visitan el periódico y, después, va encantado al instituto para darles algunos consejos, nada comparado con el ingente trabajo que hace este profesor con vocación de periodista. Luis Pardo, compañero de la Cadena Ser, entrevistó a Alberto Sacido en el programa Zona Nueva, una conversación a la que podéis acceder [aquí]. Nota para Alberto y su equipo: pulsando sobre el enlace con el botón derecho, le dais a "guardar como" y os podéis quedar con una copia. Por cierto, aunque está en mp3, pesa bastante, así que paciencia y ADSL. Lo dicho, que yo también estoy orgulloso de mis chavales.

12 de junio de 2006

En misa

El jueves por la tarde fui a misa, y no por devoción. Me encargaron cubrir un acto de confirmaciones masivas para adultos "descabalgados". La Iglesia, la Santa Madre Iglesia, la dueña de la verdad absoluta, está dispuesta a que nadie se case ante los ojos de su Dios -la descripción que de Él hacen no coincide con mía- sin haber cumplido todos y cada uno de los preceptos del buen cristiano. Me parecería bien si fueran coherentes con lo que dicen, y no es así. El Boletín Oficial del Arzobispado, cuyas siglas forman el nombre de una terrible serpiente, le hablaba claro hace unos meses a los sacerdotes de la archidiócesis: nada de cursillos rápidos para confirmar fieles, que esto no es CEAC. Sin embargo, lo del otro día era todo un ejemplo de cómo formar buenos católicos por la vía rápida, saltándose a la torera años de preparación. Es lo que tienen las religiones que todo lo perdonan, que uno puede ser el peor bicho de la Tierra que, si se arrepiente a tiempo, se sentará al lado de la Madre Teresa en el Reino de los Cielos.
Los que el jueves se pusieron en manos de monseñor para ser ungidos con el santo crisma no eran chavales de doce o trece años, no. Eran tipos de mi edad algunos, de veintitantos en el mejor de los casos, que habían acudido a recibir un sacramento del que se quedaron, como dice el BOA de enero en el capítulo dedicado a excepciones, "descabalgados". Fue todo un ejercicio de confirmaciones a discreción. Me juego el cuello a que más de la mitad de estos reafirmados católicos de urgencia -uno incluso recibió el bautismo, la primera comunión y la confirmación en el mismo acto- olvidarán rapidísimamente las obligaciones de todo buen católico. Ya no digo la de ser buenas personas, sino la de cumplir la simple obligación de ir a misa. Con su confirmación sellada, se casarán por la Iglesia, blancos e inmaculados, y bordarán el papel de impolutos contrayentes. Y será mentira en la mayoría de los casos. Todos habrán tenido sus más y sus menos sexuales con sus parejas antes de pasar por la vicaría; algunos ya se encontrarán viviendo en pecado; otros dirán que sí quieren ante un cura sólo por satisfacer a su pareja o, lo que es peor, a los padres de su pareja. Y será todo -siempre puede haber una honrosa excepción que le dé sentido a la religión- un terrible paripé fomentado y bendecido por la autoridad eclesiástica, que se conoce bastante bien a su rebaño como para ser engañada.
Escuché de nuevo, y ya hacía tiempo, una misa que me sé de memoria, al dedillo; incluso creo que, sin muchos esfuerzos y con una chuleta, yo mismo podría misar en caso de apuro. Pero, esta vez, los mensajes me sonaron más vacíos que nunca. Las parábolas, las metáforas, el vocabulario de la cristianización estaba bien traído cuando las gentes que debían ser cristianizadas eran personas analfabetas, poco o nada formadas, necesitadas de explicaciones precisas y casi infantiles si lo que uno quería era llevarlas al redil. Pero ahora no. Las iglesias están llenas de fieles, en muchos casos, mejor formados que los sacerdotes y, aún así, se les cuenta la misma historia, con el mismo vocabulario antiguo, arcaico, desfasado, de hace unos... dos mil años. Las oraciones no son más que frases hechas. ¡Nadie que piense lo que dice dice siempre lo mismo!
Como el mensaje del arzobispo me sonaba a nada, empleé el tiempo en diseccionar, mentalmente, cada una de las frases que salían de su boca. Y me encontré perífrasis inútiles, giros absurdos, todo carente del mínimo valor pedagógico en una sociedad formada.
En el mensaje prefiero no entrar, porque ya he dicho mil veces que yo no quiero saber nada de un Dios que, tal como nos los venden, es un tipo soberbio que nos perdona la vida, uno que quiere que le llamen El Señor, un hipotético ser al que le tenemos que estar dando gracias por levantarnos, por comer, por respirar, por perdonarnos la vida.
Una vez, de pequeño, le dije a una monja salesiana que Dios pecaba de soberbia desde el mismo momento que ordenaba que se le amara sobre todas las cosas. Lejos de darme una hostia, la sor se alejó moviendo la cabeza, no sé si temiendo por mi condena o, si acaso, replanteándose su futuro en cualquier otra empresa privada.
¿Pero qué me están contando? ¿Qué clase de ser es tan absolutamente ególatra como para exigir que se le adore, se le rece y se le alabe a todas las horas del día? ¡Dios tendrá más cosas que hacer que escuchar mis adulaciones!
Mi particular idea de Dios me la quedo para mí mismo porque resulta que, a lo mejor, y nos llevamos una sorpresa, igual soy yo más creyente que las beatas que se golpeaban el pecho en la ceremonia del otro día. Y puede que lo sea desde el mismo momento en que aprecio y percibo que muchos de los que llenan las iglesias católicas no se toman en serio su militancia cristiana; van como quien va al fútbol, al bar, al peluquero los viernes. Los sacramentos, como quien no tiene más remedio que cotizar a la Seguridad Social si quiere asegurarse una pensión. Y eso me indigna. Qué grande es la labor solidaria, humanitaria, incluso educadora de la Iglesia, y qué terribles llegan a ser sus discursos. ¿Por qué no se ocuparán de lo que saben hacer sin fiscalizar la vida de la gente?
Reservándome para mí mismo mi propia idea de Dios, sí que quiero que quede clara una cosa, y lo dejo escrito: ningún humano sabe más que otro de lo que nos espera cuando el cuerpo alimente gusanos. Y como, hasta donde sé, los curas carecen de cualquier poder sobrenatural, escojo libremente no creer en ese Dios perdonavidas que han intentado meterme en la cabeza sin éxito durante más de treinta años. Y dejo escrito que, el día que me toque, no quiero misas, ni sermones religiosos, ni bendiciones, ni siquiera quiero la esquela de La Voz, la cambio si acaso por una nota en las páginas de sociedad.
No necesito de la mediación de ningún humano con alzacuellos para lo que ha de venir -que, probablemente, no será nada-. Y, en caso de que haya otro lado, lo que tenga que arreglar en el más allá lo arreglaré yo mismo, no preciso de abogados de negro que quizás saben de sus leyes, pero que no tienen ni idea de Dios. Ni misas, ni curas, ni nada, insisto.
Reivindico el entierro civil o, mejor, una ceremonia de incineración en la que, si acaso, alguien que me haya querido se eche un discurso apañado, pero nada más. Ni me interesan los curas ni ese supuesto Dios de los curas que carboniza homosexuales, condena parejas de hecho, personas que se acuestan sin bendición porque se quieren o porque les apetece, gente como yo que vive en "pecado"...
No, un Dios que me ve como un tarado no me interesa, y sus representantes tampoco. Alguien me decía el otro día que va siendo hora de un nuevo Lutero, y va a ser que sí.

9 de junio de 2006

El blog sigue acatarrado

¡Por fin! Serios problemas técnicos de los que no soy responsable me han impedido meterle mano al blog, que ha permanecido tieso como un gato de escayola. Como ya estoy definitivamente harto de Blogger, estoy preparando los trastos para irme con la música a otra parte, aunque el proceso será largo. Por lo pronto, ya me he hecho con mis dos gigas de espacio web propio y, lo mismo que en una casa, estoy empezando a hacer las maletas. Es posible que en los próximos días sigan los problemas, pero confío en dejarlo todo saneado en una semana. Coloco la imagen de la derecha para mentalizarme de que, en veinte días, nosotros seremos los de la viñeta. Este año toca un poco de Sanfermines en Pamplona y un mucho de Bretaña y Las Landas, con la casa a cuestas y las bicis. Tengo que dejar tanto trabajo adelantado que me casi me da vértigo, pero confío en salir airoso del trance. Ahora me largo pitando a Vigo para hacer una entrevista y, de paso, comer comidita de mamá, que ya va tocando. Si la tecnología me deja, seguimos en contacto.

8 de junio de 2006

Gripe virtual y un vídeo de regalo

Los servidores de Blogger, donde se ubica el contenido de www.rabudo.com, han estado jodidos buena parte de la tarde y de la noche. Durante todo este tiempo se ha entrado con dificultad en la página, fue muy complicado colocar un comentario y yo me quedé literalmente capado, sin poder editar nada. Parece que vuelve a funcionar pero, por si las moscas, he tomado mis precauciones. Dejad algún comentario de vez en cuando para ver si va todo como antes o si, definitivamente, tengo que cambiarme de alojamiento virtual. Aprovecho para presentaros el vídeo más esperado: Galicia será nación, un vídeo clip tipo karaoke elaborado por Xuvecurtis.com No se ve a Edilberto cantando, pero algo es algo. Nada más por hoy, que con la desfeita de Blogger me sale el ordenador por las orejas. (Macarona, no sufras, que mañana te dedico uno bonito ;) NOTA IMPORTANTE: Los que utilicéis el Explorer para navegar, pulsad las flechas de actualizar página, o es posible que no veais buena parte del contenido. Así está el panorama. Por cierto, una última cosa. Desde hoy, y por decreto, los "redobles" de los comentarios pasan a llamarse "repeniques", por alusión a mi pasado gaiteiro. Para los profanos, definición de "repenicar": v.i. e t. 1. Soar ou toca-las campás, en especial dunha maneira rápida e viva en sinal de alegría, e por ext., aplícase tamén a outros instrumentos que emiten son de forma parecida a como o emite a campá. Hoxe repenicaron as campás porque é día de festa. // v.i. 2. fig. Conseguir que unha cousa produza sons con máis ou menos ritmo, golpeándoa con algo. Deixa de repenicar cos dedos na mesa.



7 de junio de 2006

Bicicléitor

Con el calor que está haciendo, estos días me ha dado por coger la bici bien de noche, por la fresca, el único momento de la jornada en el que una leve brisilla podría despeinar a quien tenga pelo que despeinar, y no es el caso. Y ahora que vivo en la ciudad he descubierto lo mucho que tienen de interesante los recorridos nocturnos y urbanos. Ayer fueron quince kilómetros y hoy he subido a veinte. Tengo fondo y tengo piernas, así que si no hago más es porque se me hace tarde, no hay más que ver las horas de los posts.
Lo de pedalear por la noche es una manera de patrullar la ciudad y de echar un vistazo rápido a lo que ocurre en la calle, que es mucho y variado. En el coche o en la moto no te paras en la gente. Si vas a pie te vas quedando con caras, con situaciones... pero el campo de acción es bastante limitado. Así que la bici es perfecta para descubrir las historias que esconde la noche compostelana. Hay vida, gracias a Dios, más allá de la tuna.
Ayer sufrí, por primera vez, la transformación de Rabudo en "Bicicléitor", una mutación que se apoderó de mí a raíz de un episodio que paso a relatar.
Después de esprintar por el Camiño Francés, atravesar como una flecha Concheiros y de bajar por dirección prohibida -sobre la acera- la rúa de San Pedro, enfilé la Porta do Camiño, Virxe da Cerca, Fonte de San Antonio, Senra, Alameda, Rosalía de Castro... En la rotonda de Mestre Mateo insulté a un taxista -yo me libero así cuando me las hacen, y a menudo son taxistas- giré a la izquierda por Romero Donallo y crucé a todo pedal la avenida de Ferrol hasta Conxo. Me acompañaba la noche. El regreso lo hice por el Ensanche, Montero Ríos, Hórreo y, de nuevo, Fonte de San Antonio, Virxe da Cerca -donde en su día me pegué la única hostia grave con la Vespa- y, como un campeón, el Tourmalet de la Costa das Rodas hasta llegar a San Roque, Santa Clara y Basquiños.
Estaba a punto de llegar a la Xunta y pasaba de la una de la madrugada cuando, de repente, en el portal número 9 de Pastoriza, junto a la cafetería O Parlamento, me encontré un cuerpo humano tirado en la acera. Clavé el freno, eché el pie a tierra y, efectivamente, allí estaba, cagado, meado y vomitado, un despojo humano inerte. Ahí quería ver yo a Horatio Caine.
Miré al despojo y lo llamé, pero no hubo respuesta. Entonces, el Bicicléitor que llevo dentro se apoderó de mí. Otro en mi lugar quizás habría esquivado el obstáculo como si tal cosa, pensando -no sin razón- que el escatológico cadáver no era más que el cuerpo colapsado de cualquier borrachón. Pero Bicicleitor, el de las anchas espaldas y las mallas de marcar paquete, no podía dejar en semejante tesitura a un ser humano desvalido, converitido en felpudo del edificio número 9 de la rúa de Pastoriza.
Enseguida metí la cabeza por la puerta de la cafetería O Parlamento -me da que bautizada erróneamente, porque lo que está al lado es la Xunta- y llamé la atención del dueño y de la parroquia.
-¿Habéis visto a éste de aquí fuera?
El dueño, que se preparaba para echar la persiana, contestó mientras tiraba la penúltima caña.
-Si ya, un borracho. Anduvo antes por aquí. Lo dejé sentado ahí fuera pero se ve que ha ido a peor.
Entonces no comprendí nada.
-¿Me estás diciendo que sabes que tienes en la puerta del bar a un hombre cagado, meado y vomitado y que lo dejas ahí, para que lo recoja el camión de la basura o qué tíoooooo? -la frase no es literal, pero venía a decir eso-
El del bar mal bautizado se encogió de hombros y me replicó: "Yo paso de llamar a la policía, que lo mismo me meto en un lío". Hay que joderse. Ande yo caliente...
Mientras discutía con el hostelero, pasaron sin inmutarse por delante del despojo así como seis personas. Me apuesto que alguna va a misa cada domingo. Pero nadie se paró, avanzaban como quien esquiva, en un eslalon urbano, un sembrado de cacas de perro.
Me llamó la atención un señor de pelo blanco, que hizo la vista gorda y que, cuando estaba alcanzando casi la oficina de Caixa Galicia, se dio la vuelta y preguntó, corroído por los remordimientos: "¿Está todo controlado?" Ni le respondí.
Indignado con la contestación que acababa de recibir en la cafetería, se me hincharon un poco los cojones cuando descubrí la realidad: el del bar había estado sirviéndole copas al despojo cuando todavía no lo era, siguió despachándole y cobrándole hasta que el cuerpo no pudo más y después lo echó a la calle como quien saca la basura.
Bicicleitor no podía permanecer impasible ante tamaña injusticia. De su súper traje de Bicicléitor, con un leve movimiento de muñeca sacó el bicimóvil y marcó con el dedo gordo el número de la policía local: no en vano en su doble personalidad de Clark Kent de pacotilla llamaba unas cinco veces al día al 981 54 23 23 para cumplir con su cometido de intrépido reportero del Daily Salgueiriños Planet, también conocido como La Voz de Galicia: ¿Bos días, algún accidente por aí?
Mientras marcaba, Bicicléitor se encaró con el hostelero desentendido:
-Pues si tú tienes problemas para llamar a la policía, yo no tengo ninguno. Un "¡mecagondiós!" bien colocado remachó la sentencia como un matasellos.
Ante semejante prueba de arrojo, el de la cafetería no pudo más que tragar saliva. El super oído de Bicicléitor había percibido, por lo bajini, el desafortunado comentario del tipo del bar cuando le decía a un cliente: "Éste, que vén de Robin Hood".
Bicicléitor, el Robin de los Bosques de la noche de Compostela, veló el cadáver etílico y contorsionado del despojo hasta que, un cuarto de hora más tarde, aparcó a la derecha un coche de la policía.
-"Buenas noches, agentes, los he llamado yo", dijo Biciléitor que, señalando con el dedo, orientó a los funcionarios locales en su cometido: "Ya ven qué panorama; cagado, meado y vomitado".
Uno de los policías meneó al muerto que no estaba muerto y no obtuvo respuesta, si acaso olor. Su compañero lo agitó por el otro lado, y no hubo respuesta. ¡Ah de la vida1 ¿Nadie me responde?
Se tuvieron que empeñar a fondo los patrulleros para que, como quien desfibrila un corazón, la línea de la vida del indefenso borracho cambiase su latido plano por ese pitido intermitente con el que late cualquier corazón, incluso el de las ratas.
-"¡Amigo, despierte!", dijo uno de los policías. El del bar y varios clientes seguían de cerca lo que ocurría en el número 9 de Pastoriza, vigilados muy de cerca por Bicicléitor, el apatrullador justiciero de la noche de Compostela.
-Amigoooooo!
Por fin, del fondo de la acera se escuchó una voz mareada que parecía salir directamente de la tapa de una alcantarilla.
-¡Qué pasóóóóóó! ¡Anda y que los jooodan, que yo no estoy hasiendo naaaada!
Por fin pude verle la cara al despojo. Bicicléitor, gran fisonomista, adivinó un detalle que, seguro, le había pasado desapercibido al resto de los actores de semejante escena: "¡Este borracho no es de aquí! ¿De Ecuador acaso?". Os preguntaréis cómo concluyó Bicicleitor semejante cosa. Pues por el acento que llegaba desde la tapa de la alcantarilla, por los rasgos indios que se adivinaban entre el vómito y, sobre todo, porque él mismo, el hasta entonces fardo, contestó a los requerimientos policiales que no hacían más que insistir: "¡Que soy de Buenos Aires!" Bueno, Ecuador, Buenos Aires... un fallo lo tiene cualquiera.
-"Antes de identificarle, como es mi obligación -dijo el agente con menos pelo blanco- le voy a preguntar cómo está: ¿Cómo está?"
El borracho austral, que se iba animando en la conversación, respondió: "Muy bien ¿y usted?"
-"A ver, hombre de Dios, me da que ha cargado usted un poco el carro, vamos, que lleva el carro a tope", prosiguió el policía.
-"¿Qué dice de qué carro?", le contestó el despojo, "¡Ande y no joda!"
El público que había esquivado al americano como quien esquiva una caca de perro se apelotonó a su alrededor. Siempre que hay policía, hay espectáculo. ¡Y gratis!
Bicicléitor empezó a sentir que había cumplido con su cometido, el de evitar que un ser humano se ahogase en su propio vómito o, lo que es peor, que sus trozos se los llevasen en los pies los peatones que lo pisarían antes que echarle una mano.
Avanzaba la noche cuando Bicicléitor se subió a su bici, se calzó la pedaleta y arrancó en el tercer piñón camino de casa, mientras dejaba a los polis y al pobre borracho argentino enzarzados en una profunda conversación:
-A ver, atiéndame ¿Cómo se llama? Sabe que soy policía y tengo derecho a preguntárselo
-¿Y cómo se llama usted, si no le importa?
-Pues yo me llamo Benigno
-Encantado, agente Benigno...
No sé qué ocurrió después con el despojo, si se lo llevaron a comisaría, si le aplicaron la Ley de Extranjería o si intercambió fotos con su nuevo amigo Benigno. Pero llegué a casa con la sensación de haber hecho, como Zipi y como Zape, la buena acción del día, sin entender a la gente capaz de darle un puntapié a una caca de perro de más, o menos, el tamaño de un San Bernardo.
Mañana os contaré, si estoy inspirado, el recorrido de esta noche, en el que Bicicléitor no salvó ninguna vida pero sí que descubrió la vida nocturna de los tratantes de ganado que, los martes de madrugada, pernoctan en sus camiones y hacen tiempo para la feria de los miércoles. No os podéis imaginar la alegría genital que hay a su alrededor, sobre todo entre las putas del Pombal, un barrio de Santiago donde se practica una prostitución artesana, como de charcutería.
Pero eso será mañana, porque Bicicleitor está a punto de perder sus superpoderes rendido por el sueño. Qué cansado es salvar a la humanidad. Ata mañá.
(Foto de Bicicléitor en una misión en Jaén)

2 de junio de 2006

Una lección de coherencia

Después de escuchar a David Beriain, las guerras domésticas a las que me dedico yo me parecen guerras como de catequesis, de fogueo, de poco pelo, que diría mi siempre amigo Soler. Pero mis guerras también tienen pequeñas batallitas de esas que se te quedan para siempre en la memoria, momentos irrepetibles que te sorprenden más cuanto menos te lo esperas. Esta mañana me fui, sin que nadie me mandara, a cubrir una convocatoria para la prensa que me pareció interesante. Vaya por delante que, por norma general, las previsiones periodísticas de una ciudad como Santiago de Compostela suelen estar compuestas de basura política las más de las veces, cuchipandas de pelaje variado hacia el fin de semana y, si acaso, de cuando en vez, una misa solemne para que vuele la caspa del Botafumeiro. Y poco más. Los periodistas de sucesos tenemos poco que hacer en Santiago, si acaso suspirar por que un día se cumpla esa máxima con la que bromeamos a menudo quienes nos dedicamos a informar: que se caiga, de una vez, la catedral. Mientras eso no pasa, y tampoco es que tenga yo mucho interés en que así sea, voy hurgando en lo que más juego pueda dar en el siempre complicado trabajo de llenar el periódico de historias que le interesen a alguien. Con esa premisa me planté esta mañana en el centro de educación especial de A Barcia. Resulta que la Guardia Civil, benemérito instituto, desplazó hasta el colegio lo más granado de su medios humanos y materiales: un helicóptero, una lancha de los Grupos de Actividades Subacuáticas, un par de motos de Tráfico, un todoterreno e incluso a Eric, el único guardia del equipo que tiene el rabo al final de la espalda y que, en vez de multar, ladra.
Los chavales se lo pasaron en grande. En el centro hay síndromes de Down, autistas, niños con parálisis cerebral... todo un catálogo de patologías crueles e injustas que me imposibilitan, primero, para creer en Dios y, segundo, para pensar que le importamos una mierda a cualquier ser que pudiera estar por encima de nosotros. Los chavales se lo pasaron en grande, decía, subiéndose al helicóptero, tirándole de las orejas al guardia perril -¿o será perro civil?- Eric y haciendo ruido con los aceleradores de las motos. Pero, mientras mis compañeros periodistas se ocupaban de captar la sonrisa de la mayoría, la vista se me fue, sin querer o por instinto, no lo sé, al fondo del patio. Allí, sentado sobre la raya que delimita el campo de fútbol, había un muchacho callado y con cara de fastidio que abrazaba con sus brazos sus propias rodillas y que daba una clara impresión de no disfrutar del espectáculo. Con esta vocación de abogado de causas imposibles que heredo de mi educación salesiana, allá me fui:
-"Venga", le dije, que te puedes subir al helicóptero, ya verás qué bien.
-"¡No!", me contestó
-¿Qué te ocurre, hombre? ¡Mira tus compañeros!
Pero ya ni siquiera me miró, metió la cabeza entre las piernas y siguió encerrado en su burbuja, lejos del espectáculo benemérito de la Guardia Civil. Así las cosas, dejé de insistir. Pero como pasaba el tiempo y el chaval del fondo seguía sin salir de su cueva, me acerqué a uno de los monitores y le pregunté: ¿Y a éste que le pasa? Y, entonces, el monitor me desveló el secreto: "Pues mira, resulta que este chaval, que es disminuido psíquico, se apellida Botana ¿Te suena de algo Botana?". Automáticamente, me hice cargo de la situación: "Claro -le dije- los Botana de Castiñeiro de Lobo, en Ames, la familia de delincuentes más problemática de la comarca ¡He llenado páginas y páginas con las historias judiciales de los Botana y, sobre todo, con las andanzas de su pieza clave, el terrible Fernando Botana, alias Roque, el Billy el Niño de Ames, como lo bauticé una vez".
El monitor continuó su explicación: "Pues a éste que ves aquí, lo que le pasa es que, aún a pesar de su enfermedad, no puede ver a la Guardia Civil, es algo superior a él. En una casa como la suya, donde todo el mundo ha sido detenido o lo será, un guardia es un problema y si entra uno de verde es que alguien acabará durmiendo entre rejas ¿Cómo vamos a pretender entonces que se suba en uno de sus helicópteros? ¡Eso sería como meterse en la boca del lobo!
Entonces comprendí la soledad de aquel chaval que se negaba a participar de una fiesta que no era la suya. El enemigo en casa. Lo más curioso de todo es que, a pesar de las muchas perrerías que han hecho sus tíos y sus primos, casi me solidaricé con él, y sólo porque, aún con su discapacidad, nos dio a todos una lección de coherencia: la familia es lo primero, incluso aunque tu tío sea el mismísimo Billy el Niño de Ames.

1 de junio de 2006

Beriain desde la trinchera

Esta tarde, a las 20.00, en el centro cultural Caixanova de A Coruña, conferencia de mi compañero David Beriain, reportero de guerra. Por cierto -y éste es un detalle sin importancia- de presentarlo se ocupará un tal Nacho Mirás Fole, que no sé de qué carajo me suena... Estáis todos invitados.
Podéis saber un poco por dónde fueron los tiros -foto incluida- pulsando [aquí]