Se acabó lo que se daba. Vuelvo al tajo el día de mi santo, cosa que no me preocupa porque no creo en los santos y, mucho menos, en San Ignacio de Loyola, que llevaba espada. Son las dos y veinte de la madrugada y no puedo dormir porque, entre otras cosas, los de la comisión de fiestas de ¿San Marcos? se han empeñado en tocarles las narices a todos los habitantes de Santiago. El lanzamiento de bombas de palenque de las dos de la madrugada -ayer fue a las tres- ha sido comparable a la carga artillera de una guerra parroquial. No sé si habrá saltado la alarma en la ONU, tal ha sido la descarga. Esta mañana comenzaron a las nueve, con los tradicionales 21 fogonazos que, por fuerza, te sacan de la cama aunque vivas en la parroquia de al lado, como es el caso. Después de eso, cada media hora han seguido lanzando explosivos al firmamento, por joder. Llegué a pensar que eran misiles Tomahawk. Me dan absoluto asco las bombas de palenque a deshora. No me molesta una tirada, pongamos por caso, a las doce. Pero no es humano reventar el cielo a las tres de la madrugada, a las dos, a primera hora de la mañana en un fin de semana. Si de mí dependiera, denunciaría a la comisión de fiestas, al pirotécnico y, si me pongo, al cura, que algo de culpa tendrá en los excesos para honrar al martirizado de turno. Mierda para quienes turban la paz del fin de semana, y más en nombre de un santo. Menos mal que el mes de julio me ha cundido. De lo contrario, el retorno de las próximas horas se me haría cuesta arriba.A partir del martes, este blog se convertirá en una especie de diario de campaña, en el cuaderno de bitácora de la aventura que emprenderé el martes, puro acto de servicio. Aquí contaré todo lo que no quepa en el periódico, todo lo que me aporte esta "misión" de la que, por el momento, no debo dar más detalles. Saludos a todos, incluso a quienes se empeñan en tirar pedos explosivos sobre nuestras cabezas en nombre de un santo patrón. Aporto una foto sacada el otro día en una de las playas de Bretaña, que ya son historia, una buena historia. Con semejante sombra, parezco del mismo Bilbao. A ver si la ven los pirotécnicos y se acojonan...


