5 de junio de 2007

La palleta

La última vez que me compré una palleta, las palletas salían a 250 pesetas. Pero ha cambiado el cuento, tanto el precio como la manera de adquirir el material. Para los que no sepan de qué va la cosa, la palleta es un pequeño artilugio elaborado con dos trozos de caña que abrazan un minúsculo tubito de latón, todo engarzado con una anilla del mismo material y rodeado de la mitad hacia abajo de hilo. Es un objeto extremadamente delicado, complicado de elaborar y completamente artesano. La palleta es el alma de la gaita, el corazón que le da el sonido que después uno mecanografía con los dedos sobre el punteiro. De vez en cuando, mi pasado gaiteiro -varios premios me avalan, aunque esté mal decirlo- reaparece, y lo hace sobre todo en bodas, bautizos o comuniones, lo que comunmente se llama el apartado BBC de la vida. Y como el sábado tengo boda folclórica, hoy me fui, todo lleno de razón, a comprar una palleta. Desde que me pasé a la gaita electrónica, la convencional casi ni la miro, aunque la guardo con el máximo cariño en una maleta de electricista que compré hace muchos años en El Corte Inglés. Pero como a la boda del sábado no es cosa de llevarse el ordenador y los cables, me decidí a poner a punto el instrumento con el que tan dignamente me gané la vida durante los años de la infancia, la adolescencia y la primera madurez. Así que, tralarí, tralará, allá nos fuimos, a la calle del Hórreo, a una tienda de música que está junto a esa cafetería que es a la vez cafetería y administración de loterías, todo junto.
-Buenas tardes.
-Bunas tardes.
-Quería una palleta en Do -lo de decir el tono te da más autoridad ante el dependiente-.
-Esto es lo que tenemos.
El individuo me zapateó una caja llena de palletas de varios constructores. Las miré y la mano se me fue directamente al apartado de palletas firmadas por un tal Anxo, y que me sonaban ya de mis tiempos como palletas de buena calidad.
"Cinco euros", me dijo el vendedor, así, expeditivo.
-Espere que la pruebe ¿no?.
Sin perder un segundo, me puse la palleta entre los labios secos y, sin mojarla y con el máximo cuidado, la hice sonar.
-¡Qué hace! ¡Eso no! ¡No la pruebe con la boca!
-¿Cómo dice?
Me quedé paralizado. En mis tiempos, cuando las palletas costaban 250 pelas, era obligatorio probarlas, así fuese toda la caja. Una palleta de calidad, nada más se sopla emite una especie de graznido que un gaiteiro experimentado reconoce inmediatamente. Si no hay graznido, no hay palleta. Me acuerdo de que mi maestro, el difunto Moxenas, nos prohibía comprar palletas sin probarlas. ¡Anda que no habremos intercambiado salivas los gaiteiros del mundo! Ahora que recuerdo, Moxenas también me decía aquella frase que marcó mi infancia: "¡Ai, Nachiño, cos teus anos e coa miña pirola...!" Ése era Moxenas.
-¿Cómo que no la puedo probar? -le contesté al tendero- ¿Y si no vale? ¡Usted sabe lo delicadas que son las palletas!¡Toda la vida se han probado las palletas!
-¡Pero no se la puede meter en la boca! ¡Imagínese que todos los clientes se metieran las palletas en la boca!
-¿Y cómo la pruebo? ¿Con el pensamiento? ¿Soplando con un bombín?
De repente, me invadió un poquito de mala hostia. Un gaiteiro experimentado no necesita probar media docena de palletas. Si hace sonar una y no le convence, entonces es que esa palleta no es digna de ser vendida. Siempre ha sido así.
La mujer del dependiente, que estaba a sus cosas, metió baza.
-¡Probar las palletas! ¡El colmo! También se pudo traer usted su punteiro y una boquilla.
No te jode..., y un tambolirero, un bombo y a Mercedes Peón tocando un sacho con una piedra. ¡También me podíais dejar vosotros un punteiro y una boquilla, que para eso vendéis el material!
Hay gente que gestiona un negocio de música como quien lleva una mercería. A todo esto, la mujer ni siquiera me miró, ni me dio las buenas tardes, ni nada. Me echó el rapapolvos de espaldas, mientras escribía un listado en una libreta. Estuve a punto de decirle: Y usted, cuando se compra un sujetador ¿se lo prueba en la cabeza?
Me quedé un poco cortado ante semejante chorreo, me puse nervioso y casi se me cae a suelo otra palleta que ni siquiera había probado.
Entonces pensé: "Y cuando alguien viene a comprar una trompeta ¿tampoco le dejáis soplar? ¿Hay que ponerse guantes para ver cómo suena una guitarra? ¿Y los clarinetes? ¿Cómo se prueban los clarinetes? ¿Con condón? ¿Necesito carné de manipulador de alimentos para tantear un oboe? Es que a la música le pasa como al sexo: hay humedad, se usa la boca, se usan los dedos, incluso la lengua puede ser determinante para picar una nota...
Nervioso ante aquel fulano que no dejaba de mirarme y pertrechado por la mujer que se lleva a casa los sostenes que no se prueba, pagué los cinco euros y me fui con mi palleta y con mi música a otra parte, jurando que jamás pisaré de nuevo semejante lugar. Ahora que he pagado, ya puedo chupar mi palleta todo lo que me dé la gana, y rozarla con los dedos, y humedecerla con la punta de la lengua... Es míííía... mi tesoooro... El sábado volveré a ser el gaiteiro que nunca dejé de ser. A pesar de todo.

4 repeniques, repenica ti:

Anónimo dijo...

joder que recuerdos me trae eso de la palleta,me recuerda cuando de crio aquie en pamplona,mi tio en toda reunion y ala hora de tocar un poco la humedecia,untandola en augardente,que segun el asi" tocaba mello",un saludo fandiño

banderas dijo...

Me meo, chaval... la historia es cojonuda, pero creíble 100%... y es que estamos en una sociedad higienizada en todos los aspectos. Cuando no es lo políticamente correcto es lo higiénicamente aséptico... dentro de poco no vamos a poder ni decir ¡¡¡Mierda!!!

Ex Traño dijo...

espero que al final la palleta sonase como dios manda, y que el ticket de venta reflejase el iva y que tuviese garantía y registro sanitario, que estuviese envuelta de manera individual, con su sello de esterilización sin macula..........................., y que vuelvas cualquier dia y le digas a esa gente que no tienen ni puta idea y que lles dean por donde se escomezan os cestos.... perdón perdón esto no es políticamente correcto, yo ya lo hice cuando me paso exactamente lo mismo con una armónica también en do y me toco los huevos esa estúpida maleducada que tampoco le hizo falta mirarme a la cara para cabrearme




ah y gracias por el espacio de quien quema galicia?

natalia dijo...

muy bueno, nacho, muy bueno. Me reí mucho. Ya queda lejano aquel "concurso de la palleta". A mí me pasó algo parecido con una flauta dulce de esas para el colegio.