El día que mi amiga llamó a su hermana por teléfono para pedirle socorro, el cielo de Compostela estaba encapotado. La jefa le había encargado un trabajo complicadísimo, de esos en los que uno se mete con la certeza de que difícilmente podrá salir, y el horizonte azul se presentaba marrón. La morriña navarra se presentó en ese mismo instante, las neuronas pensaron color chocolate y mi amiga sintió que necesitaba, de urgencia, el remedio medicinal de las trufas de Zucitola.
-¿María? Soy yo. No me mandarías por Seur una caja de trufas... Es que estoy con el mono.
-Esta tarde salen para ahí.
-Se me hará largo.
En la ventanilla de Seur estamparon con letras de molde el nombre de mi amiga sobre una caja cuadrada, metieron la caja en una furgoneta y la furgoneta en la autopista de Vitoria.
Mi amiga combatía el aburrimiento de una mañana de sábado friendo espárragos de la Ribera cuando llamaron a la puerta. "¡Teletrufa!", pensó. Por fin.
Tan entusiasmada estaba con la llegada del paquete que despachó al repartidor con una propina de tres euros. Cerró la puerta, cogió un cuchillo de la cocina y se dispuso a desembalar aquel maravilloso antídoto que neutralizaría el cielo venenoso de Santiago de Compostela. Pero ¡oh sorpresa! Ante sus ojos apareció, fuera de lugar como el Cardenal Rouco en una barra americana, un albarán que decía: "Prótesis mamarias modelo Darling". Mi amiga arrancó la tapa de la caja y, efectivamente, se encontró ante sus ojos con dos tetas humanas con tacto de plastilina. Al sofoco le sucedió el llanto, al llanto la desesperación y a la desesperación un atraco a la nevera, a punta de cuchillo. Por alguna extraña razón, mi amiga se echó sobre un cuarto de queso de tetilla que guardaba en una fiambrera. No dejó ni la muestra. Ahogado en queso el capricho de chocolate, mi amiga se pasó el resto de la semana pensando cómo había sido posible semejante confusión. "Y, para colmo -decía- son dos tetas izquierdas ¿qué hago yo con dos tetas izquierdas?". He leído que, en Pamplona, hay dos mujeres que acusan a un cirujano plástico de negligencia:
-Ya lo ve, señor juez. Me cobraron por las tetas de Ana Obregón y me han puesto las de la niña María Isabel, tamaño trufa ¡Una estafa!
Mi amiga acabó devolviendo a Seur las tetas izquierdas y hoy, todo aquello, es sólo agua de borraja. Eso sí... de borraja con salsa de almendras.









