28 de marzo de 2007

Valeriano

Ya, ya, que no actualizo. Pero es que entre el trabajo y otro proyecto en el que ando metido, no doy más. Este fin de semana hemos tenido fiesta en el barrio, un barrio dedicado a la memoria del único santo reanimado del que se tiene noticia. Cuentan que a San Lázaro lo reanimó Jesucristo al cuarto día de estar enterrado. Y siempre me he imaginado a Lázaro caminando por ahí con una oreja medio podrida, con un ojo fuera de la órbita... un muerto viviente del que todo el mundo preferiría escapar... más que nada por el olor. Me intriga además saber como re-murió el resucitado; deberé investigar sobre eso. Pero el caso es que las fiestas grandes del barrio no se celebran el 17 de diciembre -día asignado por la Iglesia al santo zombie- sino en marzo. Y no se le dedican al santo, sino a la parte del cerdo que en estas latitudes llaman "uña" y que en otras son "manos" o, simplemente, patas: "Peus de porc" en Catalunya. Por culpa de las uñas hemos tenido que sufrir los bombardeos de palenque hasta altas horas, incluso el lunes a eso de las 2.00 de la madrugada, hora zulú. Odio profundamente la artillería festiva y no me cabe en la cabeza que para que la fiesta sea fiesta "rachada" -que decimos aquí- haya que dinamitar el firmamento como si de las nubes fuésemos a sacar gravilla. Toda mi participación en la verbena del barrio se limitó a una incursión el domingo en una churrería situada junto a la capilla del santo podrido, un establecimiento que para mí está cargado de simbolismo y ahora explico por qué.
Yo soy un tipo puntual incluso hasta el exceso, de los que prefieren gastar los últimos cinco minutos que quedan para la hora pactada mirando escaparates a llegar siquiera un minuto tarde. Creo que es una cuestión de respeto por el otro. Si llegas tarde sin motivo, desprecias a quien te espera. No sé si soy medio alemán o medio inglés, pero lo que no soy es el gallego o el español medio. Mi reloj tiene horas y minutos, y no esa extraña configuración que utiliza buena parte de la humanidad y que divide la esfera en horas, minutos y una zona difusa que se llama "o así". Odio cuando alguien me dice: "Quedamos a las nueve y media, o así". Eso quiere decir que ganará el "o así" y que me tocará esperar por haber llegado, como llegaré, clavado a las 9.30. ¿Y qué tiene que ver esto con la churrería?, os preguntaréis. Mucho más de lo que imagináis. Mi virtud -para algunos defecto- de la puntualidad no es innata, sino adquirida, heredada. Mi padre se empeñó a fondo para que sus hijos fuesen, como él, puntuales hasta el extremo. Creo que lo consiguió más con los hombres que con la mujer pero, en general, hizo un buen trabajo. De niños, cuando había que ir a un sitio a una hora, si la cosa andaba demasiado ajustada mi padre siempre decía la misma frase: "¡Eres igual que Valeriano García Temprano, que sempre chegaba tarde!". El tal Valeriano, casi un ser mitológico en mi familia, era según dice papá, un compañero de mili que se pasó media mili arrestado porque su segundo apellido no traía aparejada la virtud de la puntualidad. Valeriano, cuenta mi padre, era el churrero de la Alameda de Santiago y el bueno del hombre, que hacía la mili en casa, tenía la difícil labor de conciliar la vida churrera y la militar, y por eso las más de las veces era llamado al orden por unos sargentos que consideraban más importante la fidelidad a la bandera del pollo que a una sartén. Cualquiera de mis hermanos sabría continuar la frase: "Eres igual que Valeriano García Temprano, que...". La figura de "Valeriano García Temprano que sempre chegaba tarde" pasó a formar parte del extenso catálogo de personajes de realismo mágico que utiliza mi padre cuando cuenta sus historias. ¡Nadie se llama Valeriano García Temprano!, decíamos mis hermanos y yo, convencidos de que papá fabulaba para facilitarnos el aprendizaje.
Hace muchos años, cuando empecé a escribir en La Voz -verano de 1991- el gran jefe Morgan me encomendó una labor: hacer un reportaje sobre el cierre de las churrerías de la Alameda. Allá me fui con los bártulos del periodista -boli, libreta y ganas- y le entré a uno de los churreros desahuciados, al que no conocía de nada.
"Buenos días, soy de La Voz -le dije. ¿Su nombre?"
-Valeriano García Temprano.
Me quedé paralizado. ¿Repita, por favor? [tragué saliva y sufrí parálisis facial]
-Valeriano García Temprano, churrero.
Se me quedó gesto de idiota. Ante mí tenía al protagonista de las clases de puntualidad de mi padre, a todo un mito, a la persona que había conseguido que sea yo el que espera por los demás. ¡Acababa de conocer a alguien que, en mi vida, había sido más importante que Chanquete! ¡Qué digo que Chanquete! ¡Más que Naranjito incluso!
-¿García Temprano? Estoooo.... ¿he oído bien? ¿Usted hizo la mili en el cuartel del Hórreo?
-Sí señor ¿Qué le sorprende tanto?
Olvidándome por completo del cierre inminente de la churrería que debería ocupar mi reportaje, seguí con lo mío.
-¿Y usted hizo la mili con un tal Mirás? [a esas alturas, el churrero debía de pensar que tenía ante él a un periodista imbécil]
-Claro, Mirás ¿no era de Vigo? Hace tantos años... ¿Tú conoces a Mirás?
-Mire si lo conozco que soy su hijo.
Entonces le conté la historia de la puntualidad, el juego que había dado su segundo apellido para que mi padre impartiese a sus herederos lecciones de civismo y de lo que antes se llamaba "urbanidad". Estuvimos hablando un rato largo y salieron a relucir otros héroes de la mili como el arquitecto Banet o el capitán Carlos Vázquez Molezún. Superada la sorpresa de conocer a alguien que pensé que ni siquiera existiría o que, si acaso, se habría perdido en el cajón de la memoria de mi padre, hablamos del cierre de la churrería, de que se avecinaban malos tiempos para la freidora y así lo conté en el periódico. Luego puse al día al soldado Mirás y el soldado Mirás se quedó impresionado.
Pasaron muchos años sin que volviera a saber de Valeriano. Pero este fin de semana lo he vuelto a ver. Desahuciado de la Alameda, García Temprano y su familia concentraron sus esfuerzos churreros en el local que está junto a la capilla de San Lázaro y cuyo rótulo, escrito en letras blancas sobre fondo azul, me recuerda cada vez que paso por delante en moto las enseñanzas cívicas de mi padre: "Churrería Temprano". Y en mi cabeza salta un engranaje automático: "Nunca llegarás tarde". El domingo me zampé los churros de Valeriano y casi mastiqué su chocolate espeso , como claras me gustan las cosas. Y eso, para mí, es casi como tomar la comunión. Y allí estaba él, a sus 63-64 años, con la cara chupada, la cabeza llena de pelo y la cara marcada de viruelas. Quién me lo iba a decir. Ahora os dejo, que no puedo llegar tarde.

22 de marzo de 2007

Mis héroes

El otro día os hablaba de la buena impresión que me he llevado de mi periplo por colegios e institutos del entorno de Santiago, a propósito de las charlas realizadas para celebrar la semana de la prensa y la escuela. Pues hoy os traigo un ejemplo de que la chavalada va a llegar mucho más lejos de lo que piensan algunos. Yo, con diez años, era todo actividad, pero era difrente: empezaba a tocar la gaita a las órdenes del maestro Moxenas; iba al conservatorio; destacaba en natación; tocaba la guitarra en la rondalla; aprendía a escribir a máquina en una Underwood de 1925 y hacía verdaderas obras de arte en marquetería con mi amigo Javier. Además, estaba locamente enamorado de una niña de nueve años -que con esas edades no era delito- y le decía a quien me preguntase que, seguramente, en el futuro, me haría veterinario, por mucho que mi madre sugiriese que mejor fuese cura porque los padres de los curas, según ella, vivían como Dios. Con diez años me peinaba hacia adelante, dormía diez horas y echaba la cuenta de los años que tendría en el año 2000: ¡Jo, 28, seré un viejo! En 1981 me importaba bastante más el barco de Chanquete que los tanques de Milans del Bosch de cabalgata por Valencia. Hoy el mundo es otro, pero la gente de diez años sigue luchando para abrirse camino. Una muestra es el blog de Lidya y Gonzalo, dos de los niños para los que hablé hace unos días en el Colegio Nuestra Señora del Rosario de Arzúa. Ellos se curran "Netos de Arzúa", página que tengo el gusto de presentar en sociedad. Desde aquí mi enhorabuena a los dos. Os deseo lo mejor.

Cazadores de votos

(Viñeta de hoy en La Voz de Galicia)

Contándolo así, sobran palabras. Felicidades, Kiko, has dado en el clavo. Ahora hay que hacerle otro al alcalde de Santiago y a los demás regidores, concejales y tiralevitas de los concejales que ya han comenzado a mendigar los votos de quienes, en justicia, no deberían votar aquí. ¿Por qué no puede decidir una inmigrante colombiana que trabaja en el servicio doméstico de Galicia desde hace diez años y sí puede hacerlo alguien que no ha pisado este país en su vida? La sangre no tiene nada que ver con la organización política de una ciudad, de un territorio, no deberían mezclarse las cosas. Da igual el partido, aquí de lo que se trata es de poner el cazo. Lamentable.

La reunión

Acabo de llegar de la segunda reunión de la comunidad de propietarios a la que pertenecemos. En la primera decidimos los cargos y me salvé: ni presidente, ni vicepresidente, ni tesorero, ni nada. Es cierto que casi me habría hecho ilusión presidir, pero no por el cargo, sino por presumir de ser el presidente de cierto fulano, pero esa es otra historia. El caso es que el de hoy era el segundo encuentro y se decidían, en primera y segunda convocatoria, cosas importantes: las normas de convivencia; el mantenimiento del ascensor; el servicio de limpieza; el seguro... Todos esos temas engorrosos que se someten a votación. El asunto fue mejor de lo que me esperaba, e incluso más rápido. No faltaron las moscas cojoneras de todas las reuniones de vecinos, por supuesto: el que sabe más que el presidente; el que cree que todo es caro; el que desconfía de lo que sale demasiado barato; y, por supuesto, ese tipo al que hay que contarle las cosas tres veces y, aún así, no está seguro de haberlas comprendido. Decía que todo fue bien hasta que llegamos a un punto. Ya hacia el final de la reunión, el administrador dijo: "Ahora tienen que votar si quieren que las actas y los comunicados se redacten en gallego o en castellano". Yo creí, iluso de mí, que eso ni se planteaba: estamos en Galicia, en gallego y se acabó. ¡Joder! Menuda se montó. Una serie de personajes empezaron, voz en grito, a exigir su derecho a ser informados en castellano. Otros, en los dos idiomas. Y un tercer grupo, entre los que me encontraba, alucinaba con el hecho de que se discutiese semejante cosa, convencidos de que el gallego es el idioma de Galicia y que, además, entienden también "os bos e xenerosos". Tanto se tensó la cuerda que tuvimos que votar. Y el resultado fue, por decirlo de alguna manera, preocupante: 14 en gallego, 13 en castellano. Hay que decir que faltaban más de la mitad de los vecinos, pero como muestra es más que representativa. Hubo incluso tensión a la hora de poner por escrito que, efectivamente, habíamos ganado los del gallego. Así que el presidente zanjó la cuestión: "Será en gallego". Pero precisó: "En principio". Quizás es que yo viví en Catalunya, un sitio donde semejante cuestión ni se plantearía. Llegué a la reunión convencido de que discutiríamos como energúmenos por ver si el seguro se contrataba con Mapfre o con Axa. Pero, qué va. ¡Discutimos por el idioma! Lo resumía muy bien una vecina que me acompañó a la salida, escaleras arriba: "Esto no es más que un ejemplo de la crispación y de la polarización que vivimos en este país". Yo no lo hubiera dicho mejor. Antes de terminar diré, por si alguien siente tentaciones en los comentarios, que este blog está redactado en castellano porque va dirigido a gente que, en bastantes casos, no tiene absolutamente nada que ver con Galicia, ni siquiera con España. Y porque me da la gana, pero eso es otra historia. En cualquier caso, por lo demás, soy el primer defensor del idioma de Galicia, incluso por encima, si me tengo que posicionar, del castellano que no corre peligro alguno ante una lengua que juega en desventaja. Y ahora polemizamos todo lo que queráis.

20 de marzo de 2007

Soy mariísta

Ya hace tiempo que creo que María Yáñez es una de las mejores articulistas que pueblan el panorama editorial gallego. Ella es el claro ejemplo de que el relevo generacional en la prensa ya se ha consolidado, y de que los opinadores de púlpito y cátedra tienen los días contados. Yo me identifico ya no con el fondo, que es posible aunque no imprescindible, sino con la forma en la que María retrata la vida. Así que recomiendo, encarecidamente, su lectura semanal en las páginas de El País. Hoy dice así:
Liberación Nacional
Sucede los viernes y los sábados. Al caer la noche, un ejército de jóvenes sale de sus casas, uniformados por Inditex. La mayoría han sido convocados por mensajes de móvil. Se arreglan, dejan ordenada la habitación, y con un beso se despiden de sus padres y de una semana de trabajo duro, estudiando para ser alguien o siendo nadie en una oficina, una caja de supermercado, un banco, un tractor. Han sido buenos chicos y, acabemos, tienen ganas de salir. Cogen el coche y se van. Comienza la lucha por el derecho a la fiesta, como cantaban los Beasty Boys, de aquellos que viven en el rural. [sigue]
P.D: Ya estoy harto de periodistas jóvenes que parecen viejos. De sangre nueva que tiene la oportunidad de publicar y, lo que hacen, es convertirse en esdrújulos prematuros, en los "persoeiros" que todavía no son. Precisamente, lo bueno que tiene María es que es joven y habla y piensa como tal, manejando las claves de los de su generación. Hay pocas cosas más odiosas que uno de estos viejos prematuros que pueblan las páginas de los medios. Sólo por eso, ya merece la pena leerla. Ahora que se habla de crisis de lectores, de que los medios bajan en ventas y no llegan a los jóvenes, la apuesta debería ser ésa: hablarle a la gente con su vocabulario, en su código, interpretando sus intereses. Y eso no lo estamos haciendo, qué va. Seguimos escribiendo para políticos, funcionarios y para otros periodistas, pero no para la gente que coge el relevo. Igual cuando nos dé por reaccionar será tarde y otros nos habrán ganado la batalla; seguramente, los medios digitales.

19 de marzo de 2007

Hoy no hay Cara B

Gracias a los que os habéis interesado en saber por qué no sale hoy en la última de La Voz mi "Cara B". No, no se ha acabado la sección -de momento y que yo sepa-. Como diría Iberia, "razones operativas" han provocado que, por primera vez en dos años, hayamos tenido que posponer la entrevista. En cualquier caso, lo dejamos en pura anécdota. Y gracias de nuevo, el próximo lunes más.

16 de marzo de 2007

Reflexiones (o cómo pasa el tiempo)

Esta semana he cambiado de profesión. O, mejor dicho, he complementado el trabajo de todos los días con la labor de conferenciante. De cercanías, pero conferenciante, a fin de cuentas. Han sido seis charlas a otros tantos grupos de estudiantes de primaria y secundaria. Empecé el lunes en el colegio Rosalía de Castro de Padrón; luego vinieron, también en Padrón, los institutos Macías o Namorado y Camilo José Cela. Y hoy he finalizado el periplo en el colegio Virgen del Rosario de Arzúa. Y sólo puedo hablar bien de la experiencia. Es cierto que me rasca la garganta, que haber hablado para unos doscientos chavales tiene un punto agotador. Pero estoy muy contento. Me he barnizado de juventud extrema, de esa adolescencia rabiosa que le devuelve a uno a los tiempos en los que todo estaba por hacer y no había nada escrito. He hablado para gente llena de ilusión y llena de futuro y me he dado cuenta -nunca lo dudé- de que la generación que viene no es la juventud apática y falta de motivación que pregonan los agoreros. Son los agoreros los que deberían preocuparse por ellos mismos, por cómo los que vienen les comerán el terreno a la que se den la vuelta. A través del programa Prensa-Escuela, organizado por la Fundación Santiago Rey, mi misión era acercar a los chavales al proceso de elaboración del periódico; contarles cómo es la vida de periodista; tratar, en lo posible, de darles algunas nociones que les puedan servir en la vida, quizás a la hora de estudiar una carrera; quizás a la hora de leer un periódico. He recibido correos electrónicos de tres de esos alumnos, mensajes de agradecimiento sincero, y ésa ha sido la mejor recompensa. Y después de contar seis veces lo mismo, he meditado mucho sobre lo que hago, cómo lo hago y por qué lo hago. Y a veces pienso, y lo pienso de verdad, que quizás ya ha sido suficiente todo lo que he escrito y que igual debería pensar en cambiar el rumbo. A veces tengo miedo a que se me escape la ilusión por el oficio. Temo que me sorprenda la desidia que sorprendió en pelotas a algunos de mis compañeros, los que ya no se empalman contando historias. Y entonces concluyo que, ya que eso todavía no ha ocurrido, quizás lo mejor para que no llegue a pasar es dejarlo así. Y escribir un punto y seguido. Siempre me ha hecho ilusión enseñar. Y me veo más como un profesor maduro que como un periodista en activo maduro. Llevo mucho tiempo pensando en que, lo que de verdad me gustaría, es escribir lo que me apetezca, sin la tiranía del espacio y del tiempo, para mí o para otros, pero decidiendo yo sin que nadie lo haga por mí. Y enseñar en colegios, en institutos, en la facultad... A veces se me cae el alma a los pies cuando veo que hay profesores que ni siquiera transmiten ganas de respirar. Otros, sin embargo, siguen peleándose para educar generaciones mejores que las suyas y lo consiguen, y eso lo he comprobado estos días en Padrón y en Arzúa. Pronto cumpliré 36 años y quizás va siendo hora de ir abriendo nuevos caminos, sin prisa, pero sin pausa. ¡Crucé la puerta de La Voz de Galicia con 19! Yo no quiero hacer carrera de poder. Cogeré la puerta antes de tener que volver a mandar sobre alguien, lo juro. Lo hice una vez porque no me quedó más remedio y aprendí una cosa: que siempre hay más remedio. Así que nunca volverá a ocurrir. Mi única intención es ser mejor en lo que hago, pero nunca me postularé ni a jefe ni, mucho menos, a director de nada. Puede llegar el día en el que se desvanezca la emoción que siento todavía ante una página de periódico en blanco, la excitación. El día en que tenga que recurrir a la pastilla azul. Y entonces me digo: "Cuidado, chaval, cuidado" ¿Será la madurez? Es posible. La foto de la derecha es del domingo pasado y me veo mayor. No viejo, pero sí mayor. El de la izquierda es aquel becario con flequillo que se comía las uñas y que aterrizó en Santiago procedente de Barcelona un día de junio de 1991. Entre las dos imágenes hay 16 años, miles de historias y millones de pulsaciones. Igual va siendo el momento de pensar en los próximos 36; de pasar página. Buen fin de semana y gracias por estar ahí.

15 de marzo de 2007

Para nostálgicos

Tres anuncios para nostálgicos en vídeo y una foto que me manda Miguel desde Diario de Pontevedra. Muchas gracias.

14 de marzo de 2007

Yo ya tengo ICE ¿Y tú?

Trascribo tal cual me llega, me parece interesante (sobre todo para los moteros).
Las ambulancias y el SAMUR se han dado cuenta de que a menudo, en los accidentes de carretera, los heridos llevan encima un teléfono movil. Sin embargo, a la hora de intervenirles, no se sabe a quién contactar de la lista interminable de números.
Nos lanzan por tanto la idea de que todo el mundo añada a su agenda del teléfono el número de la persona con la que contactar en caso de urgencia bajo el mismo pseudónimo. El seudónimo internacional es ICE (= In Case of Emergency). Bajo este número inscribiremos a la persona a la que llamarán los bomberos, policías, SAMUR, protección civil.... Cuando haya varias opciones podremos señalarlas como*ICE1, ICE2, ICE3, etc. Es sencillo, no cuesta nada y puede ayudarnos mucho! Si os parece bien, pasad este mensaje al mayor número de personas posible".

Yo ya tengo ICE.

13 de marzo de 2007

La droja en el colacao

¿Os acordáis de José Tojeiro? Sí, aquel que hablaba de las "prestitutas" y la "droja en el Colacao". Pues mira por dónde, Tojeiro era un visionario. Los de Nestlé han recuperado la idea y han sacado la versión moderna de la droja en el colacao. Se llama Nesquik Noche y tiene propiedades relajantes. Aprovecho para enlazar una vez más a un clásico de los vídeos hispanos.


AÑADIDO!!.
No os perdáis la siguiente versión de la misma historia.

9 de marzo de 2007

El Seiscientos

(Foto, Paco Rodríguez)

Lo reconozco: soy un sentimental, capaz de conmoverme con las ruinas no ya humanas, que también, sino con las de los vehículos. Tengo una sensibilidad especial para localizar cadáveres de Seiscientos y de Vespas. Ayer, "apatrullando" la ciudad en busca de una zona desde la que poder grabar como Dios manda los baches que crecen como champiñones por la Autopista del Atlántico (AP9) a su paso por Compostela, mi amigo Paco Rodríguez y yo localizamos este cadáver metálico. Un Seiscientos verde, oxidado y poblado de vegetación integrado prácticamente en la naturaleza. Entonces no pude evitar pensar en todo lo que contaría aquel coche si pudiera hablar; el día que su primer dueño lo compró, lo llevó a casa impoluto y reluciente, y provocó las miradas envidiosas de los vecinos; el primer arañazo, que le dolió al propietario como una astilla en el ojo; el primer viaje, seguramente a Ribeira, o a A Coruña, o algún sitio lo suficientemente lejano para oler el mar, pero lo bastante cerca como para pedir socorro ante un calentón del motor; la vez que se caló en la Nacional 550, delante de un puticlub al que llaman La Chabola; el día que hubo que meter a siete con calzador para llevarlos a una Primera Comunión; y aquella vez en la que, llevados el desenfreno caluroso de un mes de julio, el amo encontró en el coche el escondite perfecto para meterle mano a fondo a la que luego sería su mujer. ¡Santiago, y cierra España! Casi estoy seguro de que algún compostelano al que desconozco y que hoy tendrá mi edad fue engendrado, no creado, en los asientos de polipiel del pequeño utilitario. Cuarenta años después de todo aquello, el Seiscientos verde se va fundiendo con la naturaleza en un paraje olvidado de Santiago de Compostela. Y juro que me lo llevaría si tuviera jardín donde plantarlo, aunque sólo fuera para sembrar grelos en lo que queda de su maletero. En fin, que soy un sentimental. Por cierto, os pongo los vídeos del desastroso estado de la AP9. Alguien decía ayer, con acierto, que el verdadero navajazo, la "navallada" de la que hablaban algunos hace 25 años, no es su trazado, sino el peaje criminal que nos obligan a pagar por una autopista que es una puta mierda. Sus responsables no tienen vergüenza cuando dicen -hacen falta cojones- que no entienden "la expectación mediática que ha provocado esto de los baches". Ahí van los vídeos, grabados por Paco Rodríguez y por un servidor para La Voz de Galicia y que hablan solos. Estas eran las condiciones de las carreteras cuando el Seiscientos de la foto estaba en su mejor momento. Pero ahora, los gallegos no nos merecemos que nos traten como a gilipollas y, encima, pagando. Más de una vez me he planteado hacerme insumiso al peaje, y quizás un día lo haga.

POSDATA DEL 4 DE ABRIL: DEBIDO A QUE AUDASA SE HA DIGNADO A REPARAR LA ZONA CATASTRÓFICA, PROCEDO A RETIRAR LOS VÍDEOS DE DENUNCIA, QUE YA HAN CUMPLIDO SU FUNCIÓN. NO LES DOY LAS GRACIAS, PORQUE NO LAS MERECEN; ERA SU OBLIGACIÓN.



4 de marzo de 2007

Centro Galego de Second Life, 2.0

Después de unos meses parado, el Centro Galego de Second Life, que gestiona mi alter ego Klauss Wind, estrena su versión 2.0. A partir de ahora se convierte en un espacio más activo, que acogerá exposiciones fotográficas y proyecciones de películas. Podéis acceder a él poniendo en el buscador de SL "Centro Galego". Ahí va una imagen nueva, para que os hagáis una idea. Ahora tiene más terreno, dos plantas y terraza. Cuenta con un cómodo salón y dos pantallas gigantes. Para el relanzamiento he organizado una muestra retrospectiva de Norman Rockwell. La entrada es libre aunque, el que quiera contribuir a la subsistencia del Centro Galego, puede comprar una copia del cartel de la entrada por un precio simbólico, simplemente pulsando encima y adquiriéndolo.

2 de marzo de 2007

Viaje relámpago... al pasado

Ayer hice un viaje relámpago a Vigo. En tres horas, arrreglé la entrevista del lunes; le compré a mi ahijado una diana electrónica de dardos y un libro por su cumpleaños; mi madre me subió los bajos a dos pantalones; comí cocido con orejas caseras; me traje una fiambrera con más cocido y una bandeja con más orejas; y, encima, la empresa me pagó los kilómetros, la gasolina y los trece euros y pico que cuestan los peajes, así que viaje redondo. Por si fuera poco, me traje esta joya de foto que mi padre tenía apartada. Me acuerdo perfectamente de esta camiseta de la Pantera Rosa. Era de color amarillo y mi hermano tenía otra igual, así que parecíamos Zipi y Zape. El gorrito de grumete era rosa y creo que aún anda alguno por casa. Me he visto a mí mismo como Carlitos, de "Cuéntame". Hace más de treinta años de eso.