¡Cúbrete!
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O, si prefieres tiro al blanco...
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Y si Kevin bailaba con lobos... Yo bailo con vacas
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¡Cúbrete!
Leo cosas como éstas en la sección de Cartas al Director de La Voz de Galicia y me se me hincha la vena. El esputo -y digo esputo porque me da de lleno- dice así:
Esquecíame de facervos unha recomendación: Xeración Web, un novo medio na rede que respira aire fresco por todas partes. O fai xente que cré no que fai, e iso é moito máis do que poden dicir outros. Ao mellor, os gurús dos grandes medios de comunicación deberían de fixarse nel para saber cara a onde van as tendencias non só dos novos lectores, senón dos novos xornalistas. O salto xeneracional nos medios de comunicación é brutal e hai quen non se dá conta de que o futuro está máis no ordenador que no quiosco. Coido que o papel na prensa ten os anos contados e habería que comezar a ver máis alá. Pode que sexa unha aventura arriscada o de deixar en mans de xornalistas tan novos como ten que ser un novo medio dixital. Pero di moito dos que, desde os consellos de administración, recoñecen as súas limitacións para lidiar co novo xornalismo e prefiren deixalo nas mans xa non de quen sabe, senón de quen o está a crear. Moito me dá que Xeración pode ser unha boa pista de por onde vai o asunto. Noraboa Chexire, Elianinha e compañía, a seguir adiante.
Cada uno que piense lo que quiera, pero yo sigo creyendo que vale la pena ir a votar. Yo lo haré esta vez -dentro de una hora, o así- en el centro sociocultural de San Lázaro, este barrio del que soy vecino desde hace un año. Si lo que he visto en los últimos días de campaña es el reflejo de los resultados, entonces el Partido Popular se pegará en la capital de Galicia la hostia de su vida. El viernes asistí a las dos fiestas-mitin de las dos fuerzas más votadas en Compostela: PSOE y PP. Lo del PP fue terrible, trágico, casi diría que lamentable. Poco más de cien personas, en su mayoría gente muy mayor que, sentada en lo que un día fue la platea de la sala Capitol, aplaudía sin ton ni son las frases que se emitían desde la palestra. Pero había poca sangre, incluso diría que pocas ganas. Daba la impresión de que, como dicen los del PSOE, el candidato Conde Roa no es capaz siquiera de convencer a los suyos. No fue una fiesta-mitin, qué va. Fue una especie de acto de resginación cuyo mensaje pareciera ser: señores, hasta aquí hemos llegado; abróchense los cinturones porque el hostiazo va a ser tremendo.
Escasea la imaginación. Es evidente que tener sección propia desde marzo del 2005 y 112 entrevistas publicadas a día de hoy no te da derecho a nada. Gracias, amigos de El País Galicia, por ser tan originales. Mirad arriba, en el chiché de la sección ¿no se os hace familiar? No sé, a mí se me ocurren 5.000 alternativas diferentes sin tener que utilizar el de los compañeros. ¿O no quedamos en que éramos compañeros, por encima de quien nos pague? Y conste que por quien más me jode es por la persona que bautizó la serie que yo ejecuto, y que me merece el máximo respeto.
De todas las noticias que trae el periódico, muy por encima de la detención de la Pantoja, sin duda la más tierna y la más interesante es [ésta], al menos para mí. La foto de mi amigo Gus habla por si sola. ¿De verdad nadie se da cuenta de que a la inmensa mayoría de los lectores se la traen floja la crispación, el urbanismo y el politiqueo barato? Con historias como la de Fofiño queda claro que no todo el periodismo vive a espaldas de lo que le interesa a la gente. Estoy asqueado y harto y cansado y aburrido de periodistas que escriben para otros periodistas; para los políticos; para la camarilla de fulanos que hacen de los cargos públicos una forma de vida. He dejado de escuchar alguna emisora de radio para volver a la radio fórmula, que es mucho más sincera; Francino me aburre; si cojo un periódico el lunes, antes de meterle mano realizo una labor de artificiero: desactivo las páginas a menudo venenosas y banales de los deportes; arranco la información política interesada y precocinada -no toda, afortunadamente- ; mando al carajo las sopas de OPAS; y utilizo para limpiar los cristales del cuarto de baño las planas de publicidad de obras públicas y de inauguraciones. Y ahí tengo un problema, porque cada vez me cuesta más diferenciar si las proclamas triunfalistas de un presidente autonómico a toda página son publicidad, propaganda, información tendenciosa o, simplemente, un pasatiempo cambiado de sección. Después del escrutinio, me quedo con poca cosa: algún suceso; algún avance científico; reclamaciones vecinales siempre interesantes, sean o no justas; y, sobre todo, he convertido en lectura obligatoria las cartas al director, más abundantes en noticias de mi interés que el grueso de la agenda temática de la prensa. Por eso cuando descubro historias como la de Fofiño recupero la fe en esta profesión en la que me metí para contarle a la gente las historias que deberían interesarle a la gente, no para ser un panfletero cansino. Ah,y hay otra sección que aborrezco y que cada vez llena más papel: esa del final en la que las mujeres y cada vez más hombres se venden al peso, como las toallas en Valença do Minho; las páginas de las putas bajo las cuales se esconde la explotación más asquerosa convertida en un servicio más, con su anuncio y su reclamo, como si una mamada de pago fuera lo mismo que ponerse unas mechas. Los medios no deberían colaborar con quienes prostituyen al prójimo y aplicar luego la doble moral a la hora de denunciar a puteros y proxenetas. De todas las páginas que me sobran en los periódicos, que cada vez son más, las de las putas me hacen un daño especial. Porque hacen que, en cierto modo, me sienta culpable de esa esclavitud consentida. Por eso necesito historias como la de Fofiño y fotos como la de Gus para reconciliarme con el mundo y con la profesión.