El post de hoy se lo voy a dedicar a la familia formada por Federico Aparici, Lola Colomar y sus hijos Federico y Juan, las personas que están detrás de una iniciativa de esas que, cuando la conoces, no puedes más que sentir sana envidia y darte coscorrones mientras te preguntas: ¿Por qué no se me ocurriría a mí? A mí no se me ocurrió porque no tengo un producto que vender, ni sol, ni huertos. Y si los tuviera, quizás me faltaría arrojo. Cansados de ser exprimidos -valga la expresión- por los intermediarios, Federico y Lola decidieron un día librarse de ataduras y vender directamente al consumidor final las maravillas anaranjadas que, cada año, sin falta, maduraban en los árboles de sus huertos de Cullera. El fruto de esta aventura es Naranjas Lola, empresa pionera de venta de naranjas por Internet. Aunque quería haberlos llamado hace tiempo, un día por esto, un día por aquello, lo iba posponiendo. Pero el domingo, después de regresar de Levante, tarareando mientras veía la tele que a sus amaneceres rojos se acostumbraron mis ojos como el recodo al camino, entré en la página de Lola e hice un pedido: 15 kilos de naranjas de mesa por 33 euros, IVA y envío incluidos. A 2,20 el kilo. El lunes, a primera hora de la mañana, el propio Federico me llamó por teléfono para darme la bienvenida. Y me aseguró que, en esa misma jornada, mis naranjas serían recogidas del árbol y que el martes estarían en Santiago. Qué maravilla.-¿Y cómo te pago?, le pregunté. Me extrañó que, cuando haces el pedido, no te piden ningún dato bancario, ninguno.
-Como sabe, Ignacio, lo normal cuando se compra en Internet es que usted pague primero y reciba la mercancía después ¿Verdad?
-Verdad, Federico.-Pues aquí no, Ignacio. Mañana recibe usted las naranjas en su casa y, si le gustan, ya me las pagará.
Semejante gesto, en los tiempos que corren, me dejó perplejo. Me recordó a la tienda de Rosa y de Pepe, junto a mi casa de A Salgueira, en la que la contabilidad perdía protagonismo en beneficio de la confianza. Y esta tarde, a primera hora -tal cual según lo prometido- llegó el repartidor con la caja de quince kilos de Naranjas Lola. Leí en un reportaje que son las naranjas de toda la vida, sin conservantes, sin colorantes, completamente naturales... las naranjas de antes. ¡Qué extraño se nos hace ya encontrar cosas auténticas! Si cambiamos naranjas por personas, entonces ya no es extraño, ¡Es insólito! Pues os puedo garantizar que Federico y Lola se quedan cortos. En mi vida había probado nada semejante. Quizás fue por la novedad o porque nadamos cítricamente en la abundacia, esta tarde me he zampado cuatro. Gloria bendita. Después de probar la primera, no tardé ni cinco minutos en entrar en el banco -también a través de Internet- y pagarle a Federico los 33 euros que le debía. Como en la transferencia electrónica no podía hacer dedicatoria, sirva este post de agradecimiento sincero: por la iniciativa, por la calidad del producto, por la confianza, por la seriedad y, sobre todo, Federico y Lola, por haber metido en mi trastero los rayos del sol de Levante dentro de una caja de chopo. Un saludo cordial y, tal como pretendíais, no habéis ganado un cliente, sino un amigo. Carlos Casares, a quien admiré de vivo y venero de muerto, seguramente estaría de acuerdo en que Naranjas Lola vende las naranjas más naranjas de todas las naranjas. A tu salud, Carlos.
4 repeniques, repenica ti:
El otro día le entrevistaron en la Ser y me quedó la curiosidad de como serían esas naranjas, ahora que las has probado lo mismo me animo yo también.
besos
Hummmm que ricas. Levas razón, hoxendía compras mazáns e saben a calquera cousa menos a mazáns. Como as cousas da casa non hai nada. Unha mazán que non sabe a mazán pois mazán non é, iso fijo. Vaia, é o que penso.
A confianza, valor en perigo de extinción nunha sociedade capitalista e que busca o enriquecemento en troques do trato persoal. Non se pode definir mellor do que falo no diálogo e acordo que reproduces. É algo así, salvando as diferencias, como o apretón de mans final cando se compra un becerro no mercado de ganado de Amio (antes era o de Salgueiriños). A min encántame cando o que che está a vender algo sabe tratar a persoas e non as trata soamente como unha persoa que lle vai soltar uns cartos. O trato directo, familiar, o de toda a vida que se traduce en confianza(tan en perigo de extinción, por desgracia) que nas tendas pequenas de ultramarinos levaba a fiar ou "apuntar na libreta" aínda non hai tantos anos. Bueno, paro que senón non paro de falar, mellor dito de escribir.
Como despedida, quero darche a benvida de novo -a este mundo das pequenas grandes historias-. Eres un mago contándoas. A esencia e a forma son todo un espléndido envoltorio nestas historias coas que nos obsequias. Como o envoltorio dunha rica naranxa, xa que da cítrica fruta estamos falando.
Un saúdo, amigo
Carpe Diem
Soy cliente habitual de estos señores, he probado también con otros, pero el punto de dulzor, sabor y de presentación de estas naranjas es insuperable.
Y su "servicio de atención al cliente" es para nota, muchas empresas de postín deberían de aprender de ellos; cuando empieza la campaña, no solo te envían un correo anunciándolo, además te llaman por teléfono, y no te dicen que te quieren vender nada, primero te preguntan cómo estás y cómo está la familia... y lo que es mejor, si ven que tardas en pedir, te siguen enviando algún correo, ¡pero no te llaman!. Eso es estilo y consideración por la privacidad del cliente.
No me extraña que hayan tenido tanto éxito: tienen buen producto y son muy buenos comerciantes.
Nacho:
Hoy me han dado en el trabajo una publicidad de otra empresa que se dedica a lo mismo y mkás barato. Se llama www.lafrutaencasa.com
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