23 de noviembre de 2009

A cona que te botou

Como carezco de capacidad para inventar argumentos y estoy más rodado en contar verdades que en narrar fantasías, para dar la talla en mi profesión he aprendido a recrear fielmente la realidad de la que formo parte fijándome mucho en los protagonistas de las cosas que suceden, sin poner ni quitar nada, marinando las situaciones lo justo pero sin disfrazar los sabores. No soy un creador, sino un recreador, así que me tomo licencias literarias pero no intervengo jamás en los hechos. Por otra parte, si lo hiciera, mi despido sería procedente. El caso es que, desde hace un tiempo, siento la necesidad de poner por escrito las anotaciones que voy acumulando en la cabeza. Cuando uno lleva más de 36 años sin vaciar el pozo negro de la memoria, el temor a que un formateado repentino mande tanta sabiduría popular a tomar por el saco aumenta en proporción al riesgo de accidente cerebrovascular, efecto colateral de la vida sedentaria. Tengo miedo de que se me vayan olvidando los detalles que me forjaron como persona o que, simplemente, un día se esfumen todos juntos. Y así, aparentes tonterías a las que no le había dado mayor importancia, las cosas que, por escuchadas, fueron forjando subliminalmente mi carácter e incluso mi silueta, se me revelan hoy como bocados exquisitos de un banquete formidable. Hoy, que no tenía que ir a trabajar, aproveché que estaba en Vigo para fijarme muy bien en las cosas que me contaban mis padres, que saben más por padres que por viejos y que son multimillonarios en sentido común. El mensaje de los padres, a menudo, está tan visto que uno ya ni se para a pensar en el formato. Y el caso es que, si te detienes, si encuentras el momento, puedes descubrir en tus seres más cercanos auténticas piezas de orfebrería de la expresión. Este mediodía, mientras la castañeta blanqueaba sobre la plancha, mi padre se puso a leer el periódico. Mirás es muy de comentar las noticias en voz alta, sobre todo cuando algo "le indina" -stc*-. Y a Mirás le "indinan" muchas cosas y por eso hace de su lectura privada un diario hablado público y cargado en las tintas que ya le gustaría a san Gabilondo. De todo lo que "indina" a mi padre, lo que peor lleva es, por este orden, el Partido Popular, los curas -realmente, la doble moral de la jerarquía- y otra vez el Partido Popular. Y les tiene mote a todos sus antihéroes: Marianico, Paco Clavel, el Gaseosas, Perliescayola... A veces se altera tanto que, ahora que están cambiando la cocina, no sé si regalarle a mi madre un desfibrilador mejor que una cafetera.
Mi padre arranca tranquilo, pero enseguida se calienta, como si el periódico estuviese escrito con aguarrás. Él lee primero el titular relativo al hecho o persona que se dispone a criticar con una vehemencia digna de Agustín González. Después lo remacha con un "¡tócate los cojones Ramón!" o un "¡hijos de la gran p.....!" -alarga mucho la u y le añade el adjetivo, lo que, sin duda, transfiere a su expresión la máxima viveza y concita la atención unánime del auditorio-. Le da igual la militancia de ese auditorio. Entonces, los demás guardamos silencio y miramos de tener un enchufe a mano, por si hay que desfibrilar. Cuando por fin, colorado y tenso, cree que lo que ha leído es suficiente para que a los demás nos quede claro lo indeseables que son sus rivales -después de adobar la crónica escrita por algún compañero con un rosario de blasfemias tan exageradas que dan ganas de llamar a Dios para pedirle que no se lo tenga en cuenta-, pone fin a su pieza informativa siempre de la misma manera: "Y, bla, bla, bla, bla, bla, bla, bla, bla, bla....[aquí toma aire y para] ¡A cona que te botou!", una maldición que no sabes muy bien si va dirigida al protagonista de la noticia o al que la ha redactado con ánimo de provocarle -prefiero pensar que al primero-. Da igual si el periódico que "indina" a mi padre habla del sastre de Francisco Camps, de un cardenal de vida disipada o de esa rubia de bote de la que, dice, solo valía para ponerle puntillas al asfalto. Cuando la noticia que locuta pierde el interés, para dar por rematada la faena siempre termina de la misma forma: "Y, bla, bla, bla, bla, bla, bla, bla, bla, bla....[toma aire] ¡A cona que te botou!". Y pasa la página. Cuánto me gustaría, como hijo suyo y como redactor que soy, a veces, de las noticias que indignan a mi padre, tener la libertad de ahorrarle sofocos y poder acabar lo que escribo cuando yo creo que está todo contado y el interés se desinfla, sin que manden ni la maquetación ni los huecos que dejan los anuncios que no se venden. Creo que, más de una vez a la semana, acabaría alguna de las noticias a la manera de mi padre, que será poco ortodoxa, pero impecable en su función: "Y, bla, bla, bla, bla, bla, bla, bla, bla, bla....[gráficamente, aquí dejaría un espacio en blanco] ¡A cona que te botou!". Y además lo haría, sin duda, con todas las opciones políticas, sin quedarme solo con una como él, que es un hoolligan de la rosa y el puño, mientras que yo soy un librepensador. Lástima que los lectores nos lleven tanta libertad de ventaja. Habría que escribir más para ellos y menos para nosotros. Bla, bla, bla, bla, bla, bla...

*STC son las siglas por las que se conoce a un lector de este blog y gran amigo que me ilustra en vocabulario popular, tipo "indinar" por "indignar"
* Por respeto al público que se pudiera sentir molesto, he cambiado algunas expresiones que podían resultar ofensivas en la versión original de este post. Pido disculpas si he ofendido a alguien.

4 repeniques, repenica ti:

PMM dijo...

Genial. ¿Compartiremos el mismo padre o es que los hacen ene serie? Porque has retratado al mío tal cual. Ahora que va mayor, cada vez que lee el periódico o ve las noticias en la tele, es una situación de riesgo.

Vespadicto dijo...

Moi bo Nacho! acabas de retratar tan ben a teu pai que xa o estou imaxinando...

El gaseosas jajajaja, como mola.

cris dijo...

jajaja...qué bueno!!
en mi pueblo dicen directamente "indunar"

Julio Torres dijo...

AUTENTICO!!!!!!!!!!!!!!

Lástima que a xente non sexa da forma de pensar do teu pai, que se deixa de hipocresías e di o que pensa.

Sobre os políticos creo que non se debe de andar con contemplacións sexa do partido que sexa, e CAIGA QUIEN CAIGA.

Sobre as palabras, engado a "indinar" (que tamén a uso no meu castrapolinguaxe), permítaseme unir algunhas que lles escoito a moita xente no traballo e que son moi frecuentes (algún día teño que facer un post sobre elas): "nónima", "hernia fiscal" (a de Facenda tamén doe no bolsillo), e bla,bla,bla,bla, outras polo estilo....

Un abrazo, amigo
Carpe Diem