12 de noviembre de 2009

Tomates Lola, los tomates más tomates...

En el mes de abril de este año escribí un post en el que contaba el fantástico descubrimiento que supuso Naranjas Lola, una empresa valenciana que, cansada de intermediarios que se comen el beneficio de la tierra que trabajan otros, se lanzó a la aventura de vender su propia cosecha a través de Internet. La campaña de este año está a punto de comenzar y ya se me hace la boca agua. Incluso he reorganizado el trastero para hacerle sitio al género. A Federico Aparici y a Dolores Colomar les he jurado amor eterno desde que le metí el diente a una de sus naranjas. Es cierto, esto que escribo es un post comercial, pero movido únicamente por la satisfacción que me provocaron las naranjas más naranjas de todas las naranjas. Y lo digo yo, que vivo en la plaza de Carlos Casares y que fui al instituto que lleva su nombre. Hace unos días recibí una llamada cuando salía del médico (nada, un control de tensión rutinario, sin más). Identifiqué inmediatamente el prefijo 96 de Valencia -tengo grandes amigos en la millor terreta del món-. Era uno de los miembros de la familia Aparici-Colomar que, sin perder las buenas costumbres, antes de nada, me preguntaba por la salud colectiva de todos los que somos en casa: "Estupendamente, esperando que lleguen vuestras naranjas ¿Qué tal vosotros?", respondí. Con una cordialidad que ya difícilmente se encuentra en el comercio, los Aparici me presentaron vía teléfono su nuevo producto estrella: Los Tomates Lola. Entonces pensé: "¡Ya está, lo han vuelto a hacer! Han sacado los tomates más tomates de todos los tomates. ¿Habrán acertado otra vez?". Tengo el pabellón tomatero muy alto desde que mi amiga Mos me llena la despensa de cherrys de Carboeiro en temporada. Pero, aún así, no lo dudé. ¡Venga esos tomates! Antes de 24 horas apareció un mensajero con el envío y ahora, a las diez de la noche, acabo de meterme entre pecho y espalda una ensalada de tomate que me ha hecho saltar las lágrimas. ¿Cómo es posible que esta gente lo haga todo bien? Mojando pan en el aceite de oliva -que, por cierto, también le compro directamente a la Cooperativa Agraria Virgen de la Cabeza de Jaén- yo solo hallé la respuesta: porque le ponen amor a lo que hacen y porque le dan salida a su género con el mimo que solo pueden tener quienes se sienten orgullosos de su trabajo. Naranjas Lola es a las naranjas lo que mi padre a sus trabajos manuales, todo amor. Tomates Lola tiene por fuerza que utilizar el mismo combustible, porque el motor es el mismo. A estas alturas tengo, pues, apadrinada a Maribel, la repartidora del Círculo de Lectores; a los andaluces de Jaén, aceituneros altivos, que me aliñan las ensaladas con Liturgi Picual Oro; a Naranjas Lola y a Tomates Lola -a los que nombro proveedores oficiales de mi salud-; y si Lola Colomar le pone también su nombre a cualquier otra cosa que salga de la tierra, sería capaz de suscribirme a Zanahorias Lola, Huevos Lola y hasta a la horchata Lola. Lo dicho, que Internet es una despensa fantástica. Gracias.

1 repeniques, repenica ti:

Anónimo dijo...

Hola natxo!!!!!
En unos días hacemos nuestro primer pedido, estamos deseando probar esas naranjas.
Besos