¿Veis qué fácil es -y qué difícil a la vez- es conseguir que un hecho menor se convierta en una noticia de alcance? Me repito: no hay noticias menores, hay periodistas menores. Prefiero cien mil veces la historia del pajarito que visita una cafetería de Santiago, que publica hoy El Correo Gallego, a los puñeteros presupuestos, la puñetera crisis, el puñetero caso Gürtel o la puñeterísima Gripe A temas a los que, por otra parte, también dedica excesiva atención el diario compostenao-. Como lector -y escritor- de periódicos, procuro ejercer mi derecho a leer lo que me da la gana, por eso me salto siempre las páginas de deportes y esquivo bastante las de economía. Hoy me han ganado mis compañeros de El Correo Gallego con el caso del gorrión que alterna en un bar de la calle Santiago de Chile. Toda la historia [aquí]. Se podría escribir un cuento bonito para contarle a Ane mientras le doy el biberón. Sin embargo, ¿qué basura de cuento saldría del caso Gürtel? ¿Lo convierto en Los Tres Cerditos? (La foto está enlazada desde la web de El Correo Gallego y es de Patricia Santos).30 de septiembre de 2009
Más periodismo de las cosas pequeñas. El pajarito.
¿Veis qué fácil es -y qué difícil a la vez- es conseguir que un hecho menor se convierta en una noticia de alcance? Me repito: no hay noticias menores, hay periodistas menores. Prefiero cien mil veces la historia del pajarito que visita una cafetería de Santiago, que publica hoy El Correo Gallego, a los puñeteros presupuestos, la puñetera crisis, el puñetero caso Gürtel o la puñeterísima Gripe A temas a los que, por otra parte, también dedica excesiva atención el diario compostenao-. Como lector -y escritor- de periódicos, procuro ejercer mi derecho a leer lo que me da la gana, por eso me salto siempre las páginas de deportes y esquivo bastante las de economía. Hoy me han ganado mis compañeros de El Correo Gallego con el caso del gorrión que alterna en un bar de la calle Santiago de Chile. Toda la historia [aquí]. Se podría escribir un cuento bonito para contarle a Ane mientras le doy el biberón. Sin embargo, ¿qué basura de cuento saldría del caso Gürtel? ¿Lo convierto en Los Tres Cerditos? (La foto está enlazada desde la web de El Correo Gallego y es de Patricia Santos).
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Periodismo de las cosas pequeñas
27 de septiembre de 2009
Fandiño, promesa cumplida
Hace unos dos años, visitando las cubiertas de la catedral de Santiago, le prometí a mi amigo Roberto, navarro-gallego de A Pontenova, que un día contaría la historia de Fandiño, el sastre campanero que vivió durante más de veinte años en los tejados del templo con su familia. Con un poco de retraso, hoy cumplo la promesa. Para mi amigo Roberto, ahí va "Una familia en el tejado de la catedral".Con estos despieces:
Ni váter ni bicicleta, pero con buenas vistas
En la edición digital no se puede ver el gráfico que se ha currado para la edición de papel Manuela Mariño. Así que, abusando de la tecnología, os lo pongo aquí, porque de verdad que vale la pena. Muchas gracias, Manuela, sin tu ayuda no habría sido lo mismo. El gráfico está aquí (si picáis encima lo podéis ampliar para verlo con detalle, confío en que luzca el trabajo que nos ha dado):
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Fandiño
15 de septiembre de 2009
Periodismo vivo

No es cierto que el periodismo haya muerto. Los medios de comunicación incluyen todos los días pequeñas obras maestras de la profesión, trabajos de buenos profesionales que son, como decía Kapuściński, primero, buenas personas. No hace falta tirarse de cabeza a la CNN o al New York Times para buscar ejemplos, ya está bien de complejos; la prensa internacional no es mejor que la que se puede hacer aquí al lado, en Salgueiriños de Arriba, en el Preguntoiro o en la rúa Nova de Santiago. En la tele, el periodismo sigue vivo, como lo demostraron el otro día mi "cuñao" David Beriain y Sergio Caro con Españoles en la ratonera. Recomiendo, por cierto, [esta reflexión] de Ferrán Monegal en El Periódico y [esta otra] de J.J. Esparza en Colpisa. Beriain no nació en Atlanta, sino en Artajona. No hace falta ser yanki para hacer buen periodismo, ¡carajo!, ya está bien de complejos. Hoy escribo este post en este modesto altavoz del que dispongo porque quiero reivindicar el periodismo de los periodistas, no el de los medios ni el de los grandes grupos empresariales. Ellos no hacen periodismo, lo hacemos nosotros, desde las alcantarillas. Ellos venden lo que nosotros producimos, que no es poco trabajo, pero a cada uno lo suyo. Los medios se prostituyen continuamente -algunos periodistas también-, pero los medios se acuestan por dinero infinitamente más veces que sus trabajadores. Si en España y en Galicia se hace buena prensa, el mérito es, al cien por cien, de sus trabajdores. El soporte ha perdido importancia, incluso la solera de una cabecera ya no es garantía de nada. El New York Times no podría existir con una plantilla de becarios. El rigor y la credibilidad son méritos de la tropa, no de los mandos, por mucho que haya quien quiera apropiarse de lo que no le corresponde. Y los de la tropa somos amigos casi siempre, mientras que los medios para los que trabajamos se ponen zancadillas, se odian y se faltan al respeto. Cada vez que recogemos la mesa para siempre por voluntad propia, o porque nos obligan a hacerlo, en la mudanza nos llevamos los tesoros más preciados que nadie nos puede quitar: la famosa agenda y la credibilidad de tu apellido, de tus horas de vuelo. Y eso es como quitarle a un Ferrari un tornillo de la transmisión. Puede que el coche siga corriendo pero, por cada tornillo de menos, el riesgo de matarse será mayor. ¿Qué narices es una escudería sin pilotos? ¿Una pegatina bonita? Leo con admiración a Xosé Hermida, a Jose Precedo o a Silvia Pontevedra en El País y me conformaría con ser solo un poquito como ellos; a Taboada en el Faro, credibilidad de Soutelo de Montes. Se me ponen los pelos de punta con Manuel Jabois en el Diario de Pontevedra. Jabois, un rostro desconocido por quien profeso auténtica devoción, aunque sea virtual; me creo a piesjuntillas los informativos de Radio Galicia, y si Aida Pena, Ainhoa Apestegui o Xaime López dijesen por la mañana que el cielo se desplomará en minutos sobre nuestras cabezas, correría como un loco a buscar un casco sin molestarme siquiera en levantar la vista para comprobarlo. Respeto profundamente a Fernando Varela o a Manolo Rico en Público, que son mis hermanos mayores, y envidio la precisión quirúrgica, por ejemplo, de Ana Viqueira en la agencia EFE -siempre la puedes plagiar sin temor a que te venda-. Mis compañeros de La Voz Alberto Mahía, Serafín Lorenzo, Xosé Carreira, Xosé Manuel Cambeiro -maestro de las historias pequeñas-, Rodri García o Serxio González no firman en letras gigantes y son, sin embargo, modelos de cabecera, personas con las que intento estar a la altura. Me dejo a muchos en la lista, pero todos forman parte de mi bagaje, creo que ellos ya lo saben. Contra izquierdas, derechas, conspiranóicos y guerras de titanes a las que somos ajenos, las tripas de los medios de comunicación, nosotros, somos las mejores entrañas que pudiera tener cualquier organismo. ¡Somos el puñetero bífidus del intestino de los medios! Y si un ser no cuida sus entresijos, acabará enfermo, infectado y, finalmente, muerto. Sin embrago, los de las tripas somos casi todos amigos. Por eso nos contamos las vidas en el Facebook, nos emborrachamos juntos y nos queremos y nos invitamos a nuestras bodas o sufrimos juntos los desamores, algo que jamás harán quienes nos ordenan. ¡Cuánta soledad tiene que haber en un alto directivo! Siempre he pensado que quiero hacer carrera siendo mejor en lo que hago, no teniendo más poder. ¡Qué soledad tiene que dar el poder! No, no existe razón para el lamento: el periodismo está vivísimo y coleando en las páginas y en las ondas más cercanas, aquí al lado, en la noticia local, en la rueda de prensa del Ayuntamiento, en el reportaje de la Festa da Cabra de Conxo; en un modesto artículo de opinión en las páginas locales de La Voz. Que los medios se peleen en las alturas, en su particular y absurda guerra de las galaxias, es otra cosa, como también lo es que teóricos de tres al cuarto que no han pisado una rueda de prensa en su puta vida sienten cátedra por las esquinas sobre una profesión que desconocen. El periodismo lo hacemos nosotros, la tropa, ese ejército de obreros ilustrados del que me siento orgulloso porque me siento parte. Los medios difícilmente son independientes, eso es un privilegio exclusivo de los periodistas. Y el periodismo, de verdad, está que se sale.
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9 de septiembre de 2009
Poesía acatarrada
No sé si son los mocos, el Augmentine o el Rhinocort, el caso es que hoy tengo la tarde espiritual y romántica -la falta de oxígeno al cerebro, que es lo que tiene-. Y he escrito todas mis contribuciones al periódico de mañana mientras escuchaba las distintas versiones de una de las canciones más bonitas que se puedan escuchar en gallego (vale, compite con la versión musicada del Lela de Castelao). La letra de No niño novo do vento es de Álvaro Cunqueiro y la música de Luis Emilio Batallán.
La letra dice así:
No niño novo do vento
hai unha pomba dourada;
quen puidera namorala,
quen puidera namorala,
meu amigo.
Canta o luar e o amencer
en frauta de verde olivo;
quen puidera namorala,
quen puidera namorala,
meu amigo.
Ten ás de flor recente
cousas de recén casada;
quen puidera namorala,
quen puidera namorala,
meu amigo.
Tamén ten sombra de sombra
e andar de primeiro río
quen puidera namorala,
quen puidera namorala,
meu amigo.
Para todos los cazadores de pombas douradas que en el mundo somos y para la propia pomba dourada que un día me hizo caso, de parte de este tirador aficionado que disparó, hizo blanco y nunca se imaginó ser tan feliz.
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