10 de octubre de 2010

La espontánea (o, más bien, la ignorante atrevida)

Ocurrió este sábado en la praza do Toural de Santiago. Quedaba buena tarde, así que decidimos ir a ver uno de esos espectáculos de títeres que, dentro de la convocatoria del festival internacional Galicreques, llenan de vida unas calles en las que, de otra manera, sólo habría turistas, clero y pecadores de paso convencidos de que entrarán por la puerta falsa del más allá solo por venir acá, arrepentirse de todo y ver volar el botafumeiro. Decía que fuimos a los títeres aprovechando que el Teatro de Marionetas La Estrella, de Valencia, ponía en escena la obra Espanis Circus. Dos actores, varios personajes... incluso una simpática cabra de cartón que se tiraba pedos inflamables. Un montaje realmente divertido que tuvo a los enanos embobados más de media hora. En la parte final del espectáculo, la actriz Maite Miralles se viste de fallera y hace un monólogo ocurrente. Y la escena se adereza con música de banda y a ritmo de pasodoble. Y en medio del compás binario nos econtrábamos cuando pasó por detrás de mí una pareja, chico y chica, demasiado joven para ser adulta y con demasiado acné para ser tiernos infantes. Gente poco leída, en cualquier caso, y eso seguro por lo atrevido de su ignorancia. A los sones del pasodoble que ambientaba al teatro valenciano, la chica empezó a gritar como loca: "¡Fachas, fascistas, fachas!!!". A él también se le veía enojado, pero trató de controlar la ida de pinza de su novia. Aunque no lo consiguió. Ella se soltó del amarre de su hombre, se adentró en el público y se desgañitó ante los niños: "¡Fachas! ¡Fascistas!". El espectáculo continuó, como no podía ser de otra manera. Por suerte, la música sonaba más alta que el eructo de la espontánea. Yo pensé: "Tía, a ti te patina". ¿Que un grupo de teatro infantil de Valencia toque un pasodoble en la praza do Toural es fascismo? Fascismo es, en todo caso, lo que haces tú, interrumpiendo una obra para niños. Vaya por delante que a mí siempre me han hecho vibrar los pasodobles, por muy cañís y pintureros que sean, no menos que una sardana, un aurresku de honor, unas bulerías o la muiñeira de Chantada; la clave es que estén bien tocados, con sentimiento. Y no es el pasodoble un ritmo menos popular en Galicia que la muiñeira; decir lo contrario es no tener ni idea de música. Que se lo pregunten si no -en sentido figurado, están muertos- a Avelino Cachafeiro o al difunto de mi tío Antonio, el penúltimo de Os Peruchos de Castrelos. El problema ayer en el Toural fue, para la alterada, que el pasodoble iba acompañado del estribillo "Y viva, España". Y eso fue lo que enervó a la gritona y le amargó el paseo. Los niños del público, entre ellos mi hija, no entendieron el arrebato. De hecho, no creo ni que se dieran cuenta, tan metidos como estaban en la función. "¿Qué ha dicho? ¿Fachas?", me preguntó Gerardo Conde Roa, que estaba a mi lado. "Fachas, creo que sí, le aclaré". No iba por él, en todo caso -es el líder del PP compostelano-, sino por unos artistas libres de cualquier sospecha. Nos encogimos de hombros y seguimos a lo nuestro, yo a mi hija y al teatro y Conde Roa a su electorado. La desafinada pareja desapareció después de haber escupido al aire su rabia de pueblo colonizado y el mundo siguió girando en el sentido de las agujas del reloj. Ni siquiera hubo tiempo para informar a los sublevados de que Galicreques, que es un festival internacional, lo organiza la Asociación Barriga Verde y lo patrocina  el Concello de Santiago a través de su concejalía de Cultura, en manos del Bloque Nacionalista Galego. Qué pena; tantas energías y tan mal canalizadas. La obra Espanis Circus, por cierto, fue magnífica. Añado un enlace a la Wikipedia sobre la historia del clásico "Y viva España", tema originalmente compuesto en flamenco por los músicos belgas Leo Caerts y Leo Rozenstraten; Manolo Escobar, en todo caso, sólo hizo una versión.

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