La merienda y la cena de Ane, esta mañana en el Hoy por Hoy de Carles Francino. ¡Cómo no se me va a caer la baba!
24 de marzo de 2010
18 de marzo de 2010
Día de los papás
Llego a casa después del trabajo. Abro la puerta y Ane sale a recibirme. Me da un abrazo y me dice: "Papi, tengo una sorpresa para ti". A continuación, me entrega una cartulina envuelta con celofán. La cartulina tiene forma de coche, está pintada y tiene pegada en una ventanilla una foto de ella. En otra ventanilla, una leyenda reza: "Felicidades papá". Así como me entrega mi regalo del día del padre y yo se lo agradezco llenándola de besos, me lo quita de nuevo y dice: "Pero es una sorpresa para el día de los papás. No te la puedo dar hasta mañana". Después de eso, coloca el dibujo encima del mueble de la entrada, me coge de la mano y dice: "¿Vamos a jugar?". Así que, mañana por la mañana, volveré a poner cara de sorpresa. Es mi tercer regalo del día del padre y me hace la misma ilusión que el primero. Mi amiga Cristina me dijo una vez: "Llegará un día en el que te hagan un dibujo con lentejas y se te caerá la baba". Era cierto.
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Ane día del padre
7 de marzo de 2010
La cometa (repetición)
Esto lo escribí hace cuatro años. Lo acabo de reencontrar por casualidad. Y me ha parecido volver a ese momento. La única diferencia es que hoy soy yo el padre. Ahí va, para los que no lo leyeron en su día.
Vengo de machacarme en la bici. Con el cambio de casa han cambiado también las rutas para pedalear. Las pistas de concentración parcelaria de Teo son historia, así que ahora tengo que descubrir nuevos itinerarios en el barrio. Un santiagués de pro tiene que conocer su entorno ¿no? Ayer hice una primera incursión al Monte do Gozo, sin demasiados aspavientos, y hoy he repetido, pero con un recorrido algo más generoso e, incluso, arriesgado a ratos. Aunque los días han crecido una barbaridad, a nada que te despistes se te hace de noche dándole al pedal, cosa que ocurrió tanto ayer como hoy y por eso me he contentado con quince kilómetros, distancia modesta pero suficiente. Vi anochecer desde lo alto del Monte do Gozo y la estampa no podía ser mejor. La foto la saqué con el móvil aprovechando ya una luz natural de limosna. Mientras cogía aliento, sacaba la foto y meditaba sobre lo mucho que disfruto haciendo lo que de verdad me gusta y no lo que me mandan, un padre y un hijo hacían volar una cometa. Estos días sopla un viento del carajo, del nordeste, dicen los de MeteoGalicia. El niño tendría unos cinco años, seis todo lo más. Era menudito, con el pelo crecho y los ojos muy abiertos, como los de un gato a punto de saltar. Cuando me vio llegar, dejó de prestarle atención a la cometa y se quedó embobado mirando la bicicleta. En realidad, no sé si miraba a la bici o me miraba a mí, que parezco un astronauta del país.
-"¡Que se che escapa a cometa!", le dije
-"Non, que xa a goberna meu pai", me contestó todo lleno de razón, como quien tiene un as para matar un tres.
Me encanta escuchar a los niños que, aun teniendo pocos años, dominan el vocabulario porque están bien estimulados. No soporto a los padres que se empeñan en que el niño le llame baubau al perro, pupas a las heridas y pipí a la pirola. ¡Gobernar! ¡Ahí es nada! No se puede describir con mayor precisión lo que uno debería hacer con una cometa. O la gobiernas, como una nave, o te vas a pique. Quién gobernara la vida...
-"Cando a leves ti -le dije vacilón al chaval flacucho- ten coidado e mete pedras nos petos, non vaia ser o demo que marches polo aire".
El padre lo llamó, yo seguí dando pedales y los dos se quedaron navegando el cielo compostelano. Soplaba fuerte del nordeste a eso de las 22.30, un poco tarde para un niño de seis años, pero ¿no vale la pena el exceso por algo tan estupendo como volar una cometa? Ni pleiesteision, ni geimboy, ni equisbox, ni hostias. Además, ¿quién sería capaz de "gobernar" una vídeo consola?
Una vez que las luces de Santiago brillaron más que las del cielo, di media vuelta desde la meta volante de los peregrinos de bronce y volví sobre mis pasos, quiero decir, sobre mis pedales. Cuando llegué de nuevo a la altura de la familia voladora, el padre le había dejado a su hijo el mando de la aeronave, aunque él lo asistía por detrás como un monitor de autoescuela que le pisara el embrague.
El niño me vio pasar de nuevo, me miró fijamente y, nervioso, le dijo a su padre:
-"¡Papá, papá! que dixo o señor da bicicleta que tiña que poñer pedras nos petos, que se non vou voar polo aire".
Se me escapó una sonrisa y, según emprendía el descenso, giré la cabeza para verlos de nuevo. Y, entonces, ocurrió algo grande: Papá cogió piedras del suelo y las metió en los bolsillos del pequeño gobernante. Y allá los dejé, con sus cabezas en las nubes, al padre con los pies en el suelo y al hijo lastrado en la hierba. Y no sé si me sentí más hijo o más padre; en cualquier caso, creo que un día de estos me compraré una cometa.
La cometa
Vengo de machacarme en la bici. Con el cambio de casa han cambiado también las rutas para pedalear. Las pistas de concentración parcelaria de Teo son historia, así que ahora tengo que descubrir nuevos itinerarios en el barrio. Un santiagués de pro tiene que conocer su entorno ¿no? Ayer hice una primera incursión al Monte do Gozo, sin demasiados aspavientos, y hoy he repetido, pero con un recorrido algo más generoso e, incluso, arriesgado a ratos. Aunque los días han crecido una barbaridad, a nada que te despistes se te hace de noche dándole al pedal, cosa que ocurrió tanto ayer como hoy y por eso me he contentado con quince kilómetros, distancia modesta pero suficiente. Vi anochecer desde lo alto del Monte do Gozo y la estampa no podía ser mejor. La foto la saqué con el móvil aprovechando ya una luz natural de limosna. Mientras cogía aliento, sacaba la foto y meditaba sobre lo mucho que disfruto haciendo lo que de verdad me gusta y no lo que me mandan, un padre y un hijo hacían volar una cometa. Estos días sopla un viento del carajo, del nordeste, dicen los de MeteoGalicia. El niño tendría unos cinco años, seis todo lo más. Era menudito, con el pelo crecho y los ojos muy abiertos, como los de un gato a punto de saltar. Cuando me vio llegar, dejó de prestarle atención a la cometa y se quedó embobado mirando la bicicleta. En realidad, no sé si miraba a la bici o me miraba a mí, que parezco un astronauta del país.-"¡Que se che escapa a cometa!", le dije
-"Non, que xa a goberna meu pai", me contestó todo lleno de razón, como quien tiene un as para matar un tres.
Me encanta escuchar a los niños que, aun teniendo pocos años, dominan el vocabulario porque están bien estimulados. No soporto a los padres que se empeñan en que el niño le llame baubau al perro, pupas a las heridas y pipí a la pirola. ¡Gobernar! ¡Ahí es nada! No se puede describir con mayor precisión lo que uno debería hacer con una cometa. O la gobiernas, como una nave, o te vas a pique. Quién gobernara la vida...
-"Cando a leves ti -le dije vacilón al chaval flacucho- ten coidado e mete pedras nos petos, non vaia ser o demo que marches polo aire".
El padre lo llamó, yo seguí dando pedales y los dos se quedaron navegando el cielo compostelano. Soplaba fuerte del nordeste a eso de las 22.30, un poco tarde para un niño de seis años, pero ¿no vale la pena el exceso por algo tan estupendo como volar una cometa? Ni pleiesteision, ni geimboy, ni equisbox, ni hostias. Además, ¿quién sería capaz de "gobernar" una vídeo consola?
Una vez que las luces de Santiago brillaron más que las del cielo, di media vuelta desde la meta volante de los peregrinos de bronce y volví sobre mis pasos, quiero decir, sobre mis pedales. Cuando llegué de nuevo a la altura de la familia voladora, el padre le había dejado a su hijo el mando de la aeronave, aunque él lo asistía por detrás como un monitor de autoescuela que le pisara el embrague.
El niño me vio pasar de nuevo, me miró fijamente y, nervioso, le dijo a su padre:
-"¡Papá, papá! que dixo o señor da bicicleta que tiña que poñer pedras nos petos, que se non vou voar polo aire".
Se me escapó una sonrisa y, según emprendía el descenso, giré la cabeza para verlos de nuevo. Y, entonces, ocurrió algo grande: Papá cogió piedras del suelo y las metió en los bolsillos del pequeño gobernante. Y allá los dejé, con sus cabezas en las nubes, al padre con los pies en el suelo y al hijo lastrado en la hierba. Y no sé si me sentí más hijo o más padre; en cualquier caso, creo que un día de estos me compraré una cometa.
3 de marzo de 2010
Táctica
-Te paso a tu hija, que te quiere decir algo.
-Vale.
-¡¡Papi,papi!!! He hecho pis en el orinal. (Semejante vocabulario y semejantes conjugaciones me dejan desconcertado).
-¿Sí cariño? ¡Qué bien! ¡Como los niños mayores! ¡Qué alegría! [Estamos en el complicado proceso de controlar los esfínteres, así que la alegría por semejante avance es inmensa].
-Y he roto el cuento de los tres cerditos.
-¿Cómo que has roto un cuento? ¿Los cuentos se rompen?
-No.
-¿Y por que lo has roto?
-Porque quería. Adiós, papi, ven pronto. Un beso. Muaaaac
Morajela: Si das primero la noticia buena y después la mala, neutralizas al contrario y lo dejas sin reflejos. Y si encima se lo dices por teléfono y le cuelgas en el momento adecuado, el éxito está asegurado. Hasta una niña de dos años lo sabe. Conmigo le ha dado resultado.
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Ane,
dos años y cuatro meses
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