28 de enero de 2011

Feliz cumpleaños

Mi padre nació dos veces. La abuela Pura lo parió en la maternidad de Teis un 28 de enero de 1943, tal día como hoy, pero en el registro civil lo anotaron al día siguiente. Antes se hacían esas cosas; el alumbramiento de un pobre era algo poco trascendente a efectos registrales. Así que, desde siempre, mi padre celebra su cumpleaños los dos días, el 28 y el 29. Como yo, Mirás es el hijo del medio, el segundo, el que está un poco en tierra de nadie. Con un padre comunista, represaliado en días alternos hasta que la espichó Chuco, Pepiño las pasó putas durante su infancia en el Sobreiro, una de las aldeas satélite de esa conurbación a la que llamaban La Rusia Chica: Lavadores,  nido de rojos y municipio independiente hasta el 41, el año del hambre. Mi padre es de Vigo, pues, por dos años. Pepe nació en plena Guerra Mundial, catorce días después de que Churchill y Roosevelt decidieran en Casablanca que igual no era mala cosa desembarcar en Sicilia y empezar a plantarle cara a Benito y , por extensión, a Fito: la Operación Husky. El mismo año que se publicó "El Principito". Mi padre cumple 68 y eso quiere decir que ya ha sobrevivido en edad a mi abuelo, al que se comió el tabaco con sesenta pelados, y casi también a su madre, que centralizaba el rezo familiar y se murió de un infarto por no molestar. Siempre me ha inquietado la idea de llegar a cumplir más años que tu propio padre. Verte reflejado y descubrir que tienes más arrugas que el último recuerdo que tienes del hombre que te dio la vida... Como diría Ane: "¡Qué impresión!". Una vez, mi padre me explicó que, cada vez que se afeita, el espejo le devuelve la imagen del tío Alfonso, el hermano de la abuela Pura. Alfonso Domínguez Vázquez, atleta y antiguo empleado de La Belga y tan conocido en Vigo y alrededores que lo apodaban "O Célebre". El sobrino de O Célebre cumple hoy 68 años y eso es un acontecimiento. Mi hija lo ha felicitado por teléfono esta mañana mientras mojaba Campurrianas en leche y yo he tenido que tragar saliva y carraspear para recomponerme. Creo que el mejor regalo que he podido hacerle son los nietos. Un día del 2002, después de una sobremesa en A Salgueira y sin venir a cuento, Mirás dio un golpe en la mesa y dijo que se negaba a morirse sin tener nietos. Y lo dijo en serio, mirando cómo sus hijos treintañeros desperdiciaban su fertilidad. Pues ya tiene tres y un cuarto en camino por la parte de Ramón Nieto. Ahora que estoy rozando los cuarenta, cuando me afeito veo reflejados a veces, en el espejo, los rasgos familiares del hombre del que salí; tanto los físicos como el ímpetu y, hay que decirlo, la mala hostia. Y tampoco me gustaría morirme sin tener nietos, qué coño Feliz cumpleaños, papá, y que cumplamos muchos más.

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