5 de abril de 2011

Gracias a todos -y a la difunta mosca-

Gracias a todos los que, por un canal u otro, me habéis hecho llegar vuestras felicitaciones. Por si todavía hay alguien que se quedara con las ganas de leer el asunto de la mosca -el ser que primero fue huevo, luego larva, luego pupa, luego mosca, luego cadáver y luego iPad- ahí va. Gracias también a la gente de Círculo de Lectores, que me han hecho recuperar la fe en los concursos. En el fondo, lo que siempre he querido es publicar un libro con todas estas cosas que ya están escritas, convenientemente editadas y encuadernadas. Pero no sabría ni por dónde empezar. Así que lanzo embotellado mi mensaje a este océano digital, no vaya a ser que despierte el interés de algún navegante.Ya saben: se escribe la vida, se toca la gaita, se cuelgan cortinas. Razón, aquí.

De un manotazo
Premio Círculo de Lectores de Microrrelato
Nacho Mirás Fole

Reparé en lo que había hecho una vez que ella yacía en el suelo, cadáver. En una décima de segundo destrocé su genética perfecta, su aerodinámica inimitable y su visión compuesta como se destrozan las cosas, sin pensar en las consecuencias. Machado le dedica un poema a las de su especie y yo, que soy un ignorante, la asesino sin contemplaciones. Minutos antes, ajena a todo, revoloteaba incansable sobre mi cabeza y se posaba encima del bruto de una entrevista con la conselleira de Traballo; descansaba sobre un sumario. Qué digo un sumario. ¡Un sumario secreto!; defecaba puntitos negros sobre la guía oficial del Colegio de Abogados, se cagaba en el Ilustre Colegio de Abogados. Se burlaba de mi compañero Cambeiro, incapaz de matar a una de ellas. Y de vez en cuando, desafiante, se atrevía incluso a hacerme cosquillas con sus asquerosas y perfectas patitas sobre la nariz, a recordarme que tengo los pelos de la cabeza como perlas, escasos. Pensaría ella en la cena, en el fin de semana, en su puta vida díptera, yo que sé. Igual estaba preñada. Supongo que el golpe de mi mano izquierda tuvo el mismo efecto que si a mí se me cayera encima un polígono industrial, el monte de la Guía, el estadio de Balaídos o todo Matamá. No creo que notase nada si eso pasase, me deformaría y me apagaría al instante, seguro, pero no sentiría dolor. No puede haber dolor cuando lo que provoca el dolor es un millón de veces mayor que el que lo sufre; no hay medida de las cosas y, si no hay medida de las cosas, no hay. Y ese es el último consuelo que me queda, que ese ser perfecto y pululante cambiase de la vida a la muerte, del on al off, sin sufrir ni darse cuenta, eclipsado por un big bang zurdo. Con sus alas deformadas, cabeza, tórax y abdomen catastróficos, con su espiráculo delantero arruinado, como el escudo de una Vespa machacada por la proa del Remolcanosa, la cogí con la punta de los dedos y le di sepultura en la papelera, a ella que fue huevo, larva, pupa, mosca y, esta tarde, cadáver porque se cruzó conmigo. Guardé un minuto de silencio, regresé al trabajo y juré no volver a matar a una de ellas. Soy un tipo peligroso; un asesino de moscas, pero me estoy quitando.

3 repeniques, repenica ti:

Alberto dijo...

Felicidades, hábil artesano do decir cotidiano [a rima non foi querendo], dunha cotidianeidade moscosa da que eu, de momento, non penso quitarme. O que fas habitualmente sobre o papel ou sobre os uns e os zeros da maxia dixital ten moito do espíritu de Larra ou de Quevedo e non necesariamente necesita tapas duras. O que si ven como dios é o Ipad2.
A disfrutalo!

A Lareira Máxica dijo...

Acabo de enterarme: NORABOA!!!!!!!!!!!!!!!!! O que vale, vale e o resto son contos!!!

Un saúdo amigo from Sanxenxo

Josiane dijo...

Felicidades, premio merecido. Original relato.